A la memoria de Juan Teba

30 de enero 2015 - 11:34

Entrevista a JUAN TEBA MONTES, para el capítulo, Cuatro entrevistas clave, del libro El periodismo en tiempos de Carnaval (1763-2005) obra de Javier Osuna ¿Esto fue exactamente así? (tras recordarle y leerle el artículo que, sobre Diario 16, publicó Diario de Cádiz). Si, bueno, en líneas generales. Tampoco yo tengo aquí ahora mismo la página para recordar el pie de foto. El pie de foto más o menos podría ser así, pero el pie de foto estaba redactado en Madrid, no aquí. Es decir, tú que eres periodista o que has trabajado en el periodismo o que has trabajado en la radio, yo como corresponsal mando un texto sobre los Carnavales de Cádiz; ellos, efectivamente, cogen una fotografía de Europa Press y allí en la redacción central le ponen el pie de foto, pero el pie de foto no es mío, el pie de foto, los corresponsales de periódicos de Madrid o de Nueva York no le ponen los textos a los pies de fotos, eso se hace en la redacción central. Eso lo primero. Y lo segundo es que, bueno, yo no veo tampoco en el texto que elabora la redacción de Madrid insultos gruesos a la ciudad de Cádiz. Porque, además, la ciudad de Cádiz, como siempre, está por encima de miopías localistas y de falsos complejos de inferioridad de algunos círculos o también de esos mismos círculos que pretenden acaparar el latido de la ciudad etcétera, etcétera. Eso son cosas que a mí siempre, como persona y como periodista, me la han traído al pairo, me han parecido absolutamente lejanas y nunca me ha interesado. Pero insisto, primero, puntualizando: que ese texto del pie de foto se hace en la redacción central como suele hacerse siempre y como cualquier periodista que esté en ejercicio sabe perfectamente, y en segundo lugar, ese texto del pie de foto, a mí no me parece que atente contra la dignidad del pueblo de Cádiz, ni de la ciudad de Cádiz y, desde luego, lo que sí afirmo y mantengo y mantendré siempre, es que para mí Cádiz es una ciudad absolutamente apasionante, porque tiene… ¿cómo te diría yo a ti, Javier? tiene la quintaesencia del ser andaluz que es una visión universalista de la vida y del mundo y, al mismo tiempo, un celo acendrado y un amor inmenso por sus cosas ancestrales y por sus tradiciones. Eso, además, es un punto que tiene mucho Andalucía ¿no? la defensa a ultranza de lo propio y la fascinación por lo universal. Y en ese aspecto Cádiz, pues nada yo creo que… bueno y además de hecho –yo no sé– pero vamos los que me conocen, como por ejemplo tu caso, o el caso de otros compañeros que han trabajado conmigo o yo con ellos, pues saben que yo por Cádiz, bueno… ¡es que a mí me encanta Cádiz! ¿qué quieres que te diga? Por ejemplo, yo la última vez que estuve en Cádiz fue hace dos Carnavales y me acuerdo que me pilló allí, yo estuve una noche del sábado y publiqué luego el lunes en la columna que yo escribo en la cadena de Vocento, ese amanecer que yo describí del Domingo de Carnaval. Bueno yo flotaba allí; era una sensación de estar en otro mundo, en un paisaje absolutamente idílico, donde todo el mundo estaba embriagado por la fiesta y… ¡hombre! y también por el alcohol y la alegría y por esa, digamos, capacidad telúrica que tienen los gaditanos y las gaditanas por expresar su fiesta más jonda que son los Carnavales. Entonces yo, escribí una columna que por cierto me llamaron varios compañeros para decirme que le había encantado… pero si hay algún grupo que esté en contra mía, o que… yo no sé por qué razón porque yo en Cádiz nunca me he metido con nadie, pues mira ése es su problema; es igual que si uno que es bajito la toma con un jugador de baloncesto ¿no? pues el problema es del bajito, no es del jugador de baloncesto. Sabes qué pasa Juan –y esto es una opinión personal– que Cádiz es una ciudad que, por las circunstancias que fueren, convive con una fama de condición homosexual que a la mayoría de sus habitantes no le gusta. Eso es así y eso no se puede soslayar. La fama gaditana es una cosa constatada y… Bueno Javier, tú sabes que eres un hombre culto que eso es un hecho histórico… Sí, posiblemente responda a un hecho histórico, pero responda o no a un hecho histórico hay una población sensibilizada con eso… Sí, muy sensible, sí… ¡Claro! y si el titular, o parte del texto, decía: “mariquitas locas alborotan al amanecer el domingo gaditano”, bajo una foto de unos señores vestidos de danzarinas locas, creo que se entiende, o debe entenderse, en parte la reacción ¿no? Sí, bueno yo, lo de mariquitas locas que alborotaban el amanecer eso está… ¡es que yo no recuerdo!; yo no puedo precisar después de veinte años, de más de veinte años, si eso venía en un, digamos, titular o subtitular de la composición de la página o en mi propio texto, en cualquier caso, los mariquitas locas, que son una gente muy divertida y muy graciosa –y eso lo hay en todas las fiestas andaluzas– en la Feria de Sevilla al amanecer… porque, además, el homosexual andaluz es exhibicionista, le encanta llamar la atención etcétera, etcétera, pero eso no es una ofensa para el pueblo de Cádiz; ¡hombre! es que aquí hay una España negra –y ya me estoy calentando– que siempre está viendo que son ataques de no sé qué y de no sé cuanto; porque nuestra dignidad… Mire usted: en la vida hay que ser, primero consecuente y segundo aceptar las cosas, entonces a mí los mariquitas locas que puedan salir, a mí no me molestan, al revés, yo me puedo, incluso, divertir con ellos, pero es que hay gente que vive permanentemente cabreados, ¿no? por lo tanto, yo no le daría mayor importancia y después de veintitantos años, que pueda haber todavía sectores que recuerden aquello, me parece un delirio. Yo pienso que aquello está más que asimilado por la memoria colectiva, lo que sí sucede es que el nombre de Juan Teba está vinculado al Carnaval gaditano. Tú transmites una final para Televisión Española, pero después hay un programa que haces en 1986, que se llamaba En Portada que causa una segunda conmoción; y ahí sí estoy yo muy interesado en saber la opinión de un experto periodista como eres tú. ¡Ajá! Bueno yo ese programa tuve la suerte de reunir a un equipo que hizo conmigo el programa que era de lo mejor que había en el Centro Regional entonces, que era el cámara Toledo, que era un cámara que había estado en un montón de… que es de Granada, Domingo, Domingo Toledo se llama, ya está jubilado, entonces él estuvo en muchas guerras, por ejemplo estuvo en la retirada de los palestinos en Chatila ¿te acuerdas la matanza aquella, no? pues de las primeras cámaras de televisiones occidentales que entraron en Chatila después de la matanza de los israelíes fue Domingo Toledo con su cámara y además un hombre que tenía una sensibilidad artística impresionante, él trabajó mucho conmigo como cámara en una colección de un programa que yo hice en Televisión Española que se llamaba Los Andaluces, y bueno tengo recuerdos memorables de sus imágenes, incluso yo hacía también todos los años –porque me lo pedía el director general Calviño– un especial sobre el Rocío y bueno Domingo Toledo iba a todos lados conmigo ¿no? porque era un cámara, yo, para mí el mejor que yo he visto en mi vida. Entonces, yo arranco con Domingo Toledo haciendo el programa y Julito Sánchez de coordinador, que Julito Sánchez es otro profesional indiscutible de la televisión nacional, porque antes estaba en Televisión Española y ahora está, creo, en Antena 3, Julito Sánchez es un hombre, además, de una gran sensibilidad artística, yo empezaba el texto del reportaje –hombre, yo estuve luego presente en todo el montaje y en todo el doblaje, ¿no?–, pero el programa empezaba, Javier, diciendo, me acuerdo textualmente la primera frase: “No ha terminado aún la fiesta del Carnaval del año que fuera, el año 86, y ya están los gaditanos trabajando en la preparación de las fiestas carnavalescas del año que viene”. Y entonces me dice Julito Sánchez, dice: –Juan, yo estoy viendo aquí una escena con esa voz en off que aparezca un amanecer de los Carnavales cuando ya terminaron los Carnavales, por ejemplo o bien un amanecer del sábado o el domingo, recogiendo la basura y arreglando las cosas y regando las calles, o bien ya el último día del Carnaval. Y digo: hombre pues mira, Domingo que es un cámara que es un maestro de las dos luces –y un amanecer siempre es la pugna entre dos luces–, a mí me parece magnífico; y entonces el programa arranca, efectivamente, con un camión de la limpieza por las calles del casco antiguo de Cádiz recogiendo todos los papeles y todas las cosas… –¡bueno, qué te voy a contar yo a ti, Javier!– todos los suelos llenos de matasuegras y de papelillos y de etcétera, etcétera y van recogiendo los tío y metiendo las cubas de basura en el… Bueno, y por ese arranque, hay un periódico de Cádiz que yo no sé… –creo que sigue existiendo– pero yo creo que era entonces el único que había, ahora no sé si habrá uno, o dos, o tres, o seis… pero ése diario de la ciudad de Cádiz, publicó un comentario editorial sobre el programa y sobre todo sobre el arranque que dijo textualmente: “Si alguna vez el periodista Juan Teba vuelve a Cádiz nadie podrá hacerse responsable de su seguridad”. ¡Eso es muy fuerte!, ¿eh? ¡eso es muy fuerte! ¿eh? Y los que escribieron eso o por lo menos el periódico que lo publicó –ahí siguen vivos, ¿eh?– bueno yo me quedé callado, a mí me da igual, vamos ¡eso es muy fuerte! Entonces cuando acabó el programa ¿sabes quién me llamó? –creo que te lo he comentado alguna vez– me llamó Carlos Cano y Antonio Burgos también, que creo que los dos son amantes de los Carnavales de Cádiz, bueno Carlos ya el pobre no está, Carlos era muy amigo mío; pero vamos si dos andaluces, amantes de los Carnavales de Cádiz hay, eran desde luego Carlos Cano y Antonio Burgos, bueno pues Carlos Cano me llamó en cuanto acabó el programa, sonó el teléfono de mi casa y dice: Juan, estoy emocionado con lo que he visto de tu programa, me ha encantado, por lo tanto, fíjate si ahí hay ahí también cuestiones personales, que yo no lo entiendo, o celos personales, o ajuste de cuentas, yo es que no lo entiendo. Yo es que en estas historias, por ejemplo cómo te lo diría, aldeanas, nunca he entrado. Entonces si hay gente de esos círculos aldeanos que no lo sé si existen en Cádiz, porque yo, por otro lado, cada vez que he ido a Cádiz me he encontrado muy bien tratado, por ejemplo, la última vez que estuve en Cádiz, digámoslo desde una perspectiva pública fue en un homenaje que le hizo la peña Juan Villar en memoria del Beni de Cádiz que fui con el hermano Amós, que hablamos los dos en la sala de plenos del Ayuntamiento de Cádiz, en esa sala de plenos absolutamente histórica y al año siguiente se murió Amós, y estaba aquello lleno de gente, luego nos fuimos a la sede de la peña y lo pasé estupendamente, o sea, es que yo con Cádiz nunca he tenido problemas, al revés, si a mí me dicen mañana: vámonos a Cádiz a lo que sea, a comer, a… yo siempre estoy apuntándome a Cádiz. De todas formas, hay una anécdota maravillosa que me gustaría que me volvieras a reproducir: cuando viniste a Cádiz un Carnaval, disfrazado y, sin embargo, un ciudadano de a pie te identificó. Eso, al año siguiente, al año siguiente de aquello ¿no? de “si vuelve Juan Teba a Cádiz, nadie podrá hacerse responsable de su seguridad”, pues iba yo con mi mujer y con unos amigos, íbamos cinco o seis y entonces íbamos todos con las máscaras puestas, porque ¡vamos! me parece que era también una forma de integrarse en el Carnaval callejero, que es lo que a mí realmente me gusta, el Carnaval callejero, hombre yo iba al Falla porque tenía que ir al Falla, pero a mí lo que me gusta es la bullanca, como me gusta la bullanca en la Feria y el camino del Rocío, que yo soy muy de la gente del pueblo, a mí lo que me gusta es eso, no ponerme en una tribuna a ver las cosas desde la distancia, no, y entonces yo recuerdo que llevaba yo una careta de cartón, una careta de cartón, Javier, que me cogía toda la cara y yo iba vestido… no me acuerdo cómo iba vestido si de beduino, yo no me acuerdo ya la ropa, pero entonces entramos en un bar del centro y estaba atestado y me dice un tío –pero dándome un golpe en la espalda– dice: –“¡Juan Tebaaaa, que aunque venga disfrazado te he reconocido!” Fíjate pero, vamos, no me lo dijo, fíjate me lo dijo en plan ese gaditano: “¡Juan Tebaaaaa que te he pillao joío!”, o sea que muy bien ¿no? pero así es todo. Pero fíjate que la historia esta de los Carnavales de Cádiz, yo empiezo a tener, bueno, realmente, habían tenido problemas todas las gentes que había en el Centro antes, es decir que… ¿sabes por qué? Porque Televisión Española, cuando empieza a retransmitirse los primeros Carnavales de Cádiz yo todavía no estaba en Televisión Española, pero la central de Madrid le ponía al centro Regional una hora tope para acabar con la retransmisión, entonces, yo no sé, el Carnaval, como tú sabes muy bien, acaba a las seis, las seis y media algunas veces, y luego que si los cajonazos, que si las discusiones… acaba siempre amaneciendo. Bueno pues Televisión acababa a las cuatro y entonces cuando yo llego aquel año, que voy también con Joaquín Petit, bueno vamos mucha gente, todo esto es la segunda vez que yo piso el teatro después de lo de Diario 16, pero la primera retransmisión que yo hago en directo, vamos bajo mi responsabilidad que se hace en directo, a mí me llama el director general que era José María Calviño y me dice: –Juan, tenemos un pacto hecho con los sindicatos y la gente no puede trabajar a partir de de las cinco de la mañana, así que a las cinco de la mañana hay que cerrar la retransmisión, se ponga la cosa como se ponga, hombre le dijo yo –porque nosotros a Calviño le decíamos líder carismático– y yo le decía: –Hombre, líder carismático, es que a las cinco de la mañana la gente de Cádiz me corta la cabeza como corte, porque es que la gente está todos los pueblos de por allí viendo aquello… y me decía: –No, no, es que es un acuerdo sindical, Juan… y, bueno, pues vales, director, no se hable más. Entonces aquel año, efectivamente, a las cinco de la mañana le dije al realizador que era Ángel Panero: –Ángel, le digo a las cinco menos cuarto, que hay que cerrar a las cinco; vale no te preocupes –me dijo– y a las cinco en punto se cerró. Bueno aquello… ¡la culpa era mía! porque yo no sé qué, porque Cádiz, porque yo no sé cuanto, porque yo la tenía tomá con Cádiz… y era un acuerdo sindical, entre las fuerzas sindicales y la dirección general, bueno pues el culpable era yo ¿no? Por lo tanto esa son digamos los grandes puntos de confusión que yo te aclaro. ¿Quién le ha dado más a quién? ¿La televisión al Carnaval de Cádiz o el Carnaval de Cádiz a la televisión? Hombre yo creo que la televisión siempre da más a una fiesta que la fiesta a la televisión. La televisión está en todos los grandes eventos mundiales. La televisión está en los Juegos Olímpicos, la televisión está en los campeonatos mundiales de fútbol. La televisión está en las grandes tragedias que marcan la historia. La televisión estaba en el entierro de John Kennedy y la televisión estaba en el entierro del alcalde de Madrid, el viejo profesor ¿no? que aquello fue una cosa inmensa de duelo de la gente de Madrid. Es decir, la televisión es el gran testigo de la historia, por lo tanto, Cádiz, con toda la importancia que tiene el Carnaval, pues mire usted, la televisión… por ejemplo yo tengo la gloria y el orgullo de haber sido el responsable máximo de la primera retransmisión en directo del salto de la verja de los almonteños. Y bueno pues… ¿el Rocío le debe a la televisión o la televisión al Rocío? Hombre, yo lo dejaría en empate. Desde luego, tanto los Carnavales de Cádiz, como el Rocío no necesitan a la televisión, pero con independencia de eso, porque son fiestas que arrastran a multitudes y son fiestas que traen a gente de todo el mundo, pero lo que está claro es que la televisión al retransmitir en directo esos dos acontecimientos: la final del Falla y el salto de la reja de los almonteños y la salida de la virgen, desde luego no está perjudicando a la fiesta, le está dando un sentido y sobre todo una información general, como mínimo a todo el país; como mínimo, que ya somos más de cuarenta y cinco millones de españoles, bueno entonces éramos un poco menos, en cualquier caso la televisión nunca resta, lo que pasa es que son fiestas –insisto– en que no necesitan a la televisión.

stats