"Estamos muy necesitados de reconocimiento de autoridad"

Un profesor que fue amenazado de muerte por el padre de un alumno aplaude la Ley propuesta por Esperanza Aguirre, aunque critica que no se incluya en ella a los docentes de los centros concertados

Un profesor de Matemáticas escribiendo en una pizarra.
Un profesor de Matemáticas escribiendo en una pizarra.
Beatriz Estévez / Cádiz

17 de septiembre 2009 - 01:00

"Supondría un freno ante las agresiones de alumnos y padres a profesores", opina un docente sobre la Ley de Autoridad del Profesor anunciada el martes por la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre. La vida de ese docente fue amenazada por el progenitor de uno de sus alumnos y, aunque hoy le resta importancia a ese hecho, reconoce que durante algunos días iba con los ojos bien abiertos por la calle. Temeroso.

El docente imparte clases en un colegio de la provincia gaditana. Un colegio público, no. Uno concertado. Algo que él resalta porque le ha molestado que la futura norma propuesta por Aguirre sólo vaya destinada a los profesores que trabajan en centros públicos madrileños. "Es una discriminación hacia el profesorado que trabaja en colegios concertados, pues en esas escuelas también pasan cosas. Esa distinción entre la escuela pública y la escuela concertada está ya muy antigua. Todos los profesores tenemos los mismos problemas, y alumnos que faltan al respeto los hay en todos sitios. No vamos a reclamar la categoría de funcionarios, sólo queremos que se reconozca nuestra autoridad en las aulas. Y esa autoridad deriva de las funciones que desempeñamos, no de nuestra pertenencia a un centro de titularidad pública o concertada. No entiendo esa diferencia, ni el pique generalizado que existe entre ambas escuelas".

Tampoco entiende este profesional de la enseñanza que un padre pudiera llegar a amenazarle y a agredirle verbalmente. Pero esa dura y desagradable experiencia ha sabido -ha querido- convertirla en anécdota. "Mientras que sólo se acuerden de tus ancestros... Un desahogo verbal tampoco es una cosa mayor... Intento llevarme los menos disgustos posibles". Y es por ello que decidió no denunciar al adulto que se le encaró.

"En el momento -recuerda- me sentí desazonado. No entendía que me hubiera ocurrido algo así, cuando yo a lo que me dedico es a enseñar y a educar. Se remitió un informe a la inspección educativa pero finalmente decidí no denunciar. Es mejor no tentar a la suerte... Los abogados dicen que un mal arreglo es mejor que un buen pleito", sonríe. Y una vez recobrado el tono serio, añade: "Denunciar o no depende de cada persona. Hay gente a la que le resulta insufrible ser insultada. A otras, en cambio, no. Hay gente más elástica".

Y aunque 'enfadado' con Esperanza Aguirre por su discriminación hacia el profesorado de la enseñanza concertada, está de acuerdo con que se reconozca como autoridad pública tanto a los docentes como al personal de administración y servicios de los centros educativos. "Se nos debería reconocer esa autoridad. Siempre, claro, dentro de los límites del propio colegio donde trabajamos. Sería positivo que se nos considerara de una manera especial porque estamos muy necesitados de reconocimiento de autoridad".

Un reconocimiento que no sólo no obtienen por parte de muchos alumnos. Tampoco, como él bien pudo comprobar, por parte de algunos progenitores. "Puede aprobarse ésta y otras leyes, pero el reconocimiento de autoridad de los profesores debe empezar por las propias familias. Los padres son los primeros que deben respetarnos y también deben tener en cuenta que la labor de educar a sus hijos les corresponde principalmente a ellos. No nos pueden cargar a nosotros con esa tarea. En todo caso, debemos compartirla con ellos".

Y concluye con una reflexión: "He escuchado a varias madres con hijos en primero de Primaria que dicen que ya no pueden con su pequeño. Si eso es realmente cierto, apaga y vámonos".

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