Esta gente son unos varas
Doña Cuaresma
Cada mañana, mientras me tomo mi menta poleo y mi rondeña tras el rezo de Maitines, reviso este diario y caigo en la tentación de asomarme a la información sobre la lacra carnavalera, porque ya se sabe que para combatir al enemigo hay que conocerle. Eso sí, después de leer corro a confesarme a San Antonio y pedir perdón a San Judas Tadeo. Y esta vez me he reído a carcajadas (Dios me perdone esta diabólica extravagancia), pero es que son tan cómicos estos burdos comparsistas y tan torpes los gobernantes... al parecer no hay otro problema en Cádiz que la rotura de la dichosa Vara 4 del escenario del Falla. No saben ni cuidar sus cosas, qué bárbaros. Para una cosa que tienen que hacer todo un año, tener el teatro listo (qué pena de mi Falla), ni eso son capaces de prever. Que aprendan de cómo cuidan sus varas los cofrades. Repujadas en los Talleres de Villarreal, plateadas, con ese brillo que deslumbra en las calles por Semana Santa. Para eso están los jóvenes capillitas las noches de Cuaresma en las casas de hermandad, afanados con el Sidol y sus buenos paños también de Villarreal, pero de San Antonio, en Portugal. Cuidan sus varas y sus varillas, como tiene que ser. Mientras, los carnavaleros están dando la vara todo el año durante décadas. Ojalá se rompan las varas 1, 2 y 3 y se suspenda esta eterna fiestecita de fin de curso. Y se arreglen ya para la programación cultural y el pregón de la Semana Santa. Varas, que sois unos varas.
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