Cádiz CF Un pequeño frenazo

  • El conjunto gaditano sufre una ralentización reflejada en los siete puntos extraviados en los tres encuentros consecutivos sin vencer y en la repentina enemistad con el gol

Salvi trata de marcharse de un contrario durante el encuentro contra el Almería. Salvi trata de marcharse de un contrario durante el encuentro contra el Almería.

Salvi trata de marcharse de un contrario durante el encuentro contra el Almería. / Jesús Marín

El Cádiz CF pasó de no ganar a ganar y ahora vuelve a no ganar. Así de dura es la Liga. El péndulo se mueve de un lado a otro como una explicación fehaciente de lo difícil que resulta mantener el estado de regularidad. De nuevo toca un periodo de sequía. Llega un pequeño frenazo que no altera la autoestima. Los de Álvaro Cervera están dispuestos a no levantar el pie del acelerador, que sigue a fondo para volver cuando antes a la senda victoriosa. El rendimiento del equipo no tiene nada que ver con el de los albores de la campaña. Es mucho más fiable en el presente.

El conjunto amarillo encadena tres partidos sin esbozar la sonrisa que va aparejada al triunfo. Derrota ante el Osasuna en El Sadar, empate en casa frente al líder Granada y equis en el terreno del Almería. Eso sí, suma dos citas sin derrota, un hecho nada desdeñable que refleja el espíritu de lucha de un equipo que, salvo excepciones, acostumbra a presentar batalla en cada encuentro. Otra cosa es el resultado, que no acompaña del todo desde las campanadas que inauguraron 2019.

La victoria es un activo ausente en el nuevo año, aunque no hay razones que hagan saltar la alarma pese a que el Cádiz haya capturado sólo dos puntos de los últimos nueve. Los siete puntos que han volado ralentizan la marcha y sitúan a los amarillos en la realidad de una Liga de pronóstico incierto. ¿Hasta dónde serán capaces de llegar? ¿Lograrán mantenerse en la dura contienda por un billete para la fase de ascenso o se quedará a mitad de camino en tierra de nadie?

El frenazo súbito después del empacho de puntos en la recta final de 2018 tiene relación directa con la repentina sequía goleadora. No es habitual este curso que la escuadra entrenada por Álvaro Cervera se quede sin marcar dos partidos seguidos. La única vez, antes de enlazar las dos igualadas a cero ante el Granada y el Almería, sucedió en la jornada séptima y en la octava, enfrascado en su peor momento, cuando perdió en casa frente al Alcorcón (0-2) y cayó 1-0 en la visita al Tenerife. Ni en la etapa más delicada estuvo más de dos duelos seguidos sin perforar la portería contraria.

La falta de gol en las dos citas más recientes obedece a una dificultad puntual si se tiene en cuenta que el Cádiz cerró la primera vuelta como el tercer máximo anotador del torneo con 28 tantos. Salvo que el atasco se prolongue en los siguientes compromisos, no sería justo establecerlo como un problema de largo recorrido. El Cádiz ha demostrado hasta la fecha que tiene soluciones para trabar amistad con el gol. Hasta 13 jugadores han anotado al menos una diana en lo que va de Liga.

No es menos cierto que si quiere dar un paso más en el tramo definitivo de la temporada quizás le convenga contar con al menos un refuerzo en la delantera. Hasta el día 31 está abierto el mercado de invierno, aunque la prioridad señalada por el club es la incorporación de uno o dos futbolistas de banda.

En el estadio Juegos del Mediterráneo, en un encuentro con escasas llegadas peligrosas a las dos áreas, los gaditanos no vieron la luz en ataque pero fueron capaces de generar ocasiones suficientes como para haberse llevado los tres puntos, en especial en el segundo tiempo. El penalti desperdiciado por Álex Fernández en la primera parte, el mano a mano que Salvi envió fuera –en la segunda mitad-, el cabezazo de Iván Kecojevic en la dirección adecuada que René desvió a córner, el zapatazo colocado de Manu Vallejo que se marchó cerca de un poste en la última acción del partido…

A falta de goles, el Cádiz cierra su portería con eficiencia. Dos partidos sin marcar y dos sin recibir un tanto. Después de aquel nefasto choque en El Sadar –no cayó una goleada de milagro-, el equipo se rearma en torno a un entramado defensivo capaz de reducir a cenizas las cualidades atacantes del adversario. El Almería sólo consiguió conectar un disparo en noventa y tantos minutos. La semana anterior, el Granada apenas abandonó su parcela en toda la segunda parte.

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