Zatopek o la fuerza de voluntad

El corredor checo sigue siendo el único capaz de vencer las tres pruebas de fondo en unos Juegos

Emil Zatopek forma parte de la historia del deporte mundial por sus grandes gestas.
Emil Zatopek forma parte de la historia del deporte mundial por sus grandes gestas.
Daniel F. Álvarez / Cádiz

31 de agosto 2008 - 05:02

Pocos atletas han dejado tanta huella en el imaginario colectivo como Emil Zatopek. Durante los tiempos dolorosos de la posguerra mundial, tan necesitados de referentes, este deportista checoslovaco encarnó el ideal del hombre que se sobrepone al sufrimiento para conseguir sus objetivos. Protagonista de grandes hazañas atléticas durante la primera mitad de los años cincuenta del siglo pasado, representó mejor que nadie el triunfo del individuo normal y corriente, forjador de una gloria para la que no estaba llamado.

Zatopek se inició en el deporte de manera anecdótica. Trabajaba como operario en una fábrica de zapatillas y, todos los años, la empresa organizaba una carrera en la cual sus empleados estaban obligados a participar. El joven Emil no tenía ganas de correr y alegó que padecía molestias en una rodilla, pero el médico se dio cuenta y no tuvo más remedio que disputar la prueba. Llegó en segunda posición. Entonces se decidió a continuar en otras competiciones. En plena Segunda Guerra Mundial los tiempos no invitaban a soñar con logros deportivos, aunque Zatopek siguió con su preparación por los pasillos de su casa.

Su vida cambia cuando ingresa en la carrera militar profesional. Por fin dispone de unas mínimas condiciones materiales para cultivar sus portentosas cualidades atléticas. Cumple sus obligaciones durante el día y entrena por las noches campo a través, calzando botas pesadas y portando una linterna eléctrica. Le atraía lo de correr como culminación de un esfuerzo y en una mezcla de afición, espíritu perfeccionista y curiosidad científica, empezó a experimentar nuevas técnicas de entrenamiento con el objetivo de explorar su naturaleza resistente. Autodidacta, creó su propio sistema, el método de intervalos aeróbicos, basado en un fraccionamiento del tiempo y de los esfuerzos. Zatopek corría descomunales distancias intercalando pequeños recorridos y recuperándose en sprints cortos. La estrategia le dotó de gran resistencia y fortaleza física, desarrollando sus característicos acelerones cuando parecía hundido, ese prodigioso cambio de ritmo y velocidad final que sacaba para imponerse en los últimos metros. Su pedagogía era aplicarse un ensayo duro a fin de que las carreras, en comparación, resultasen un paseo. "Correr -decía- es lo mejor que existe para la salud, pero no es posible competir sin entrenamiento, al menos no es bueno".

Los Juegos Olímpicos de Londres en 1948 constituye su brillante tarjeta de presentación. Vence en la carrera de los 10.000 metros y establece un nuevo récord. Luego disputa los 5.000 pero paga su inexperiencia: un error táctico le priva del oro por sólo dos décimas.

En los Juegos siguientes elaborará su obra maestra. Helsinki es el escenario de una impresionante hazaña atlética. Zatopek se impone en las pruebas de 5.000 y 10.000 metros con sendas plusmarcas mundiales. Y esa misma semana, en un desafío a la capacidad de recuperación del organismo humano, corre la primera maratón de su vida y la gana con récord olímpico. Se trata de un hito único en la historia del atletismo, el triple juego de medallas en las tres pruebas de fondo. Una gesta que se consideraba prácticamente imposible; nadie ha vuelto a repetirla. Tras esa barbaridad le fue impuesto el sobrenombre de la Locomotora Humana.

Zatopek conoció el triunfo y la persecución. Después de la medalla de Londres le ascendieron a teniente y por la gesta de Helsinki a coronel. Trató de extender su resistencia a otras facetas y, durante la Primavera de Praga, firmó El Manifiesto de los dos mil en apoyo a las reformas de Alexander Dubcek. Pero los tanques soviéticos invadieron el país y cercenaron los sueños de muchos checos. Zatopek fue expulsado del Partido Comunista y del Ejército, y destinado a barrer las calles. Las altas instancias no veían con buenos ojos cierto divismo "sin atender a las necesidades del pueblo". Amigos en el extranjero le ofrecieron la posibilidad de emigrar, pero el campeón contuvo sus ganas de escapar: "he aprendido que hay una gran diferencia entre correr y huir". Finalmente, su figura fue rehabilitada y ejerció el oficialismo hasta la caída del comunismo, pasando los últimos años de su vida convertido en un héroe nacional. El 22 de noviembre de 2000 la Locomotora entraba en vía muerta: fallecía a los 78 años, víctima de una hemorragia cerebral.

Hoy los registros de Zatopek han quedado ampliamente superados, pero muchos son los aspectos extraordinarios que nos legó este singular deportista. A partir de entonces se estudió el entrenamiento intensivo como método para mejorar los tiempos en las grandes distancias. Su palmarés le sitúa entre los más grandes de todos los tiempos: 5 medallas olímpicas, 4 europeas y 18 récords mundiales. Puede que ningún otro atleta haya encarnado con tanta humanidad el afán deportivo de superación personal. Recibió a título póstumo la Medalla Pierre de Coubertin, el máximo galardón del Comité Olímpico Internacional. Sus espectaculares condiciones físicas hicieron pensar en la existencia de algún plus en su corazón, pero los médicos nunca encontraron nada extraordinario respecto a otros atletas: "En todo caso la voluntad", aseguraron.

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