Reyes Magos
La exprimera dama
LA ALCALDESA de Madrid ha dicho en comparecencia pública que no habla de su vida privada y también que en sus comparecencias privadas no para de pensar en su vida pública. Se da la circunstancia de que la alcaldesa de Madrid ha llegado a un cargo público gracias a su currículum privado, y aún diría más: estrictamente sentimental. En 2004 no publicó un libro titulado Mi primer año en el Ayuntamiento, donde sí empezó a registrar cierta actividad pública, sino Mis ocho años en Moncloa, consecuencia de un casamiento. Esa esfera privada la defiende Ana Botella para no hablar de sus viajes a Portugal pero sí le dio carrete en su momento para escribir 300 páginas, si bien se excluyeron los puentes. El mestizaje de lo privado y lo público no es nuevo y ya se practicó con éxito al convertir la boda de una hija en una cumbre de la ONU. Compaginar la gestión de una tragedia y el disfrute de vacaciones en un spa es tic de primera dama, cuya función es tener siempre en el pensamiento al pueblo y acompañar a su marido allá donde vaya. Arcadi Espada defiende en su blog a la alcaldesa y apunta marginalmente un ángulo interesante: la conciliación familiar. Me da por pensar qué ocurriría si la crisis se desencadenase con un hombre (¡un Aznar!) alcalde; si también decidiría no interrumpir el fin de semana de hotel con su mujer o lo hubiese anulado sin más. Me inclino por la segunda opción, aún no entendiendo la urgencia biológica por la que una mujer deba conciliar mejor su vida familiar que un hombre, más allá de tres partos lejanos. Y me pregunto qué piensa Rajoy -que se quedó este verano sin playa, toros y bailes para no dar imagen frívola en este escenario de angustias- al saber que Ana Botella no cancela su spa en Lisboa con tres muertas en una fiesta a la que dio autorización. Dice la alcaldesa que no dimitirá y dice bien; ya dimitió en privado. Apuntes en sucio
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