te voy a hacé el avío

Hierbabuena seca

Hierbabuena seca Hierbabuena seca

Hierbabuena seca

El Colibrí de Cadi acudió a su sesión de psicólogo de todos los jueves a la hora del café con churros. Si los ingleses lo hacen todo a la hora del té, nosotros preferimos la hora del café con churros. Es menos cursi y más crujiente. Acudía a terapia para mejorar sus tandas de cuplés desde que un tío le dijo que más que vocación de comparsista, tenía vocación de capataz de La Piedad… porque más que reírse, cuando escuchaba sus coplas, lo que le daban ganas es de hacer una recogida.

El Colibrí acudía a un psicólogo de oferta que tenía consulta en el callejón del Tinte. El pobre mío no tenía presupuesto para comprarse un sofá de esos que salen en las películas, y hacía las sesiones al comparsista en una silla de playa de segunda mano que compró en un baratillo. No hacía falta música ambiente para relajar al paciente, con los chirrios que daba la hamaca cuando se movía El Colibrí era suficiente. La silla tenía óxido hasta en los pespuntes de la tela a rayas. La cosa estaba tan tiesa en la consulta que el paciente tenía que traerse hasta el agua de su casa porque se le secaba mucho la boca. Es la ansiedad, decía él…pero en verdad eran los garbanzos con bacalao que comía los jueves. El guiso se lo hacía su suegro. No voy a poner su suegra, no vayan a acusarme de machismo, que está la cosa una jartá de sensible.

Aquella tarde el comparsista con nombre de pájaro confesó algo terrible a su psicólogo: J. (el hombre estaba tan tieso que no tenía presupuesto para un nombre más largo) creo que se me ha secado la hierbabuena.

¿Qué síntomas te ves, hombre pájaro? Le preguntó el psicólogo. "No sé, los atardeceres de La Caleta los veo más oscuros, el barrio de La Viña ya no me huele a piedra ostionera, en vez de hacerle piropos a las gaditanas me pongo tibio de surtanas, y como las olas del mar no me inspiran, ya no son plata fina, busco las musas en los chorros de agua que echa la fuente de las tortugas… cuanto sufrimiento doctor." Colibrí, más que falta de inspiración, ¿no será que inspiras demasiado Valdepeñas en la peña al mediodía?

Ten cuidao con El Levante, Colibrí… No doctor tampoco el viento de Cadi me inspira. No lo digo por eso, hombre inhierbabuenado, lo digo porque con el Levante los chorros de la fuente de las tortugas salpican y te puedes poner como si vinieras de bañarte en la piscina de Astilleros.

"Lo único que me faltaba ya doctor, ir lleno de agua de piscina, para que me dijeran que soy un poeta de agua dulce… yo que siempre he sido conocido porque mis coplas suenan a salitre".

"Doctor, que no es broma. Se me ha secado la hierbabuena". Pero si te ocurre eso Colibrí, más que al psicólogo deberías de ir a la Cooperativa de Las Virtudes de Conil, para que te den dos matas, hombre.

"Encima cachondéese de mí, doctor. He perdido el norte. El otro día me comí unas tortillitas de camarones y me sabían a limón". ¿Y si en vez de la tortillita te comiste la toallita que ponen en los bares para limpiarse las manos, Colibrí, con la caraja?

"Doctor no estoy para bromas. He perdido la inspiración. Paco Alba ya no toca los nudillos en mi corazón. El espíritu de El Carota no se acerca a mediodía tarareando un estribillo. El Tío de la tiza no dibuja en mí sus acordes… Habrás perdido la hierbabuena, pero sigues igual de cursi, pensó para sus adentros el médico. Para colmo el Colibrí le pagaba las consultas a plazos lo que agravaba aún más la situación de tieso permanente del médico. El pobre mío escuchaba papa y huevo y de la calentura que le entraba se le hacia la tortilla en la palma de la mano.

El médico ya pasaba del Colibrí, que seguía en la silla de playa, con la mano puesta en la frente quejándose y pidiendo que le volviera la hierbabuena. Parecía más que persona un plato de menudo a punto de apartarse del fuego.

Como J. ya estaba hasta los mismos del Colibrí, se inventó un tratamiento y le dijo que lo que tenía que hacer era acostarse cuatro días seguidos mirando para el Castillo de San Sebastián y descansando encima de piedras de La Caleta. "Ponte además un cangrejo moro en la frente de doce a dos, y después te lo quitas".

El Colibrí lo miró con cara de sorpresa pero como estaba como una regaera se lo creyó… tras tres segundos de pausa preguntó. ¿Usted sabe doctor si esto me lo pagará el seguro?

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