Lonce ideal (verano 2013)
Ya sé que el verano es mal tiempo para el fútbol y también para descubrir lugares o sabores. Pero por jugar. Me puse a apuntar cosas que gocé entre las que caté y me salieron once, así que la asociación es fue perogrullesca. Os sonará redundante porque, básicamente, me he dedicado a volver al escenario de mis crímenes favoritos (un crimen es no ir). Si mandas alguna aportación, seguro que mejoras esta lista tonta, la diversificas, lamenizas. Ponte, una, dos, no es mucho pedir, joé. Es gratis. Igual nos salen 23 y ya tenemos la plantilla entera. Mi once ideal de lo disfrutado, por vía oral, de mayo hasta antier: 1.- Arroz con atún de la Taberna del Campero (Zahara). También el tataki, en realidad, todo lo que probé. Me gustó mucho la idea. Aunque la esperaba taberna y me encontré un local con tres salones, peajo patio, terraza… Vamos, que la tabernita sería uno de los diez restaurantes más grandes de Cádiz capital. Olvídate de diminutivos. Al pagar, también. Igual que su matriz es un restaurante caro, y fantástico, este lugar de tapas está por encima de la media. Pero el ambiente es informal. Luminoso aquello, azulito marinero todo, ‘taguretes’, su ancla… Me divirtió la carta de vinos con tanto cava. Fui antes de la invasión, a primeros de junio. 2.- Croquetas de choco de Las Delicias (Vejer). Allí viví la cena del verano. Cinco o seis horas. Cumpleaños triple. Nos agasajaron, confieso. Trato excepcional, ambiente festivo. No te cansas del sitio, es imposible. Íbamos grupo grande, nos preparó Victorchef una degustación divertidísima culminada con una tarta magistral (aphoto). Gustaron mucho las ensaladas, burger di retinto pero, sobre todo, sin rival, unas generosas croquetas de choco. Del tamaño de pelotas de tenis, con sus vetas de tinta, doradas por fuera, de corazón jugoso y sabrosísimas, con tropezones de choco gigantes, tipo Capitán Nemo, equilibradas, pese a lo difícil que debe ser manejar ese volumen. Arriba Vejer, que no decaiga en otoño. 3.- Croquetas de jamón de El Colmado del Mercado Central (Cadi-Cadi). Las más exquisitas y suaves de todas las testadas (del verbo testar, masmar). 4.- Canuto de avellana de Le Poeme (Cadi-Cadi). Pasan los años, empiezan las obras, las acaban, llegan las modas y las ves alejarse por donde vinieron, pero esta pastelería sigue a lo suyo, fiel a una filosofía artesana ‘zublime’ para mí. Pequeño surtido, generoso tamaño, toque rústico, sofisticación justa pero resultado solemne. Francés, no parisino. Rural, no urbanita. El crujido del hojaldre y la pureza de la crema convierten ese canuto en una sublimación de todos los porros que se hayan liado en este mundo. Pero adaptado a los que no nos gusta fumarlos. Levitación por vía palatal nivel orgásmico. 5.- Dobladillo de Caballa de El Tascón y La Esquina de Sopranis (Puertatierra y Cadi-Cadi, respectivamente). En el primer sitio lo ponen formato tosta, en el segundo en plan ‘purguita’ pero me gusta que se arrimen a esta receta tan sencilla y evocadora de nuestros años, que no tiene más secreto que la calidad de ingredientes y evitar que se junte excesiva pringaceitosa. En realidad, es una excusa para decir me gustan ambos sitios, en esa moda fuerte de volver al bar de siempre, a la carta clásica. En el segundo, ‘trañables’ también las pavías. Toda la carta es retro, nostalgia. Me gusta parar (homenaje a Enrique) por ambos dentro de lo poco que paro por bares. 6.-Jureles fritos de la Venta Molina (El Palmar). Así de simple. Nos los presentaron un día y, en verano, fuimos a buscarlos otra vez en su infinita modestia. Mis tres niños querían saludarlos. Los jureles estaban tan frescos que contestaron: “Buenas tardes”. Luego, desaparecieron. De los huevos fritos con tomate di campo y sus pappas, para qué redundar. 7.-Empanada de caballa de Casa Hidalgo, vulgo, Gallego de La Catedral (Cadi-Cadi). Ya sé que apenas queda nada que añadir sobre el templo del hojaldre, sobre la meca de la empanada pero me gusta que los herederos del negocio -hijos o nietos, creo- no se conformen con la herencia. No sólo mantienen impolutas las joyas de siempre, heredadas de Don Pedro I El Caletero, se atreven con leves innovaciones como esta. La disfruté en Castelgandolfo, durante la primera (de muchas, espero) Fabianada Popular. Hay relevo generacional, se puede, se debe. Se agradece. 8.- Carrillera de Arsenio Manila (Paseo Marítimo). Fui a una cata de vinos de Torres. Me tocó una enóloga salida de un vídeo de los Cantajuegos, histriónica, gesticulante, generosa en diminutivos, no se estaba quieta, nerviosa de jocosa, que hablaba de los caldos como si tuviéramos cuatro años. La abejita se posa en la florecita, coge el polencito y, alehop, estamos preñados. Maldita jovialidad, ya no hay comentaristas de fútbol serios ni enólogos que enseñen y expliquen con normalidad, con detalle pero sin obviedades. Todo tiene que ser simpático, qué plaga. Lo mejor de la cita, comprobar que la cocina del Arsenio no decae con el paso, y el peso, de los años. Los cinco platitos fueron gloriosos con especial mención para esta ternera que sólo ver venir el cuchillo, se deshacía sola. Gran carne también en Valvatida, retinto puro, y sigue pendientes La Castillería y El Brocal. Se jubilarán y seguiré diciendo “ya voy”. 9.- Alcachofa con papada de La Candela (Cadi-Cadi). Magnífica combinación de verde con grasitanimal. Contraste y todo eso. Es agradable a los cuatro sentidos, porque sonar, no suena nada. Me sorprendió y me divirtió. Qué agradable sigue siendo cada visita an Ca Carmen. 10.- Risotto Funghi de Arohaz (Zahora-Los Caños).En realidad sería para mentar y mantear la carta entera, con sus autores y ejecutores encima pero como ya hablamos de la pizza de mechada o de la tuna burger, aprovecho para recordar este plato que a Wifi y a este que lo es les transportó por el tiempo y el espacio. Concretamente no mandó a Il Cantuccio, en Santorini, en junio de 2011. Desde allí, desde entonces no probábamos esa receta deliciosa tan artísticamente ejecutada, tan sutil, cremosa y sensual. 11.- Corvina sobre falso arroz de Mauro y su Real210 (Puerto Real). También para tatuarse la carta entera, pero por acotar y elegir. La más memorable receta de pescado que probé este verano. Sencillo, desnudo, frescura, horno, guarnición al servicio de la carne blanca, Atlántico en vena. Magistral. He tirado demasiado hacia el sur. Me falta más Costa Noroeste. L'Obeli
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