La pastelería Viena

07 de septiembre 2019 - 00:05

LA AZOTEA DE CÁDIZ Desde el 12 de mayo de 2016

De cuando los dulces de la PASTELERÍA VIENA no faltaban un domingo encasa

Seguro que estos días se habrá escuchado más de la cuenta. La inauguración ayer, con polémica incluida, de GOIKO GRILL habrá hecho recordar a más de uno cuando el local que ocupa la cadena hostelera fue la Pastelería Viena mucho antes de queZARA HOMElo ocupase.

Seguro que si rebuscamos un poco en los recuerdos de quienes lo conocieron en su día, aún podrán oler a chocolate y a azúcar tostada. A yemitas de huevo y coco, a café y a esos picatostes con chocolate que volvían loco a medio Cádiz. Recordarán aquellos domingos de dulces para merendar: “¿Para tomar o para llevar?”, que preguntaba alguno de sus elegantes dependientes. No nos debe extrañar que sus escaparates provocasen tanto rugido de tripas viendo aquel turrón de Cádiz tan bien colocado o los mazapanes en épocas de Navidad.

HISTORIA DE UNA PASTELERÍA El año 1892 trae la apertura de una pastelería que hará historia en Cádiz. La Pastelería Viena abre en la por entonces llamada calle Duque de Tetuán (actual calle Ancha), y es propiedad de Mexía Hermanos.

El día de su inauguración los gaditanos asisten a todo un acontecimiento: el gran escaparate ya les llama poderosamente la atención pues muestra lo mejor de sus productos. Pero cuando acceden al interior, los ojos también se le van para su bonita decoración: tienen un gran aparador donde reposan los vinos y un mostrador solo para el fiambre. Dispone de muchas mesas y llama la atención sus grandes espejos y lámparas eléctricas. No solo hay dulces o fiambres, también helados… Tras la inauguración, una tortilla de jamón y varios aperitivos sirven de almuerzo para los invitados.

Es Salvador Robles su primer propietario que la regenta hasta 1929. Aquel año Antonio Valls Garrido coge el testigo llevando la pastelería durante cuarenta largos años. En 1969 y ante la imposibilidad de que la familia continúe con el negocio, la mítica Viena echa el cierre. Entre sus recuerdos aun se mantiene aquella llamada de Salvador que le cambió la vida: una plaza de responsable en la confitería. Si no hubiese sido por él, hubiese seguido en Buenos Aires. Cuando se hace con el negocio, Antonio lo lleva a su máximo esplendor convirtiéndolo en todo un referente para los gaditanos e introduciendo el catering en la ciudad para celebrar en el local bodas, bautizos y comuniones.

Antonio cuida cada detalle de la confitería e instala junto al escaparate un aguamanil, con su grifo de agua corriente, para que los clientes laven sus manos después de consumir sus fantásticos dulces. Tras toda una vida dedicada al oficio de la hostelería, Antonio fallece en Cádiz el 24 de enero de 1971.

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