Ultramarinos Barreda. Por Julio Malo.

16 de abril 2013 - 09:41

Almacén de montañés con clase, sin duda por su ubicación, en esa Plaza de Mina que florece en el XIX, cuando la desamortización de la huerta de los franciscanos tumba las altas tapias conventuales que definían un oscuro laberinto de callejones, para abrir los amplios y bellos jardines que hoy podemos disfrutar y que hasta dispusieron de un kiosco de música como en los “zócalos" de las ciudades mexicanas. El kiosco se demolió porque al parecer servía de refugio a vagos y maleantes, pero nos queda uno de los espacios más agradables de esta romántica ciudad, en el cual los alegres gritos de los chiquillos compiten con la colonia de loros que pueblan las altas palmeras, descendientes de aquéllos que llegaron en los barcos de las Antillas cuando el ave era apreciada como animal de compañía. Quedan también las bellas casas que se levantaron cuando las angostas callejas dejan lugar a una plaza plena de esencia aguda de la vida. Y junto a la casa donde nació Manuel de Falla, la librería que lleva su nombre, un templo del conocimiento que dirige con acogedora sabiduría el librero Juan Manuel Fernández, en el edificio cuya torre albergó al estudio fotográfico de Reymundo, la imagen del Cádiz del cambio de centuria. El veterano Barreda a quien muchos conocieron por sus exquisitas quesadas pasiegas ya hace tiempo que traspasó el negocio. Sus dueños actuales han conservado su aspecto y por eso el establecimiento merece ser recogido en esta serie de reseñas dedicadas a los comercios gaditanos con historia y con encanto.

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