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Recuerdos

Aquel verano de 2003

  • El continente entero se asó de calor y Aznar marcó el futuro de España

Alfredo Galán, el asesino de la baraja, el día en que se entregó. Alfredo Galán, el asesino de la baraja, el día en que se entregó.

Alfredo Galán, el asesino de la baraja, el día en que se entregó. / efe

Aquel verano tuvo que ser horroroso. Uno no recuerda, por fortuna, los calores que pasa y siempre cree que ese día en que no respiramos bien es el más caliente de nuestra vida, como los más viejos de los pueblos de montaña declaran cada año a la televisión que no recuerdan un invierno más crudo. Pero dicen las crónicas que los meses del verano de 2003 marcaron el estío más caluroso de la historia. Y no sólo en el sur, sino en toda Europa. En Francia, más de 3.000 personas murieron por causas atribuibles a la ola cálida, en el Reino Unido se registró la temperatura más alta de siempre, 38,5 grados en Brogsdale. En los Alpes, algunos glaciares se fundieron. Total: casi 90 días de temperaturas mínimas tropicales. Un infierno, dicen. Si no lo recuerdan tan horrible, no se preocupen, parece que es normal.

Por aquellos días, la gente tenía otros motivos de preocupación. La historia negra de España se había visto sacudida desde primeros de año con el llamado asesino de la baraja, un siniestro y narcisista personaje que cometió seis asesinatos y otros tres intentos, y acostumbraba a dejar junto a sus víctimas un naipe. El 2 de julio de ese año Alfredo Galán, su nombre verdadero, se entregó voluntariamente, después de una espiral homicida que sembró el pánico en las calles de Madrid durante seis meses. Había estado como soldado profesional en Bosnia y de allí se trajo un fusil Tokarev y una mente tan transtornada como para confesar que no sentía nada al matar.

Quizá por reacción contraria, la música que sonaba y que la gente bailaba o coreaba tenía un tinte optimista realmente propio del verano. Valgan como ejemplo de Jarabe de Palo y, por supuesto, de Diego Torres. El Papi Chulo de Lorna era otro de los temas reyes de la estación. No todas estas canciones hicieron historia. Tampoco pasará a los anales del cine como una obra maestra la primera de , que llevaba por subtítulo , pero desde luego sí como una de las sagas más taquilleras, que ha dado lugar hasta ahora a cinco películas.

En política, España asistía al final de agosto a uno de esos relevos aparentemente anodinos, por la personalidad de los protagonistas, pero que sería determinante a la larga para la historia del país: José María Aznar designó como su sucesor por el método del dedazo a Mariano Rajoy, que había ganado esa lucha interna a Rodrigo Rato. Es curioso recordar ciertas cosas.

Por otro lado, fue un año de grandes despedidas. La música dijo adiós a Compay Segundo y Celia Cruz, a Imperio Argentina y a Barry White. Y a Fernando Arbex, o sea Los Brincos y Barrabás.

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