El puente 'pi', la pasarela 'y' y los calzoncillos de un culturista
Empiezan a desfilar por el escenario los proyectos premiados en la Bienal de Cádiz
¿Cómo transforma la arquitectura el paisaje? Tres estudios de arquitectura desfilaron para explicar algunas de las obras más ingeniosas de los últimos dos años con el denominador común de una acción sobre la naturaleza, un reto ante ella.
Joao Louis Carrilho de Graça salvó en Covelha, un pueblecito a los pies de la montaña más alta de Portugal, 225 metros de vacío y 70 metros de caída sobre el río Carpinteira para unir el centro histórico de la localidad de su suburbio. Reconoció que tuvo una idea y, a continuación, pensó que era imposible. Era un puente inspirado en la representación del número 'pi', con un zigzagueo más dos pilares que las enredaderas esconderían con el tiempo. El resultado parece una gran viga que en muy poco tiempo se ha convertido en un icono del lugar y un magnífico mirador.
La pasarela del estudio de Carlos Pereda que une el Baluarte de Lebrit y el fuerte de San Bartolomé en Pamplona ganó el concurso de arquitectura organizado por el Ayuntamiento por ser el único que no daba una solución lineal al problema. Esto es, una pasarela es una pasarela, ¿no? Pereda y su socio Óscar Pérez se rompieron un poco más la cabeza y organizaron para salvar los cuatro metros de desnivel topográfico una 'y' griega que resultó ser mucho más eficiente que todos los demás proyectos. Eficiente quiere decir que era también más barata. Un ejemplo de singularidad al servicio de la contención. No sé si Calatrava ha oído hablar de esto.
Por último, la pareja mexicano-española de arquitectos Eduardo Cadaval y Clara Sosa-Morales mostraron su ingeniosa aportación a un parque en Tepoztlan, un lugar montañoso cercano al asfixiante Distrito Federal en el que están proyectados bungalows dispersos que serán acogidos por un territorio escarpado. Su tarea era hacer un lounge, 'el recibidor'. Con la forma del calzoncillo de un culturista, los arquitectos dividieron tres espacios cerrados para las inclemencias del tiempo y un lugar común donde un árbol centenario se integra dentro de la construcción, para la que se eligió hormigón blanco. Delante, una piscina en forma de huevo. Dicho así, puede parecer una obra excéntrica, pero el resultado es todo lo contrario. Es una invitación a la vida en la naturaleza. Porque, dijo Cadaval, las soluciones, como en Siza, son las sencillas: "Si somos humildes, todo deja de ser difícil".
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