El patrimonio de la Iglesia

El obispo que quiso tirar la Catedral

  • Vicente Calvo y Varelo propuso derribar el templo, junto a Santa Cruz, la Contaduría, el colegio de Santa Cruz y su propio palacio para levantar un nuevo seminario y una residencia para él

La Catedral Vieja y el edificio de la Contaduría La Catedral Vieja y el edificio de la Contaduría

La Catedral Vieja y el edificio de la Contaduría / Joaquín Hernández Kiki

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Vicente Calvo y Valero, sevillano de nacimiento, fue obispo de la diócesis de Cádiz durante catorce años, hasta su fallecimiento en 1898. Aunque no fue un mandato largo en el tiempo sí dejó huella en la ciudad, tanto por su labor eclesiástica como por su implicación en la vida social y política de Cádiz, inmersa ya en una profunda crisis económica. Ahí está por ejemplo, su participación en una marcha a Madrid, integrada por los apellidos de referencia de la ciudad, para reclamar la construcción de un astillero en la ciudad en 1888, a pesar de su delicado estado de salud.

Pero en su labor como obispo hay una historia escasamente conocida que ahora han recuperado Pilar Ruiz y Juan José Jiménez Mata en el segundo tomo de su Historia Urbana de Cádiz, un libro indispensable ya para cualquier biblioteca que se precie sobre nuestra ciudad: la intención de derribar la vieja catedral de Cádiz y otros edificios anexos para reordenar los espacios propiedad de la Iglesia en la ciudad.

Hacía pocos años que la Catedral Nueva había abierto sus puertas, tras una accidentada construcción, a la vez que se estaba inmerso en un proceso de derribo de los edificios que estaban frente al templo a fin de crear la que hoy es la plaza de la Catedral.

Una crónica publicada por Diario de Cádiz en marzo de 1885, cuando Calvo y Valero apenas llevaba un año al frente de la diócesis gaditana, informaba sobre una reunión del cabildo de la Catedral.

El cronista resaltaba que "el obispo manifestó su propósito de llevar a cabo la construcción del sagrario de la Catedral. Cuenta para ello con importantes cantidades de dinero donado para este fin. La parroquia del sagrario, actualmente instalada en la Catedral Vieja, sería llevada a la iglesia de Santiago, mientras que la Catedral Vieja y sus anexos, el colegio de Santa Cruz, la Contaduría y del cabildo eclesiástico y el palacio obispal serán demolidos y levantados nuevos edificios para el Seminario y la morada del prelado". La misma crónica informaba que "en el edificio que hoy ocupa el Seminario (el actual de la calle Compañía), serán abiertas unas escuelas para enseñanzas de los obreros, al estilo de las existentes en Pamplona".

La obra tenía un calado espectacular para la trama urbana de la ciudad, entonces constreñida a lo que hoy el casco antiguo. Se llevaba por delante edificios de un valor histórico y patrimonial único, entre ellos algunos de los más antiguos de la ciudad lo que sin duda, afortunadamente, dejó a un lado la operación. Abandonada esta idea, el obispo sí optó por acometer obras de mejora en el edificio del Seminario Diocesano.

Uno años antes, el obispo Juan José reclamó al alcalde de la época el derribo de "las casuchas que rodean a la Catedral", afirmando que todo era un "estercolero de inmundicias, abrigo de contrabando, teatro de escenas indecentes". Llegaba a afirmar que él mismo vivía en "un viejo mesón". Eran los tiempos en los que la plaza estaba por crear.

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