Carnaval enjaulado
Doña Cuaresma
CUANDO un autor de comparsa se pone profundo y quiere definir al Carnaval de Cádiz suele decir: "Fiesta de la Libertad". Y el muy cursi, como si hubiera descubierto el mundo, se queda contento y feliz.
La verdad es que pocas fiestas hay en el mundo con menos libertad que el Carnaval de Cádiz, donde los catetos de los carnavaleros se dedican un año sí y otro también a ir sumando reglas, decretos, normas y prohibiciones.
Ahí tienen ustedes el Concurso del Falla, con unas reglas más complicadas que las de la Ley Hipotecaria. Las coplas están medidas, los figurantes no pueden hablar y cualquier olvido del reglamento es castigado con graves sanciones o con la descalificación.
Ahora les llega el turno a las agrupaciones que llaman ilegales. Unos cuantos fundamentalistas andan empeñados en protagonizar una protesta por la falta de libertad que, dicen, existe en Cádiz. Amenazan con exiliarse en Puerto Real porque en Cádiz no pueden berrear en la madrugada del Carnaval Chiquito. Todos juntos con las mismas pancartas y las mismas consignas.
Me dan pena, la verdad. Estos pobres carnavaleros utilizan la libertad para crearse cadenas y ataduras y caminar detrás del que más grita.
Que se vayan a Puerto Real y que tengan cuidado con el pino gordo de Las Canteras.
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