El único lado salvaje

Balance de la fase clasificatoria

Los tipos de animales han protagonizado la fase preliminar del Concurso que, sin embargo, pierde garra cada año

Comparsa 'OBDC. Animals!'  Foto: Jesus Marin
Comparsa 'OBDC. Animals!' Foto: Jesus Marin
Tamara García

29 de enero 2013 - 01:00

Cebras, leopardos, leones (muchos leones), gatos, grillos, aparición estelar de un elefante, caracoles... La fauna ha inspirado a los carnavaleros que este año se decidieron a participar en el Concurso Oficial de Agrupaciones Carnavalescas. Así, hemos visto desfilar por las tablas desde bestias procedentes de lo más profundo de la jungla hasta a animales de compañía, incluso, alguno de verdad como el perro que se paseó por la escena del Falla con la chirigota de 'Los recortaos'. Y es que el hombre saca su perfil salvaje en el Concurso. Eso sí, eliminando muy dignas excepciones, el lado fiera sólo queda en el tipo.

No es cuestión de ser estricto (el cronómetro del jurado es quien no ha tenido piedad este año), ni de vilipendiar un Concurso que es orgullo de nuestra ciudad. Este balance vira por otros derroteros. Este balance es una crítica a la pérdida de la espontaneidad y la frescura, a ese lado salvaje, tanto en lo bueno como en lo malo, que siempre ha distinguido a la fase preliminar del certamen. Este balance es, si se quiere, una petición de riesgo y de valentía. Mucho más fácil, claro está, para el que se presenta sin nada que perder. Pero extensible a todos.

Como bien dijo Adela del Moral en un artículo publicado en este Diario del Carnaval, la fase preliminar es algo así como una exposición. Y en este primer vistazo lo que hemos observado es mucha obra seriada. Muchas imitaciones, demasiadas, en estilo, en música, en maneras de escribir y de interpretar. ¿Que ha pasado toda la vida?... No estoy tan de acuerdo. Ahora nos llegan grupos de diferentes lugares, los copleros tienen también diferentes formaciones, intereses, tenemos el mundo a golpe de un click... Ahora es más fácil ser diferente, distinguirse, apostar por algo distinto aunque respetando el sentir y la esencia del Carnaval. De hecho, es como se avanza, es como se gana, es como se disfruta y se hace disfrutar. Ya existe un Juan Carlos, ya existe un Tino, un Bienvenido, un Martín, unos Márquez Mateo, un Quiñones, ya existe un Love, un Selu, un Canijo, un Pastrana, un Pardo, un Morera, un Gago... (y otros tantos punteros, que no se me enfade nadie). Sin embargo, en preliminares vemos día tras día sucedáneos de estas agrupaciones.

La capacidad de sorpresa sólo se reserva a tipos y escenografías. De hecho, en este sentido, los grupos sí han sabido entender que había que dar un salto adelante debido a la intervención, cada vez con más peso en nuestra sociedad, de la imagen. Lo han entendido, interiorizado y aplicado con soltura. Logradísimas puestas en escena y tipos ocurrentes intentan, a veces, encubrir débiles repertorios.

Otra característica de nuestro mundo, la inmediatez, la rapidez, también ha sido asimilada perfectamente por los concursantes. Así, se premian las coplas que hacen referencia a cualquier suceso acaecido en el teatro un día o dos antes o, incluso, en la misma sesión en la que toca actuar. Se agradece, claro, el esfuerzo pero me parece que no hay que llegar hasta el punto de sacrificar una pieza en pro de esa inmediatez.

Sin embargo, la característica más pura del Carnaval, su sentido último, la transgresión, se va diluyendo en el Concurso, falto de nuevos autores con nuevas ideas y estilos propios. ¿Existen? Germán García, Jonathan Pérez, Rubén Vargas, Francisco Javier García, Moisés Camacho, Juan Luis Vargas, Miguel Ángel Moreno, Lucía Pardo... Pueden gustar o no. Pueden traer cosas con más o menos pegada pero hacen su camino en busca de su propio sello más allá del bulevar de los nombres de los grandes. Ellos, los que se atreven a explorar lo desconocido, lo salvaje, hacen grande la preliminar.

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