Gran toquetazo final de Paco Márquez

28 de agosto 2013 - 08:45

¡Qué pena de Cádiz! Hay veces que duele decirlo pero esta ciudad da verdadera pena. Somos dignos de lástima en muchas cosas. Solo hay que echarle un vistazo a los recientes acontecimientos ocurridos el pasado fin de semana para darse cuenta. Lo del Entierro de la Caballa no tiene nombre. El Club Caleta ha manchado su nombre con unos dirigentes que han demostrado su más absoluta incompetencia. Una tropelía detrás de otra. Primero fijar el homenaje a un político (esto en el fondo es lo menos grave), luego retirarlo y tacharlo de los carteles por la amenaza de plante de algunas de las agrupaciones de Carnaval invitadas y finalmente realizarlo a hurtadillas como el que está cometiendo un delito. Esperpéntico. Menos mal que la procesión del Entierro estuvo a la altura con paso firme y de Cai, Cai, con una fidelidad absoluta a los cánones de la carga que tanto gusta a los puristas. Intento ironizar porque si me pongo a analizar en serio lo ocurrido el sábado por la tarde no termino. Se ha vuelto a demostrar el poder que tienen los carnavaleros pero se ha constatado también que después se han cachondeado de ellos programando el homenaje una vez pasado el evento. Luego está el capítulo de la alcaldesa y el twitter que, bajo mi punto de vista, se queda en una anécdota que puede servir de broma e incluso de guasa. Lo más grave es que a una regidora elegida democráticamente no le guste la opinión. El colmo es que algunos de los que se lo echan en cara luego la acaben amenazando de muerte. También demuestran un talante liberal digno de todo elogio. Hay que comenzar a investigar muchas cosas pero hay que empezar por tranquilizarse primero. Esta ciudad no puede pasarse toda la vida llorando, es preciso analizar los comportamientos y hacer autocrítica de una puñetera vez. Todos y cada uno de nosotros. Luego vienen siempre los lamentos. P.D. Pongo un último ejemplo que linda con lo estrictamente personal. El tema de la Zona Franca de Cádiz. Ahora todo el mundo se queja de que Sevilla nos vaya a comer el terreno. Es curioso observar como la que fue directora de La Voz de Cádiz, Lalia González Santiago, se muestre triste porque Cádiz se queda sin nada y sus paisanos se tienen que ir fuera. Sin embargo, un buen día hubo un ERE en su periódico y en cuanto quedó una vacante se trajo a una persona de fuera. Y la acabó potenciando mientras los de Cádiz que habían sido despedidos seguían comiéndose los mocos y en algunos caso pisoteados. Ahora también llora por su Cádiz. En la distancia claro.

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