José María González Kichi “Ratifico que sólo estaré ocho años, pero queda Kichi para rato”

  • El alcalde de Cádiz acaba de revalidar con una victoria clarísima su cargo, a expensas de un improbable pacto de la oposición. Esta es la primera entrevista que concede a un medio tras el 26-M

José María González 'Kichi', durante la entrevista. / JULIO GONZÁLEZ

En la primera entrevista que concede tras su victoria, el alcalde de Cádiz en funciones y ganador de las elecciones municipales, José María González Kichi, afirma que ha ganado la confianza de la gente tanto por su coherencia como por sus realizaciones.

—¿Tras su victoria, cuál ha sido la llamada que más ilusión le ha hecho?

—Entre las cientos que he recibido, la más bonita ha sido la de mis niños felicitándome: “¡Papá, otra vez alcalde!” Veían a todo el mundo felicitando por la calle a su padre y estaban muy emocionados.

—Su primera reflexión fue algo así como “menudo pedazo de taco hemos formado en Cádiz, chiquillo”. ¿Esperaba un triunfo tan claro?

—Bueno, conforme llegaban las noticias de los colegios con que las papeletas nuestras se acaban antes que otras empezamos a saborear la victoria. Pero con tantos partidos, rozar la mayoría absoluta fue algo inesperado y sorprendente.

—Ha sido el único superviviente de los 'Ayuntamientos del cambio'. ¿Hasta qué punto su marca personal ha sido decisiva?

—Ha sido muy importante llevar la honestidad y la coherencia por bandera. Esos dos valores, que son tan tristemente raros en la política actual, han convencido a la ciudadanía para confiar nuevamente en mí. Eso, y que pese a las zancadillas y los bloqueos, hemos conseguido hacer cosas importantes. Y eso, a la ciudad le ha llegado.

—¿Cuándo decidió que sería más conveniente que le llamaran Kichi?

—Eso no lo decide uno. Cuando en el instituto doy clase, nunca me presento como Kichi, sino como José María. Pero la gente termina sabiendo que me llaman Kichi, y que casi nadie me llama José María. En el Ayuntamiento ha sido algo parecido, aunque te empecines en José María González. En cuanto a ponerlo en la papeleta, lo vimos bien dado el mareo de siglas al que estamos sometiendo al electorado: que si Podemos, que si Por Cádiz sí se puede, que si Adelante Cádiz... Kichi es inequívoco.

—Otros muchos candidatos también se han desmarcado de sus siglas.

—Sí, pero ha sido por la vergüenza de no poder sostenerlas. En el caso del PP, porque estaba salpicado de casos de corrupción. En mi caso, todo el mundo sabe mi ideología, que soy de izquierdas y de Podemos. Pero el municipalismo tiene mucho de cercanía, de corta distancia, de bajar al piso y jugar el partido..., y la gente termina por asimilarte como el que eres.

—¿Ha dejado de contar con la militancia en la elaboración de las listas?

—No. Hay una propuesta del candidato, que entiende qué es lo que necesita, cuáles son los retos a los que se enfrenta, y que lo único que quiere es adaptar las necesidades de los próximos años a perfiles, partiendo de la base de que en mi partido la gente no pega el culo a los sillones.

—Ahora que dice eso ¿se reafirma en la decisión de no volver a presentarse dentro de cuatro años, o una victoria tan rotunda le ha hecho recapacitar?

—No, por muy grande que sea la victoria, el compromiso que yo adquirí hace cuatro años es el de estar en primera línea en la ciudad de Cádiz durante ocho años. Así lo firmé ante notario y así lo he vuelto a ratificar, y lo pienso cumplir. Otra cosa es que yo voy a participar en política toda mi vida, porque no la entiendo de otra manera. Pero evidentemente tendremos que ir cambiando de trinchera. Porque si no, uno corre el riesgo de terminar seducido por las caobas y los terciopelos, y eso es contraproducente. Un representante público se tiene que parecer siempre a la gente a la que dice representar. Y una exposición prolongada a la institución puede terminar por alejarlo.

—¿Se plantea qué será Podemos en Cádiz sin Kichi?

—No lo sé, probablemente será un Podemos con otra persona igual o más preparada que yo. No creo que el proyecto dependa de una sola persona.

—¿Qué ha aprendido en estos cuatro años?

—Je, je, muchísimo. He aprendido a ser mucho más astuto, más precavido, a equivocarme poco con los análisis que hago, que decir lo que se hace y hacer lo que se dice es fundamental en política, y que sólo hay que ser de verdad una persona íntegra, para que la gente al final termine entendiendo que eres coherente y confíe en ti.

—¿No teme que le cueste convencer a sus aliados de ciertas políticas, si al final piensan que usted se va a ir?

—¡Creo que estamos hablando demasiado de cuando me vaya, y acabo de llegar! Me quedan cuatro años para trabajar y dar el doscientos por cien. Hay Kichi para rato. Pero entiendo que hay un elemento pedagógico en esta decisión. La gente tiene que ver que el personalismo en política es desaconsejable y contraproducente.

José María González Kichi, en un patio de su barrio, La Viña José María González Kichi, en un patio de su barrio, La Viña

José María González Kichi, en un patio de su barrio, La Viña / Julio González

—¿Qué le dice a la gente que opina que no viste el cargo, que le critica por no estar donde un alcalde tiene que estar o que dice que no dignifica la política?

—Que no tienen ni idea. La política se dignifica siendo auténtico y coherente. Nosotros hemos heredado una política que estaba devaluada. Hoy en la calle se dice que un político o es un corrupto o es un mangante. Hemos tenido que volver a dignificar esa palabra, ese arte que creemos que es la política. Y la hemos encontrado tan manoseada, tan devaluada que hemos dado con el hándicap de tener que hacer política a la vez que demostrar que la política es un noble arte. No es una profesión, no es un ascensor social, ni una forma de dar un pelotazo, ni de colocar a cualquiera para que tenga un sueldazo a fin de mes. Si dejas de confiar en la política, estamos perdidos.

—Hay actos a los que se supone que el alcalde debe acudir, y usted entiende que no, por ejemplo a los de la Guardia Civil.

—Porque el alcalde lo que tiene que hacer es gobernar, y estar en su despacho trabajando. Yo no quiero un alcalde turista, ni de relaciones públicas para mi ciudad. Yo quiero un alcalde que llegue aquí tempranito, que se vaya a las tantas, se remangue y se ponga a trabajar. Y los actos institucionales voy a algunos, y si no puedo, envío a alguien que está perfectamente y legítimamente investido para representar al Ayuntamiento.

—¿Por qué va al fondo sur y no al palco del Carranza, pero sí va al palco del Falla?

—Porque aprovecho ir al fondo sur para disfrutar un poquito. Porque ir con los niños, con Teresa, es una forma de pasarlo bien, desconectar un poco e inculcarles un poco de cadismo, que no se inculca igual desde el palco. ¿Por qué voy al del Falla?, por el mismo motivo que voy al del Carranza en el Trofeo, porque organizamos y nosotros somos los anfitriones y ocupo el lugar de la presidencia.

—Su sueldo no es mucho sueldo, el de un concejal tampoco, y su partido insiste en que sean bajos. Quizá el problema haya venido por los abusos, pero un técnico, un alcalde tienen una enorme responsabilidad...

—Venimos de abusos que no son fenómenos aislados. Y lo que no es mucho sueldo es cobrar 426 euros al mes, que es lo que cobra un porcentaje muy elevado de la ciudadanía, y también tienen una enorme responsabilidad: la de sacar adelante a su familia, levantarse todos los días con la garantía de poner tres platos de comida en la mesa. Y yo me quiero parecer a esas personas, y no a los que cobran cinco mil euros al mes. Yo los respeto, no lo critico, pero como depende de mí quedarme con los 3.400 euros que cobro en Diputación o con los 1.970 que cobro como profesor, elijo lo segundo. Porque considero que así es como se viste un cargo de dignidad.

—Pero usted también representa a los cirujanos, a los directivos, a los profesionales...

—Por supuesto, el sueldo que tienen se lo han ganado con el sudor de su frente, con su talento, con el temario de sus oposiciones, exactamente como yo, que como no soy notario cobro lo que merezco. Lo que no voy a hacer es cobrar un sueldo que yo no me he ganado, que es lo que hace la mayoría de los políticos, que no se lo han currado, que no han estudiado.

—Sí, si mucha gente admite que Kichi es honesto, buena gente... pero dicen que como gestor es una ruina.

—Eso es la última bala a la que se agarra la gente que no tiene qué criticar. Nos hemos equivocado mucho, pero que digan que somos malos gestores después de haber reducido la deuda de 45 a 5 millones de euros, y reducido el periodo de pago a proveedores, y que con el Ayuntamiento ruinoso que nos hemos encontrado podamos poner encima de la mesa tooodo el balance de actuaciones: eliminar 600 barreras arquitectónicas, las viviendas que estamos haciendo a pulmón... Es que es muy fácil ser buen gestor con las vacas gordas. Hay que demostrar la valía cuando todo está en contra.

—Y también dicen que como es carnavalero, saca más votos...

—A mí me extraña mucho que la gente de Cádiz utilice el término carnavalero como un insulto. Quien lo hace, para empezar, no es de Cádiz. Así que esos insultos no me interesan. En Cádiz, que te llamen carnavalero es un honor.

—No pocas voces les critican por ser más sectarios de la cuenta. No se reúnen con empresarios...

—Eso directamente no es cierto...

—¿Pero le supone algún tipo de problema? Nos consta que algunas firmas no han logrado reunirse con usted.

—Hemos demostrado que las puertas de la alcaldía están abiertas. Y el alcalde sale en busca de todo aquel que pueda aportar algo para Cádiz. Nos hemos reunido con empresarios, promotores, representantes de la banca, cuerpos consulares. No se puede decir que este alcalde ha sido sectario, sino que ha tendido puentes hacia todos, aunque nos encontrásemos ciertas reticencias al principio. Para muestra, el botón: nuestra relación con la Armada es buenísima.

—¿Y cuando les traslada que en los astilleros se pueden hacer más que barcos de guerra?

—Yo creo que es sensato. No decimos que no se hagan barcos de guerra, sino que existe otro tipo de mercados que Navantia puede explorar. Sus directivos cobran unos sueldazos interesantes como para que hagan prospecciones de mercado, en otros sectores como las energías renovables, el del desguace ecológico de buques, el de la marina mercante y cruceros...

—Su equipo de gobierno cambiará casi por completo. ¿Tan mal lo hicieron los anteriores?

—Ni muchísimo menos. Lo hicieron fenomenal. Es el mejor equipo que me pudo acompañar en la primera etapa. Pero cambian los retos, y hay que adaptarlos a nuevos perfiles. Gente que viene con muchas ganas, con experiencia, y que va a seguir dando el 200 por 100 como el equipo saliente. Y aprovecho para darles las gracias.

—En su día dijo: “Defiendo antes al pescadero que se busca la vida en la Viña que al policía que va a ...” ¿Hoy diría lo mismo?

—Esa frase se malentendió, y se sigue haciendo. No puedo no defender a los policías, porque forman parte del Ayuntamiento, son su tarjeta de visita, socorren a la ciudadanía. Hemos propiciado esa Policía Local de proximidad y estoy súper agradecido. Lo que pasa es que un alcalde debe también velar por los sectores más desfavorecidos. No se puede producir el avance de una comunidad si uno no atiende a la gente más vulnerable, la que tiene que vender una caja de pescado so pena de que la policía lo intercepte y multe. Pero no pongo en la balanza al uno y al otro.

—Sin embargo, Derechos Humanos ha criticado su gestión en los servicio sociales.

—Derechos Humanos hizo un informe en 2016 contando las deficiencias de Asuntos Sociales, pero ese no es el estado actual del servicio ni la posición actual de APDH. Evidentemente no ha estado exenta de tropiezos la gestión municipal. Nos encontramos unos Asuntos Sociales en una situación muuuuy mala. Y el periodo de adaptación desde lo meramente caritativo a unos asuntos sociales de derechos, fue lento, difícil y generó descontento, pero a la realidad me remito: hoy no hay colas, no existe el libro de citas, hay una trabajadora social que atiende a una persona en cuanto llega.

—También hubo un informe de Asuntos Sociales que dibujaba una ciudad atrapada en el tiempo, en la que terceras generaciones seguían pidiendo ayudas, reforzando esa imagen de Cádiz adormecida, conformista...

—Yo no estoy de acuerdo con esa imagen. Lo que decía ese informe es que la falta de expectativas y soluciones había generado determinados usuarios de Asuntos Sociales de tercera generación. Pero es una respuesta, no una causa. La economía tardofranquista hundió a España en una crisis sin precedentes, con la crisis económica internacional y la incapacidad de los primeros gobiernos de la democracia con la reconversión industrial fracasada en la Bahía. Todo eso ha traído tres y cuatro generaciones de familias sin expectativas. O alguna: la emigración, de la que yo soy producto. Y eso genera gente que no ha encontrado las herramientas necesarias para tomar las riendas de su propia vida. Ese es el desafío que tenemos por delante.

—Una de cada cuatro pagas por incapacidad laboral se dan en Cádiz Bahía. ¿Cuánto daño ha hecho esa fallida reconversión industrial y que tantos niños hayan crecido viendo a sus padres en casa a la hora de desayunar con poco más de 50 años?

—Es verdad, pero eso es lo que le han enseñado a la gente los políticos: el “si puedes, manga”, “si nadie te ve, hazlo porque es lo que hago yo...”. Por eso es tan importante, y tan difícil, devolver a la política el carácter noble que tiene. La cultura española tiene que zafarse del Lazarillo de Tormes... Porque ese es el estereotipo que se ha vendido de nosotros y no es real. Yo me cruzo cada día con gaditanos y gaditanas que se levantan mu temprano, que trabajan muuuchas horas, y que cobran muuuy poco. No es verdad que seamos la ciudad de los mantenidos. Sí, con los sordos de Astilleros se quitaron el problema de los parados, con la paguita. Evitaron que miles de personas se manifestasen ante el Congreso preguntando qué ha pasado aquí, por qué habéis desmantelado Astilleros. Lo que hacían era comprar silencio e hipotecar futuro.

—Ahora tiene en sus manos una mayoría para hacer cosas. ¿Cuáles hará?

—Seguir percutiendo en el resto de administraciones. Esos problemas de carácter estructural no los va a solucionar una mayoría en el Ayuntamiento tirando sola del carro si no tiene al lado una administración regional, estatal y supraestatal. Lo que podemos es hacer de catalizador. En campaña propuse un pacto por el empleo. Si generas empleo, la gente deja de ir a Asuntos Sociales. Eso es matemático.

—Ya, ya, ¿pero el Ayuntamiento por su parte qué hará?

—Asegurarnos desde la contratación municipal que todos los contratos tengan la cláusula social, que las bajas y las vacaciones se tienen que cubrir con gente en peligro de exclusión social, parados de larga duración, mujeres. Convertir la contratación pública en una máquina de generar empleos ¡ojo! de calidad. Y seguir promoviendo la remunicipalización de servicios, que repercute en la recuperación de derechos y en la calidad de esos servicios y en las condiciones de los empleados. Y lideraremos la reorganización del polígono exterior de Zona Franca. Ya está bien de la inacción de PP y PSOE.

—¿Cree posible ese frente anti Kichi que ha propuesto Juancho Ortiz?

—No creo que llegue a buen puerto su espíritu conspirador, sobre todo porque la victoria de Adelante Cádiz ha sido aplastante. Le saca más del doble de concejales a la segunda fuerza política. Lo que me extraña del PP es que tenga un argumento para todo, para cada momento. Antes tenía que gobernar la lista más votada, ahora ya no se ve mal un “pacto de perdedores”...

—¿Propondrá ahora poner el nombre de alguna calle, vía o plaza para Teófila Martínez?

—Pueeess... la señora Martínez ha sido 20 años alcaldesa democrática de esta ciudad. Le reconozco esa hazaña y creo que se merece ese reconocimiento. No lo tengo pensado porque no está entre mis prioridades de gobierno, claro.

—¿Ahora ve las cosas igual que desde detrás de la pancarta?

—Son planos diferentes. Cuando estás en la militancia, estás en el plano de la reivindicación, y en el gobierno lo que tienes que hacer es solucionar. Es diametralmente opuesto. Y si le añades la dificultad del entramado burocrático, la solución muchas veces se hace muy compleja, o se consigue de forma muy dolorosa, de mucho insistir. Este Ayuntamiento tiene una burocracia excesiva, y haremos todo lo posible por adelgazarla.

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