El pulmón de la ciudad pierde a la mitad de su gente
La crisis se ha llevado por delante, en cinco años, a la mitad del empleo en los establecimientos El sector busca nuevos clientes fuera de la ciudad
Está en los libros que el comercio siempre ha sido el pulmón de la ciudad. Allí ha estado, impulsando energía, en los tiempos más brillantes y también en los tiempos más trágicos de la vida de Cádiz. Ahora toca lo segundo. Y toca como nunca ha tocado. Porque ni los más viejos del lugar, ni aquellos comerciantes que son hijos y nietos de comerciantes, recuerdan una época tan negra como la que ahora arrasa a la economía y a la sociedad española, y con ella, a la economía y la sociedad gaditana.
El comercio tradicional ha sido y es una de las señas de identidad de Cádiz. Los grandes del negocio con apellido gaditano, junto a las grandes firmas nacionales, han convivido durante décadas hasta convertir el casco histórico en visita obligada para quienes, desde todos los puntos de la provincia e incluso desde más allá de sus límites, buscaban calidad en la compra de ropa, de zapatos, de regalos, de libros...
Ahora todo ello está en el aire. La crisis global iniciada hace ya un quinquenio ha tocado de forma muy directa al consumo de todas las familias españolas. En la provincia hay 209.000 desempleados de los que 17.000 aguantan en Cádiz capital. Número que no consumen, o por lo menos que mantienen una economía de guerra.
Y si no hay consumo y no hay ventas, o se reducen casi al mínimo, no hay capacidad para mantener el empleo y la gente del sector comienza a sufrir los rigores del desempleo.
Es lo que está pasando en el comercio tradicional de Cádiz. Cierto es que ni las asociaciones del sector ni las administraciones públicas disponen de un censo contrastado tanto de empleo como de número de negocios, pero sí se manejan cifras muy aproximadas de lo que supone el comercio para la ciudad.
Así, se calcula que antes del inicio de la crisis económica la ciudad contaba con unos 1.800 comercios (tradicionales, sin incluir grandes y medianas superficies y sin contar también con bares y restaurantes). La mitad de estas tiendas se concentraba en el casco antiguo de Cádiz. En aquel momento, las asociaciones consideraban que cada local tenía una media de 2,5 empleados, lo que suponía unos 4.500 empleos: es decir, la principal empresa de la ciudad.
Apenas seis años más tarde se considera que la crisis se ha llevado por delante, en toda la ciudad, cerca de medio millar de tiendas y que, además, la tasa de empleo por cada negocio se ha reducido hasta 1,5, lo que rebaja el total de empleo a unas 2.100 personas.
Hay que tener en cuenta que esta cantidad sube de forma notable incluyendo a quienes trabajan en el centro comercial de El Corte Inglés y en las franquicias y cadenas nacionales, aunque en la mayor parte de ellas el empleo también se ha reducido en estos años.
Con estos datos no es de extrañar que muchos comerciantes reconozcan ya públicamente que están viviendo una crisis nunca conocida, cuando es un colectivo que en su mayoría acostumbra a mandar un mensaje de optimismo. Incluso algunos de ellos han tenido que utilizar su patrimonio familiar para tapar las pérdidas mensuales de sus negocios y evitar, en la medida de lo posible, la reducción de personal e incluso el temido cierre.
El Ayuntamiento, las asociaciones del sector y otras instituciones relacionadas con el mismo han comenzado a trabajar en la elaboración de un plan de promoción del comercio tradicional más allá de Cortadura y la búsqueda de medidas para revitalizar lo que hoy sigue abierto, de acuerdo con lo que se trató en una mesa del comercio extraordinaria celebrada esta semana.
Hay que tener en cuenta que Cádiz tiene una oferta de comercio tradicional muy por encima de sus necesidades. El sector considera que 'su' clientela se limita a unos 40.000 vecinos de los 123.000 que tiene la ciudad. Por eso urge recuperar la imagen de capital del comercio que tuvo en su día y atraer de nuevo a consumidores de otras localidades.
El sector reclama también otras medidas: una mejor política de aparcamientos, con precios más asequibles y plazas gratuitas; más iluminación, limpieza y seguridad; más control respecto a los locales que están vacíos y ofrecen una imagen de abandono; y la colaboración en programas de dinamización callejera, aunque en este sentido ya se está trabajando en la organización de actividades lúdicas en el mercado de abastos, aprovechando el éxito de la nueva zona de restauración allí abierta.
También te puede interesar
Lo último