El pavo saca pecho ante la crisis

El Paseante

El ave más tradicional en fechas navideñas recupera su sitio y gana el pulso, por barato, al cabrito y al cordero l El Mercado Central, desangelado ayer, ofrece marisco sin subir los precios

Un pescadero a la espera de clientes ayer en el Mercado Central.
Un pescadero a la espera de clientes ayer en el Mercado Central.

23 de diciembre 2010 - 01:00

No parecía que faltaran sólo dos días para Nochebuena. El Mercado Central no mostraba ayer el bullicio que se le presupone en estas fechas tan señaladas. Era miércoles 22 de diciembre, ahí es nada. Además de la crisis, compañera habitual de nuestras vidas, dos razones se unían a la descorazonadora imagen de la Plaza de Abastos. El tiempo no acompañaba ni dentro ni fuera del recinto. En el exterior estaba lloviendo. En el interior, la lluvia molestaba en los espacios abiertos que un arquitecto de ingrato recuerdo para los detallistas quiso diseñar. De hecho, a las seis y media de la mañana tuvieron que intervenir los bomberos tras desprenderse varios toldos con peligro para los puestos.

"¿Quién va a comprar aquí con este viento?", decía Luisa Flores señalando un lugar en el suelo, ante su puesto de frutas, donde llegaba el agua. Tiempo húmedo, bolsillos secos. "De momento, la cosa está fría. Hace cinco años, un día así estaría la Plaza hasta la bandera", apuntaba Esmeralda Remesal entre pollos, rollos de carne y Sanjacobos. "Se ve que no hay dinero. Se nota la crisis a peor", comentaba, unos metros más allá, Enrique Santi, de La boutique de la carne. Ambos coincidían en el resurgir del pavo como rey de la cena de Nochebuena. "Muchos de los clientes que se llevaban cabrito o cordero, han optado por el pavo fresco", reconocía Enrique. Esmeralda, mostrando un ejemplar desnudo y en posición voladora, vende el pavo a 4,5 euros el kilo. Es el precio medio de este ave en el Mercado del casco antiguo. "Las piernas de cordero las tengo a 14 euros el kilo y las chuletas, a 18", decía Pedro Fernández 'El Melu'. No hay color. El pavo se impone. A juicio de este carnicero, "las ventas están de pena".

Luisa Flores estaba vendiendo "muchos pimientos coloraos para los guisos y mucho puchero" para la noche de mañana. Manda la tradición con la sopa como entrante. Antonia, clienta de Esmeralda, se ha decantado por una crema de calabazas, un pescado al horno "y se acabó", como cantaba María Jiménez. Dijo que será una cena "económica y sana, que no conviene comer mucho de noche. Lo importante es que estaremos todos".

No había mucha gente, aunque, como admitían algunos detallistas, el consumidor se ha acostumbrado a comprar con tiempo y congelar sus vituallas, evitando encontrarse con la subida típica de los precios en Navidad. No ocurre esto en la Plaza. Compradores y vendedores coincidían en que los precios están como los sueldos: congelados. "Están asequibles", afirmaba una previsora Emilia García, que optimizando como nadie sus escasos recursos de pensionista, compró poco a poco desde agosto para no llevarse sustos de última hora. "No he subido las tarifas". David Arzúa, pescadero, ofrece una merluza de dos kilos entre 8 y 10 euros para cuatro o cinco personas. Más barata que la urta o la lubina, otrora estrellas de la Noche de Paz. "Eso sí, la clientela mira y compara mucho los precios. Se supone que mañana -por hoy- se deben notar las ventas porque es cuando se empieza a guisar para la Nochebuena", argumentaba. Advertía de una subida del marisco entre hoy y mañana. La causa, los temporales que han impedido a distintos medios de transporte traer género a Cádiz. Fali Verdugo, del mismo gremio que Arzúa, plantaba un órdago: "Tengo los precios más bajos que nunca. Otros años he vendido urtas a 24 euros y ahora las tengo a 16".

Otro pescadero, otro Arzúa. Rafael, en este caso. Tiene puestas sus esperanzas en los mejillones, a tres euros el kilo. "Es el marisco principal de las fiestas y están igual o más baratos que el año pasado", defendía. Los mejillones, junto a las almejas, es lo último que se compra para la Nochebuena al requerir frescura. Kiki Alfaro vende a 11 euros el kilo de bocas. "Buen precio, se lo aseguro", insistía. Por contra avisó de la "subida espectacular", de hasta 10 euros más, de especímenes vivos como los cangrejos, los bueyes de mar o las nécoras. "Aquí, lo que están buenos son los burgaíllos", apuntaba Ana Sánchez, clienta habitual de Alfaro, que no ha notado incremento en el precio del marisco.

Junto al puesto de frutas de José Luis Paramio, presidente de los detallistas, pasaba un hombre empujando una carretilla y pregonando sus penas: "¡Qué ruina desde que nos vinimos aquí, no ha parado de llover!". Es cierto. No hubo suerte en el traslado de la carpa provisional al Mercado remodelado. En plena crisis, con dos navidades lluviosas y con unas instalaciones que no han convencido a los vendedores. Paramio hacía referencia al incidente matutino con el temporal y los bomberos. "Ya dijimos que esto no era viable. Tienen que ocurrir estas cosas para que se den cuenta", decía enfadado. Y 'profetizó' asegurando que "esto no es nada, ya veremos los desperfectos cuando llevemos aquí cuatro o cinco años". Después de un año, no acaban de estar contentos en el Mercado Central.

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