Taberna de Cádiz con 115 años de antigüedad busca quien la reabra
Antes de su reciente cierre, La Carbonera tuvo al menos tres etapas desde que José López Rodríguez se viese obligado a abandonarla en 2015 y un año después la recuperasen Germán Lloret y Pepe Moreno
El Grupo Burlesque de Cádiz cierra dos de sus bares y el restaurante del mismo nombre en Plocia
Un bache insuperable
Acaban de volver a cerrar las viejas puertas rojas de La Carbonera, la que puede que sea hoy uno de los locales dedicado a taberna más veterano de Cádiz, con 115 años de antigüedad, como consta en su fachada: fundada en 1910. Se cumplen así casi diez años desde que en 2016 fuese recuperada por dos jóvenes empresarios gaditanos, Germán Lloret y Pepe Moreno, después de que José López Rodríguez, más conocido como Pepe de La Carbonera, un vejeriego de La Muela, se viese obligado a cesar su actividad en 2014 a causa de la subida de los alquileres que conllevó un año después la Ley Boyer.
Antes de que la adquiriese el Grupo Burlesquehubo otra etapa en la que la regentaron Pepe Moreno y José Manuel Cifuentes, quienes posteriormente llegaron a abrir un local con el mismo concepto en el Paseo Marítimo, La Carbonera Beach, que también terminó siendo adquirida por Antonio Márquez Varela. Fueron ellos dos, pero sobre todo el barbateño José Manuel, que se hizo cargo posteriormente en solitario del establecimiento, quien apostó por las conservas y salazones de atún rojo de almadraba de su tierra, concretamente de Gadira, marca a la que le unen lazos familiares. Fue una época en la que la taberna se hizo muy popular entre una clientela mucho más joven que la original que disfrutaba de una amplia terraza donde no faltaban las actuaciones musicales, con especial predilección por el flamenco y por el Carnaval. Después de la pandemia, tuvo que dejarla.
Situada en el callejón de San Fernando, esquina con Marqués de Cádiz, junto al edificio Amaya de la Plaza de San Juan de Dios, la taberna nació al final de la primera década del siglo XX, ocupando el local que antes albergaba una carbonería. Y de venderse carbón y cisco, allí pasó a servirse manzanilla San León, fino Arroyuelo, amontillado y moscatel Gloria y de pasas que manaban de las canillas de la andana de botas que presidía el local. Desgraciadamente los barriles no eran propiedad ni de Pepe ni del dueño del local, así que cuando cerró, se las llevaron de vuelta las bodegas.
"Yo sólo llevo aquí doce años, pero esto tiene una clientela muy fiel, un público al que yo estimo y que a partir del 1 de enero no podrá venir. Ni yo podré trabajar aquí", lamentaba Pepe de La Carbonera en 2014, en declaraciones a Diario de Cádiz. Tenía entonces 61 años. Empezó a trabajar con tan solo nueve, siempre en el mundo de la hostelería. Eran tiempos difíciles. "Yo era el segundo de diez hermanos y había que trabajar", relató entonces a este periódico.
Después de su cierre el 1 de enero de 2015 le sucedieron Germán Lloret, con una larga trayectoria en hostelería y que había gestionado durante algún tiempo la bodega Los Apóstoles en la Cuesta de Las Calesas y luego La Mentirosa, en El Mentidero, y Pepe Moreno, que había trabajado con él.
La Carbonera mantuvo intacta y restaurada su barra de madera de caoba y también su techo de vigas vistas, a la vez que se rehabilitó su aljibe. Las viejas botas de vino a granel las sustituyeron pequeños barriles, pero mantuvieron el Arroyuelo, el fino de las bodegas Collantes de Chiclana, que caracterizaba al local, e introdujeron manzanilla a granel de Argüeso. También conservaron los grandes ventiladores que colgaban del techo. Una colección de dibujos en los que un buzo como de una novela de Julio Verne recorría Cádiz, brindando en la taberna, en la Puerta de La Caleta y en otros lugares emblemáticos de la ciudad adornaban las paredes y junto con pequeñas plantitas crasas sembradas en tapones de corcho le daban un ambiente bohemio. Con la llegada del Grupo Burlesque volvieron a la decoración las imágenes originales de la Semana Santa de Cádiz.
En lo gastronómico, para acompañar a los vinos de barril, en La Carbonera se podía picar a base de tapas típicas de las tabernas como las chacinas y los quesos, que se complementaban con ensaladas y aliños, algunas tostas, montaditos y algunos guisos de cuchara. Pero lo que más la caracterizaba era que también servía algo que apenas si queda ya en los bares de Cádiz: el típico marisquito gaditano, compuesto de camarones y burgaíllos servidos en sus correspondientes cartuchitos de papel de estraza, además de gambas y mejillones y, en algunas ocasiones, langostinos.
Ahora, este local con 115 años de antigüedad busca quien sea capaz de reabrirla y de mantener su esencia en una ciudad en la que salvo la mítica La Manzanilla, que regenta Pepe García en la calle Feduchy, ya no quedan viejas tabernas.
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