La opinión de Pepe Mata: Cádiz y Sevilla más allá del ruido

Pepe Mata

Cádiz, 08 de febrero 2026 - 14:21

Hay quien sigue empeñado en levantar muros donde nunca los hubo, en sembrar desconfianza entre dos ciudades y dos provincias que, si uno se detiene a mirar con honestidad, tienen infinitamente más en común que motivos reales para la confrontación.

Porque si algo define a Andalucía es ese aire de familia que comparten sus ciudades. Y dentro de esa semejanza, Cádiz y Sevilla, Sevilla y Cádiz, se reconocen como dos hermanas que se pican, se ironizan… pero se entienden. Se parecen más de lo que algunos quieren admitir.

Por eso cabe hacerse una pregunta necesaria:

¿Es justo cargar sobre todos los gaditanos la responsabilidad de unas letras hirientes contra Sevilla? ¿Tiene sentido culpar a toda una ciudad porque unos pocos se empeñen en alimentar un localismo anti sevillano sin fundamento? Conviene además no olvidar que la inmensa mayoría de esas letras nacen del pique gaditano, del ingenio y la carga irónica de siempre, muy lejos de cualquier ánimo ofensivo. La respuesta es evidente: no.

Y, sin embargo, se lanzan mensajes que pretenden hacer creer que en Cádiz no se quiere a Sevilla, que los sevillanos no son bienvenidos. Cádiz no es eso. Cádiz, en su inmensa mayoría, no piensa ni siente así. Del mismo modo, conviene formular la pregunta en sentido contrario.

¿Tienen culpa todos los sevillanos de que algunos muestren reticencias, por ejemplo, a la presencia de Rosario de Cádiz en Sevilla?

¿Sería lógico concluir, por esas voces aisladas, que Sevilla no la quiere o no la valora?

Naturalmente que no. La realidad es bien distinta: la mayoría de Sevilla admira y respeta a Rosario de Cádiz con la misma intensidad con la que Cádiz aprecia al pueblo sevillano, a sus agrupaciones y a su manera de sentir.

Esa lógica se repite en todo. En Sevilla, miles eligen cada año las playas de Cádiz porque allí se sienten en casa.

Eso es lo real. Lo demás es ruido. Ruido exagerado, amplificado por quienes viven mejor del enfrentamiento que del entendimiento.

Porque, al final, la realidad siempre se impone. Cádiz y Sevilla no viven de espaldas. Nunca lo han hecho. Se miran, se cruzan, se reconocen desde hace siglos. Comparten acento, carácter y una forma muy parecida de sentir lo nuestro. No se puede hablar de odio donde hay respeto. Ni juzgar a ciudades enteras por la voz de unos pocos. Cádiz no deja de ser Cádiz por querer a Sevilla. Sevilla no pierde nada por abrirle los brazos a Cádiz. Al contrario: se engrandecen. La mayoría de Cádiz quiere a Sevilla y la mayoría de Sevilla quiere a Cádiz.

Lo demás no es ciudad. No representa a nadie.

Es solo ruido.

Y el ruido, por mucho que se empeñe, nunca podrá tapar la verdad de dos pueblos que se siguen reconociendo en lo esencial.

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