Dos vidas apasionantes en una sola

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Antonio Castillo Rama, profesor y ex concejal de Cultura

Ha cumplido 40 años como profesor del colegio Salesianos

Fue concejal de Cultura con el PP durante cuatro legislaturas (1999-2015)

Antonio Castillo en el colegio Salesianos, donde imparte clases desde 1978. / Jesús Marín
J.m. Sánchez Reyes

30 de septiembre 2018 - 01:32

Pocas son las personas que tienen la suerte de vivir dos vidas, a cual más apasionante. En el caso de Antonio Castillo, cuarenta años de docencia y 16 de concejal. Dos actividades que pudo compaginar porque si algo tuvo claro desde joven es que la política "no debe ser una profesión y sí un servicio a la ciudadanía". Por eso, en sus cuatro legislaturas como concejal de Cultura en el Ayuntamiento de Cádiz nunca dejó de dar clases. Siendo edil, redujo en horas su actividad como profesor, pero retomó la jornada completa cuando acabó su etapa política en 2015. Cumplió hasta el final con sus principios, lo que le honra.

Sus dos pasiones merecen ser contadas por separado. Siendo escrupulosos con el orden cronológico, fue profesor antes que político. En su Antequera natal se diplomó por Magisterio y, gracias a su vinculación con Cádiz (una tía suya vivía aquí) aprovechó en septiembre de 1978 una oferta del colegio Salesianos para dar clases. Solo unos meses antes había acabado la carrera. Aterrizó en un centro en el que ha cumplido 40 años y ha impartido clases a miles de alumnos. "He estado en todos los niveles educativos y ahora doy Geografía e Historia en Secundaria y Bachillerato", apunta. Su longeva carrera le ha permitido lidiar con todas las leyes educativas de la democracia. "No ha cuajado ninguna porque no hemos entendido que la educación, como la sanidad, deben ser un Pacto de Estado, ajenas a las cargas ideológicas", reflexiona. Le ha tocado vivir tiempos en los que el maestro era una figura respetada y una época, la actual, en la que está en entredicho. "En general se respeta menos la figura del profesor. Y el respeto, la educación, la ayuda, la comprensión.... no son valores que estén al alza, pero no queda otra que seguir trabajando porque son claves para la convivencia", señala. Reconoce que son malos tiempos para los docentes "a pesar de que hay más recursos y menos alumnos por aula". Dice que la llegada "de sopetón" de la tecnología, con las redes sociales a la cabeza, ha influido en los jóvenes, un asunto que "familias y profesores tienen que canalizar porque puede hacer mucho daño mal utilizada". Dicho esto, Antonio Castillo afirma que "sigue siendo bonito dedicarse a la enseñanza".

Su vinculación a la política nace en aquellos trepidantes años posteriores a la Dictadura. Castillo se ligó desde joven a la Democracia Cristiana y formó parte del Partido Demócrata Popular (PDP), llegando a ser miembro del Consejo Político Nacional. "Para hacernos una idea, en Alemania hubiese estado yo en el partido de Ángela Merkel. Siempre me pareció el humanismo cristiano lo mejor para la política. Esto es, el ser humano como eje de la acción política", afirma. Llamándose ya Democracia Cristiana, el partido se disolvió en 1989 y la mayoría de sus dirigentes y miembros se integraron en el Partido Popular (PP). Ya en esta formación, Castillo llegó a ser en Cádiz presidente local, en los 90, durante seis años. En las municipales de 1999 fue incluido en la lista y fue elegido concejal, encargándose de la Delegación de Cultura hasta acabar su cuarta legislatura en junio de 2015. "Fue una experiencia magnífica. Para repetirla, pero volviendo atrás en el tiempo porque segundas partes nunca fueron buenas", admite.

Dice que Cádiz "tuvo un gran impulso cultural" durante su mandato. "Se abrieron nuevos espacios culturales como el ECCO, el Reina Sofía, la Biblioteca de Extramuros, el Teatro del Títere y el yacimiento fenicio Gadir", indica. Aquí, en Gadir, hace una parada. Es de lo que se siente más orgulloso por lo que costó abrirlo. "Posiblemente si yo no hubiera sido profesor de Historia no se hubiera excavado en San Miguel", asegura. Cita a Estrabón, geógrafo e historiador griego, como clave en esa aventura. "En sus fuentes se describe dónde estaba el Gadir fenicio. Los arqueólogos coincidían conmigo. Y Estrabón estaba en lo cierto", dice. Curiosamente "las primeras catas arqueológicas fueron un fracaso", recuerda. En las posteriores se pudo dar con el sitio concreto.

Habla del reto del Bicentenario y de dos logros para Cádiz: las exposiciones del pintor Oswaldo Guayasamín y del Señor de Sipán, el gran hallazgo arqueológico de Perú. En aquella efeméride de 2012 "nos tuvimos que apañar con los recursos municipales por culpa de la escasa ayuda de otras instituciones".

Ahora contempla desde lejos la gestión cultural de la ciudad. "No deben dar una concejalía de Cultura a quien no tiene conocimientos. Cada vez se programa menos y se han perdido la Música en Cuaresma, el Concurso por Alegrías, los premios Cortes de Cádiz y los Conciertos para la Libertad. Esto iba a ser una revolución y está siendo una involución", destaca.

Con las elecciones municipales casi a la vuelta de la esquina, Castillo entiende la situación de su partido, el PP, en la ciudad como un proceso de "revitalización". Estima que el periodo posterior al mandato de una figura como Teófila Martínez "siempre se hace cuesta arriba, pero se están poniendo los medios para readaptarnos como ocurre en Madrid con Pablo Casado". Ahí, en el ámbito nacional, Castillo reconoce que "la corrupción nos ha hecho mucho daño, como le ocurrió a Felipe González".

No echa de menos la política. Ni quiso aferrarse. Se despide con claridad: "En el momento en el que dependes de la política eres esclavo de la misma. Hay que tener preparación y un trabajo aparte para ser libre y poder irte cuando quieras. Hay que servir y no servirse. Con eso siempre fui contundente". Y que lo diga.

De Antequera a Cádiz en 1978

Nació en Antequera (Málaga) el 18 de marzo de 1958. Hijo de un peón de Renfe y de una ama de casa. Antes de establecerse en Cádiz para siempre, ya visitaba, desde los seis meses, la ciudad porque su tía residía aquí. Estudió en su localidad natal hasta 4º de Bachillerato en el colegio de La Salle. 5º y 6º lo hizo en la Universidad Laboral de Sevilla merced a una beca. Volvió a Antequera para hacer COU y estudiar Magisterio. Acabó la carrera en junio del 78 y en septiembre entró a trabajar en el colegio Salesianos de Cádiz, donde permanece como docente, impartiendo Geografía e Historia en Secundaria y Bachillerato. Demócrata cristiano convencido, en 1989 se unió al PP a la vez que su partido, el PDP. De 1999 a 2015, cuatro legislaturas, fue concejal de Cultura en el Ayuntamiento de Cádiz. Está casado con Remedios Pozo. Tienen dos hijos: Antonio Luis y Pablo Samuel.

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