'Malo sería...' el libro que ahonda en el buen Julio Malo de Molina

Homenaje

La obra, que se presenta en el Colegio de Arquitectos de Cádiz este viernes, incluye 125 artículos publicados en prensa y cartas de prestigiosos arquitectos y amigos

Julio Malo de Molina.
Julio Malo de Molina. / Lourdes De Vicente

Como agnóstico que era, Julio Malo de Molina imaginaba que el cielo debía ser como una inmensa librería junto a un bar en la que se iría reencontrando poco a poco con los suyos. En sus estantes quizás se posaría la flamante obra que acaba de ver la luz: 'Malo sería..... Julio Malo de Molina, el arquitecto del papel', fruto del metódico trabajo de su viuda, Carmen Fraisoli del Cuvillo, que tenía muy claro que este homenaje en forma de libro, esos que tanto amaba como gran lector empedernido, tenía que ser muy especial, en su concepción, aspecto y contenidos.

Portada del libro Malo sería...
Portada del libro Malo sería...

El hermoso diseño del que era su amigo Emilio Gil Cerracín, Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes, ya avanza lo mucho y bien que atesora este libro que se presenta este viernes en el Colegio de Arquitectos de Cádiz, y que Fraisoli describe como "el abrazo que Julio hubiera dado a sus familiares y amigos si le hubiera dado tiempo o si pudiera volver". Así lo cuenta en un epílogo lleno de agradecimientos a todos sus colaboradores, fundamentalmente a su editor, Eduardo Albadalejo, a sus patrocinadores, sus amigos, amigas y a aquellos expertos que han ayudado a seleccionar los contenidos a incluir, entre ellos los periodistas Juan José Téllez y Enrique Alcina, el arquitecto Augusto Penedo o Blanca Flores.

Y es que aparte de primer decano del Colegio de Arquitectos de Cádiz, el primero que lo situó en el mapa y lo colmó de prestigio, aparte de ser el arquitecto del papel, que es subtítulo del libro "porque como decía la periodista Lalia González-Santigo, ganaba muchos concursos de arquitectura con proyectos que se quedaban sólo en el papel", ríe su viuda; aparte de ser una persona muy culta, viajada, muy amiga de sus amigos y divertida en extremo, Malo de Molina era un magnífico escritor.

De todos sus artículos recopilados, 683 en total, "hemos seleccionado unos 125 de él, y el resto son de sus familiares, amigos y sobre todo compañeros del gremio, algunos grandes arquitectos de talla nacional e internacional". Se publicaron en La Voz "y posteriormente en Diario de Cádiz a través del blog Con la venia, de su gran amigo Fernando Santiago". Una profusa obra en la que tienen cabida artículos de arquitectura, de literatura, de vivencias personales, de viajes, de política y del Cádiz del que no era oriundo, pero a la que siempre regresaba, vivía y tanto amaba.

Estos son los apartados en que se reparten sus textos, "que con el tiempo eran cada vez mejores, Julio escribía muy bien", reconoce con orgullo la persona que compartió los últimos cuatro años de su vida con él, y que bien conocía su prosa porque le ayudó a elaborar muchos de ellos. "Julio no veía ni un pijo", cuenta, "así que me indicaba qué libros coger para confeccionar sus artículos, que luego me dictaba".

La obra en cuya portada aparece la imagen del coqueto arquitecto junto a los colores de su querida bandera republicana, también recoge las cariñosas cartas de sus compañeros del gremio, "que no han dudado en enviar en cuanto se lo pedí, pese a que muchos ni me conocían", así como un álbum con bocetos de sus proyectos, fotografías de su trayectoria profesional y las ilustraciones que hacía para los eventos familiares, algunos de sus diseños para otras publicaciones y algunas de las anotaciones que dedicó a su mujer.

"Pon lo que tú quieras y abrázame a mí", reza una de ellas, porque según explica Carmen Fraisoli, Julio tenía todas las virtudes que destacan sus amigos y familiares, pero también era miedoso. "Él no se quería ir a esa librería, por eso, tal y como cuento al final del epílogo y no me equivoco, no se hubiera despedido de mí, me hubiera dicho que no lo dejara solo". Y ella hubiera ido, dice con palabras de amor infinito hacia él, cuyos restos reposarán bajo el mar, frente a sus queridas Torres de la Luz.

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