Recomendaciones para cuando acabe el apocalipsis. Bulgaria. FSM
Estuvimos en Bulgaria en 1984, con el Telón de Acero en pleno vigor. Un verano camino de Estambul, con toda la riada de turcos procedentes de Alemania camino de sus pueblos con unos coches enormes repletos de gente y de bártulos. Lo mismo que se ve por aquí cuando la Operación Paso del Estrecho. Por supuesto no teníamos ni mapas ni guías. Aquello era una aventura para como se viaja hoy día. Sofía era entonces una ciudad triste, sin apenas cafeterías o restaurantes, con un pobre mercado desprovisto de alimentos, con apenas alguna verdura de mal aspecto muerta de pena en un mostrador. Creo que pudimos entrar en la única cafetería de toda la ciudad donde nos comimos entre los cuatro la única ración de una tarta que debió ver días mejores. La ciudad estaba dominada por la catedral Alexander Nevski, con las cúpulas típicas de los templos ordoxos y el interiór en penumbra, llena de iconos y esas velas finas y largas que acostumbran a usar en esa religión. El comunismo no había cerrado los templos, parece ser. Cerca de la catedral, otro templo: el mausoleo de George Dimitrov, el que fuera secretario general de la Internacional Comunista . El mausoleo fue destruido en 1990 una vez llegados a la democracia. El cuerpo embalsamado del dirigente de la Komitern fue enterrado. Siempre me ha llamado la atención la manía que hay entre los partidos comunistas por el culto a la muerte, como si fueran cristianos. Lenin y Mao tienen sus mausoleos intactos. Yo recordaba la película de Bardem sobre su vida, "La advertencia" ,que había pagado el gobierno búlgaro a mayor gloria del líder de la Komitern, promotor de los frentes populares que se pusieron en marcha en algunos países. He de confesar que Sofía no me pareció nada especial. Hoy parece que han recogido todas las estatuas dedicadas a líderes comunistas y las han puesto juntas en un parque, a modo de museo. Desde aquella ciudad fuimos a Plovdiv. Íbamos buscando un camping, poco habituales en aquellos países esos años. Ya de noche encontramos una señal de camping que era una pradera junto a un hotel. Allá nos fuimos a la recepción del hotel, con el nerviosismo empezamos a gastar bromas bastante subidas de tono acerca del sistema comunista en el convencimiento de que nadie nos iba a entender, hasta que nos llegó el turno y nos dijo el recepcionista "¿Qué desean ustedes?". Glups. El tipo había estudiado en Cuba. Los duchas parecían sacadas de un campo de concentración nazi y el desayuno fue lo más frugal que recuerdo. Esa mañana nos fuimos a un monasterio cercano, que ahora he visto que se llama Bachcovo, donde había una ceremonia para la bendición de animales. Salir de Bulgaria tampoco fue fácil, al parecer habíamos cometido una infracción de tráfico, según pudimos deducir, así que fue menester pagar una multa en medio del tumulto de coches que pretendían cruzar. En aquellos tiempos te dabas cuenta de lo que era una frontera, que ahora parecen haber vuelto.
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