Yo no soy esa

Doña Cuaresma

15 de enero 2024 - 06:00

Me dijeron ayer, al salir de misa de la iglesia de San Antonio, que un coro de Carnaval se había disfrazado de Doña Cuaresma. Una alarma saltó en mi interior: no es posible que uno de estos grupúsculos se haya atrevido a ridiculizar a quien es, modestia aparte, catalizadora de la moral, atalaya del buen gusto, reducto de la elegancia de esta ciudad chabacana, cateta y ordinaria entregada a una horda de hombres disfrazados y malolientes (y cada vez más mujeres, válgame Dios) que en su vida han visto un tarro de Azur de Puig, Otelo o Brummel. Subí a casa angustiada para abrir el Diario por el centro (cosa que casi nunca hago) y ver el suplemento que dedica al Carnaval, en un exceso de atención a esta fiesta mamarracha. Tengo que decir que, de primeras, el nombre del coro me agradó: La dama de Cádiz. Evocador. Qué tiempos aquellos de pulcritud y buen hacer en las señoras de Pinillos o de Aramburu. Qué Cádiz ese de señorío, que se perdió para siempre. Luego me pareció grotesco ver a esos tipos (alguno de ellos con carrera) vestidos de señoronas para justificar no sé qué defensa de la mujer gaditana. Y ya me mató leer que habían cantado algo sobre unos leggins (¿se escribe así?) ajustados y que se les marcaba “la piera barco”. Ahí supe que no estaban, ni mucho menos, homenajeando a una servidora. Sigo vistiendo enaguas para preservar mi virtud. Todo lo más atrevido que me he puesto ha sido una bajera que me compré en 1973 en Almacenes Barcelona.

stats