La leyenda rojiblanca del 'pupas'
Fútbol La historia del Atlético de Madrid
El mito de la mala suerte nace por un desgraciado gol en la final de la Copa de Europa, en una aciaga noche en la que Schwarzenbeck, un central tosco, le arrebató un título que ya rozaba con las manos
"¡Qué manera de palmar!", canta Joaquín Sabina a su Atlético de Madrid. ¿De dónde le viene al club del Manzanares esa aureola de desdichado feliz, de esteta de la derrota elevado a la categoría de leyenda, que siempre le acompaña? El mito de la mala suerte rojiblanca nació por un desgraciado gol en la final de la Copa de Europa. Una aciaga noche en la que un central tosco de nombre impronunciable, Hans-Georg Schwarzenbeck, arrebató al Atlético una Copa de Europa que ya rozaba con las manos.
El último representante del fútbol español en esa final había sido el Real Madrid, en el año 1966. Sus eternos rivales, tras ganar brillantemente la Liga de la temporada 1972-73, afrontaban con ilusión la posibilidad de conquistar, por primera vez en su historia, la máxima competición continental. El banquillo rojiblanco estaba ocupado por el míster argentino Juan Carlos Toto Lorenzo, y aquella plantilla incluía históricos y carismáticos jugadores como Eulogio Gárate, Luis Aragonés, Adelardo Rodríguez, Ratón Ayala, Cacho Heredia, Panadero Díaz, Santos Ovejero, López Ufarte, Irureta, Becerra, Capón, o el portero Miguel Reina.
Durante la competición europea, los atléticos realizan una fenomenal campaña y consiguen llegar hasta la final invictos, tras eliminar al Galatasaray, Dinamo de Bucarest, Estrella Roja y Celtic de Glasgow. Con Luis Aragonés desde el centro del campo distribuyendo pases en profundidad a sus compañeros de ataque, los colchoneros imparten auténticas lecciones de cómo jugar al contragolpe. La prensa holandesa titula: "El Atlético es el nuevo Ajax", refiriéndose al campeón de las tres últimas ediciones.
El 15 de mayo, día de San Isidro, el estadio Heysel de Bruselas acoge la gran final entre el Atlético de Madrid y el Bayern Múnich. El equipo bávaro se presenta como claro favorito. Su once, entrenado por Udo Lattek, lo forma la columna vertebral de la selección alemana que se proclamará campeona del mundo dos meses más tarde: Sepp Maier, Kaiser Beckenbauer, Abisinio Breitner y Torpedo Müller.
Después de un disputado encuentro con dominio alterno por parte de los dos equipos, se llega al final del tiempo reglamentario con el resultado inicial. Y comienza la prórroga. El cansancio ha hecho mella en ambos conjuntos. En el ambiente reina la sensación de que el equipo que anote el primer tanto se llevará la Copa. A los 113 minutos el colegiado Loreaux señala una falta al borde del área alemana. Aragonés golpea de forma magistral, el esférico adquiere rosca, salva la barrera y se cuela por la escuadra. Con el balón a medio camino de la portería germana, Zapatones Luis ya estaba celebrando el gol.
Los rojiblancos estallan de alegría. La ventaja parece irremontable. El encuentro se presume finiquitado. Desde el banquillo se indica a los jugadores que sólo queda un minuto. Nada hace presagiar el desastre. Gárate se planta sólo delante de Maier, se dispone a chutar pero le viene un calambre y pierde la pelota. Extenuado, queda tendido en el césped, sin poder presionar para retrasar el contraataque y que el partido muera en el área rival. El balón llega a los pies de Beckenbauer. El tiempo apremia, pero un futbolista de su clase no opta por el patadón hacia la meta contraria. Intenta el pase interior pero como el equipo rojiblanco está muy cerrado atrás, el alemán se ve obligado a ceder en horizontal. El esférico le cae a Schwarzenbeck. El defensa cruza la raya central, avanza unos metros, no sabe qué hacer y dispara. Le sale un fenomenal trallazo que, tras superar de manera increíble la maraña de jugadores colchoneros, se aloja en la portería española. Cuando Reina ve la pelota, su estirada resulta ya inútil.
El guardameta del Atlético, cuyo hijo lo es ahora del Liverpool, todavía analiza aquel lanzamiento del zaguero: "Le tocó la lotería. Es irrepetible. Incluso sin contrarios y desde el mismo sitio". Su compañero Adelardo vio el gol a la altura de la bocana del túnel: "Defendía a Höenes, que ya daba el partido por perdido, y se echó a andar hacia las duchas".
Tras el empate, el vestuario español se convierte en un funeral. El gerente, José Julio Carrascosa, asegura: "quedaba medio minuto para señalar el final…¡Malditos treinta segundos!". El técnico, Juan Carlos Lorenzo, culpa a la nube de fotógrafos situados en torno a su banquillo quienes, a la espera de captar el momento exacto de la explosión de júbilo, le impidieron dar instrucciones a los suyos en los últimos instantes. Vicente Calderón resume con una sencilla frase el estado de ánimo general: "Somos el Pupas". La expresión, el lamento ocasional de su presidente, cuajó entre los aficionados, y se fue tornando con el paso de los años en la esencia del Atleti. La mala suerte, una incomprensible desgracia que desembocó en el nacimiento de un mito, el de El Pupas, que quedará marcado a fuego en su camiseta y condicionará el destino de los colchoneros.
Dos días después, el 17 de mayo, se tiene que disputar una nueva final. La UEFA optó por repetir el partido en vez de que el campeón se decidiera en los penaltis. A priori, el equipo teutón parte con ventaja psicológica, ha recuperado su moral y el Atlético la tiene por los suelos: "Saltaron derrotados al césped. Estaban deprimidos a más no poder", recuerda Schwarzenbeck.
Los peores pronósticos se cumplen y el rodillo alemán pasa por encima de los rojiblancos. Dos goles de Höenes y otros dos de Müller dan su primer título al Bayern, que encadenaría los dos siguientes. El sueño rojiblanco se evaporó. La Copa de Europa nunca volvería a estar tan cerca de las vitrinas atléticas.
También te puede interesar
Lo último