Aparcamientos
Cádiz mantiene cerrada un centenar de plazas de aparcamiento, a pesar de la necesidad de estacionamiento en la ciudad

Canción triste de Falla street

DOÑA CUARESMA

24 de enero 2010 - 01:00

HACE muchos años que escribo esta columna. He sido testigo de cómo otros periódicos han copiado las ideas y el concepto de este Diario del Carnaval y su columna de la última, aunque nadie ha sido capaz de copiarme. Pero todo eso no ha servido para nada. Mi mensaje no ha llegado.

He denunciado la falsedad de esta fiesta, su inutilidad y su verdadero carácter de opio del pueblo. El Carnaval es el canuto que nos fumamos cada año los gaditanos para olvidarnos de que Cádiz no es ya un emporio del orbe sino una ciudad cualquiera camino de cualquier parte. El Carnaval es el chute que nos metemos para olvidarnos que estamos en la cola del paro, que nuestros hijos van a tener que irse a Castellón, y que como no te metas a político no tienes futuro.

No sé qué decirle ya a Cádiz, ni espero ya que el Carnaval no sea la anestesia de los telediarios de Haití, de las niñas de Chaves o de las carencias de la Teo. Parece que cada año en febrero tenemos un a mi plin, yo duermo en pikolin y nos da igual que se acabe el atún, que no haya fondos en la Seguridad Social para pagarnos las pensiones y que haya más gente en el comedor social de Virgen de Valvanuz que en la barra del Falla.

A final siempre es el mismo estribillo: en Cádiz tenemos lo que nos merecemos.

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