Un estandarte pagano
Doña Cuaresma
A mi edad, la vista no me responde como cuando era una mocita y era capaz de hilvanar en un segundo una aguja para surcir calcetines con un huevo de madera. Así que mis ojos, estos ojos que han visto tantas procesiones magnas, tantos Corpus Christi y tantas salidas de la Virgen del Carmen, me juegan malas pasadas. Ayer mismo me ocurrió cuando reparé en la portada de este Diario del Carnaval. Había un comparsista vestido de marinero (muy original) portando un estandarte. Y dije para mí: ya está, es un homenaje a cuando aquel heroico cura de La Palma hizo retroceder el maremoto de 1755. Pero me acomodé las gafas en la punta de la nariz y me llevé una decepción: no era un estandarte religioso, sino uno hecho con especies marinas. Ya decía yo. Luego, mi amiga Sagrario me dijo por teléfono que haciendo zapping le pareció ver que esos sucedáneos de sopranos estaban rezando, pero que en realidad estaban cantando no sé qué de la caracola de Pedro Romero. Hasta para ganar aplausos tienen que imitar a la religión que profesamos las personas de orden. También puse la oreja ayer mientras compraba tiras bordadas en un refino: un señor estaba diciendo que no paran de salir en esta duradera fiestecita cutre de fin de curso agrupaciones que representan a un tanatorio. Y yo creo que estos atorrantes se están viendo venir la muerte de esta fiesta decadente, perversa y soez.
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