Exin Castillos. Por Fernando Santiago

03 de abril 2016 - 07:29

Hace 25 años la Junta se empeñó en rehabilitar el Balneario de La Palma en contra de la opinión de Carlos Díaz. El alcalde pensaba que no había nada que rehabilitar dado el estado de ruina absoluta del edificio. El entonces consejero Juan Manuel Suárez Japón se empeñó y al final se construyó un edificio nuevo en el mismo lugar e idéntico al original. Ahí sigue, como sede del Centro Andaluz de Arqueología Subacuática. En esa misma época se discutía sobre lo que llamaban pastiche, construir un edificio nuevo en el centro histórico reproduciendo de manera mimética la arquitectura de alrededor. Se inició el debate a raíz de la construcción de la Escuela de Hostelería y el nuevo rectorado. Hemos pasado del pastiche al mamarracho sin solución de continuidad: aquel debate lo ganaron los defensores de la arquitectura contemporánea y de ahí viene el desastre del Teatro Cómico, el Pabellón del Casco Antiguo o el Hotel Atlántico. El sueño de la razón produce monstruos. El caso es que ahora vuelve el debate a raíz de la operación del castillo de Matrera, en Villamartín. Han hecho un cubo de hormigón para sostener un trozo de pared del antiguo castillo que todavía quedaba en pie. El resultado ha sido tan chocante que las páginas de The New York Times dieron la alarma y las imágenes han dado la vuelta al mundo. El caso es que esta obsesión por levantar edificios antiguos como si fueran nuevos no es de ayer. Basta echarle un vistazo al Castillo de San Romualdo en San Fernando o al Real Carenero, en el término municipal de Puerto Real. Se cogen planos antiguos y se reproduce la arquitectura de hace siglos. Es una variante del Castillo de Matrera pero también una obsesión por la intervención agresiva, esa manía que tienen los arquitectos por dejarnos la huella indeleble de su genio al conjunto de los mortales. En el Castillo de San Sebastián pretendían incluso recuperar un antiguo muelle que cayó el desuso hace décadas. Está bien que cada época tenga su arquitectura y que no se copie la de siglos pasados,lo han hecho todas las generaciones y todas las civilizaciones. Pero también está bien no ser vanidosos ni pretender que el arquitecto sea más importante que la ciudad o el entorno. Hay cosas que es mejor dejarlas como la huella del tiempo las mantuvo en pie y otras ir manteniéndolas poco a poco sin hacer destrozos. Y siempre ser respetuosos con la historia . No es necesario hacer la pirámide del Louvre en cada esquina ni un Guggenhein en cada barrio. Fernando Santiago

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