Reyes Magos
Escurrir el bulto
Me encanta la costumbre de la política española de no asumir responsabilidades. Ocurre algo malo y los políticos practican el escapismo. Siempre la responsabilidad la tiene otro, sin excepción. Cuando estaban bloqueados los salarios de la Escuela de Hostelería, decían en la Junta que el problema era administrativo por no haber justificado correctamente las aportaciones europeas, aunque quienes nos anunciaban la solución de los problemas eran los dirigentes políticos de la Junta y quienes nos contaron que todo estaba correcto fueron consejeros de la Junta. Ahora que hay un problema con las clases de la Escuela, eso que se llama en periodismo fuentes de la Delegación de Educación, un ente abstracto que no tiene el valor de poner su nombre, dice que es cosa del Consorcio de la Escuela. Es decir, la Delegación actúa como un frontón, devolviendo todas las pelotas. Cuando hace meses comenzaron los problemas del Carlos III en la Delegación le largaron la responsabilidad al Ayuntamiento y ha hecho falta que en septiembre surgiera de manera cruda el problema del centro para que se haya buscado una solución y la Junta haya contratado la reforma del edificio. Podríamos prolongar la lista: cuando se cayó el drago del Tinte(¿qué fue del expediente informativo abierto por la fiscalía?) la delegada también buscó responsables en el Ayuntamiento o en la dirección de la Escuela de Bellas Artes. Y eso que la misma Junta había declarado dos años antes al drago Bien de Interés Cultural. Así que se ha convertido en una norma de esa Delegación lo que es habitual en la política. Sorprendió cuando el ataque del 11S que el entonces alcalde de Nueva York, Rudolph Giuliani, pusiera en la puerta de su despacho : Yo soy el responsable. A ver si cunde el ejemplo.
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