Aló, reina de la gente. Berta González de la Vega en El Mundo
Parece que fue en el siglo XIX, pero Susana Díaz perdió aquel debate de precampaña con Juanma Moreno Bonilla, en el que no confiaba casi nadie, porque ella tenía la fama de «animal político» que alaban, cada vez menos, los periodistas de más arriba de Despeñaperros. La presidenta está cómoda en esos saraos de hotel de lujo, con la crema del capitalismo de boletín oficial y cultiva esa campechanía de tocar el antebrazo y decir «reina» y «cariño» al primer intercambio de frase. Con los periodistas con los que se ha criado políticamente, los que la conocen morena, con rizos y de procesiones, va poniendo barreras. Por aquí abajo, saben de su fama de killer política, el desahogo con el que factura mentiras como las del otro día, en la entrevista en la tertulia de Carlos Alsina, cuando le contestó dos veces a Javier Caraballo que no se repartían fondos Jeremie desde 2011. Le quedó bien a Carlos Alsina una entrevista muy andaluza porque a veces conviene recordar que Susana Díaz, además de aspirante a ponerle le zancadilla a Pedro Sánchez, es la presidenta de la región española con más paro y fracaso escolar, en uno de los sitios con menor esperanza de vida de España, donde más se ha recortado en Sanidad, según CCOO, y más se ha defraudado en Formación. Aquella noche de debate electoral, la presidenta, entonces candidata -que se refirió en varias ocasiones a sí misma en tercera persona- no se mostró nada cálida. Estuvo agria. La que se trataba de afianzar como la reina del peronismo rociero frente al prototipo PP de teba, caracolillo y pantalón beige, se encontró con que Juanma, mira tú, era hijo de trabajadores y que, para cada frase de propaganda de la candidata, él traía la terca realidad. No le votaron, claro, porque aquí no se gana con debates. Nunca más se le ha vuelto a poner en una situación tan incómoda. Aquella noche no tocaba que estuviera Teresa Rodríguez, de Podemos, que le saca de sus casillas. Con ella no puede ir de «chica», como le dijo a Alsina en un momento de la entrevista, al que recordó que acababa de parir, por si le preguntaba el periodista de Madrid por su hijo. No lo hizo, afortunadamente. Le preguntó por el bloqueo a la oposición. Susana Díaz se cuida muy mucho de exponerse a preguntas incómodas. Atiende a los medios, de pie, con codazos, empujones de las cámaras, en inauguraciones, visitas a hospitales sin enfermos en pasillos o colegios sin caracolas. Hace tiempo que no se sienta en una sala de prensa para responder a los periodistas más veteranos andaluces en «ese lío» del Parlamento. Ella está para solucionar los problemas de la gente. Ese «lío», la mordaza a la oposición, ha saltado a la prensa nacional. Una grieta en la coraza de estadista y campechanía. Mintió con los fondos Jeremie. En un país serio, eso tendría un coste político. En Andalucía, la masa no sabe qué son esos fondos, ni para qué sirve el Parlamento, ni qué es la Agencia IDEA. La «gente» tiene otros problemas, como bien sabe ella, como la duda sobre quién ganará Se llama Copla. Lo que no entiendo es por qué no le han puesto ya un programa en Canal Sur, «Aló, Reina», y se deja ya de ese lío del Parlamento, que no le interesa a nadie. Y a Montesquieu que le vayan dando. Qué sabría él de los problemas de la gente.
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