Negocios de Chiclana La Mercería Casa Cano dice adiós

  • El tradicional establecimiento de la calle La Vega cierra sus puertas tras casi 80 años de actividad

  • La responsable del local explica que “mucha gente está más triste que yo”

Encarni Pedrero, en el mostrador de su mercería sin género en sus estantes. Encarni Pedrero, en el mostrador de su mercería sin género en sus estantes.

Encarni Pedrero, en el mostrador de su mercería sin género en sus estantes. / Sonia Ramos (Chiclana)

Mañana de verano en Chiclana. Aun no es mediodía y hace calor. Típico de agosto. La calle La Vega es un ir y venir continuo de chiclaneros y turistas disfrutando del verano. Todo parece idílico, pero una de las arterias principales de la ciudad llora en silencio la pérdida irreparable de uno de sus comercios más antiguos. La Mercería Cano cesó su actividad recientemente por la jubilación de Encarni Pedrero, hija del fundador de este establecimiento señero.

Hoy, sin embargo, la Mercería Cano, nacida hace alrededor de 80 años, abre sus puertas tímidamente para la ocasión. Allí, Encarni espera a este medio para repasar anécdotas, historias y vivencias. Pero no está sola ni mucho menos. La entrevista es interrumpida en multitud de ocasiones por clientes, amigos y conocidos que son incapaces de pasar por la esquina de la calle La Vega con Corredera Baja sin saludar a Encarna e insistirle para que no lo deje.

“¡Hay gente aquí (señalando a sus amigas, que atienden a las explicaciones de la última dependienta del local) más triste que yo!”, dice entre risas. La razón es obvia: la mercería se convirtió, con el paso de los años, también en un punto de encuentro para allegadas que entablaban conversación mientras cosían. “Me dicen que ya no bajan al centro, ¿para qué si la mercería está cerrada?, apunta Pedrero.

Encarni no pierde la sonrisa de pie, apoyada en un mostrador que tiene en su extremo diestro una máquina de coser. Es prácticamente lo único que queda en ese lado de la tienda, mientras que, en el otro extremo, se pueden contemplar cajas donde apila el género sobrante. “Tengo 71 años y estoy con la mercería a mi cargo desde mediados de los 80”, indica. “A partir de ahora todos los días serán domingo y no tendré obligaciones”, comenta.

La línea sucesoria se corta en la familia de los ‘Canito’. La hija de Encarni no seguirá sus pasos: “Tiene que hacerse cargo de su familia y esto no da dinero como antes por la presencia de las grandes superficies...”. Antes de terminar la frase, sus amigas le cortan. “¡Los grandes han podido con esto porque tú les has dejado!”, le reprochan con cariño.

Y es que la mercería que regentaba José Pedrero Cano ha tenido clientes de todas las edades y procedencias. Y eso ha provocado, como es lógico, un importante reguero de anécdotas. “Mi padre era un tipo bastante especial, con carácter, que decía las cosas por su nombre”, afirma Encarni. “Una vez entró una mujer preguntándole si conocía la colonia de Paco Rabanne; al responderle de manera negativa, la mujer le comentó que era una fragancia muy famosa y él, ni corto ni perezoso, le explicó que en Chiclana, el que era famoso era Paco ‘El Chícharo’, en referencia al mítico cofrade de la Hermandad del Nazareno”. sentencia.

Del mismo modo, Encarna confesaba que había visto a su padre proferir un rotundo “¡no hay!” antes de que un cliente cruzara el umbral de su puerta porque “había visto a esa misma persona entrar en la competencia”.

Por tanto, la Mercería Cano no ha tenido especiales problemas para subsistir por falta de clientes ni mucho menos. “Aquí ha venido gente de toda España, sobre todo por los encajes de guipur, que han sido una de mis especialidades estos años y muchos, cuando se han enterado del cierre, también han lamentado mi marcha”.

Y es que la Mercería Cano, esa que soportó las riadas de 1965 (“¡el agua llegó a tapar toda la puerta de entrada de la tienda!”) y de 1996, esa que es un comercio “de los de toda la vida y puedes encontrar todo lo que desees”, no volverá a atender a la ciudad de Chiclana. La calle La Vega llora su ausencia y, las amigas de Encarna, a las que le falta algo que hacer por el centro, también.

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