"Qué dolor de mi niño Vicentito"

La detención de Sarasa Aparicio provoca, por este orden, sorpresa, indignación y lágrimas, muchas lágrimas, entre sus vecinos de San Severiano, en especial, entre los antiguos, los que lo han visto crecer.

"Qué dolor de mi niño Vicentito"
"Qué dolor de mi niño Vicentito"
Rosa Romero/ Cádiz

21 de julio 2012 - 07:02

Es su cumpleaños. 84 primaveras peinan sus canas primorosamente arregladas, como de peluquería. Aún se mueve con agilidad por el laberinto de escaleras que dan acceso a las viviendas que jalonan el inmenso patio de vecinos del bloque 2 de la calle Pintor Viniegra, en pleno barrio de San Severiano. Su nieta le ha llevado hasta su casa, en la primera planta, un ramo de flores. Y se dispone a bajar por las escaleras cuando se topa con el corrillo de vecinos que charla con este diario sobre Vicente Sarasa. No puede evitarlo. Las lágrimas empiezan a correr por sus mejillas en cuanto escucha la conversación.

"No puede ser. Él es una persona excelente", suelta dando rienda suelta a su emoción. Y es que la detención del gaditano anteayer, por su supuesta implicación en el secuestro del empresario Publio Cordón, hace 17 años, ha provocado una riada de sentimientos en el bloque en el que vive. Sorpresa primero. Después, indignación. Y por último, dolor en forma de lágrimas que afloran a los ojos de los vecinos, especialmente de los más antiguos, los que lo han visto crecer. A Vicentito para las vecinas que han sobrepasado la frontera de los 80 años y que fueron íntimas de su madre Juana, fallecida ya hace unos años, que en los 50 fue a vivir allí con su marido.

Los recelos dan paso a las confidencias. Con una condición: que sus nombres no aparezcan. No quieren verse mezclados con este asunto aunque acaban partiéndose la cara por un vecino que, dice uno, para quitarle hierro a la cosa, visto que la cumpleañera amenaza con volver a llorar, "es tan bueno que ni fuma, ni bebe ni dice picardías". Para todos, "es imposible, se han equivocado, ya fue absuelto".

Señalan a la puerta 21. Esa es la casa de Sarasa Aparicio. Se trata del piso de poco más de 60 metros cuadrados que fuera propiedad de sus padres, Gerardo Aparicio, trabajador de los Astilleros que llegó a ser director de un buque, y Juana Aparicio, "una bellísima mujer", en el que criaron a sus cuatro hijos, dos varones y dos hembras.

Las dos ventanas que dan al patio tienen las persianas bajadas. No hay ningún precinto policial. Nadie ha registrado la vivienda, porque Vicente fue detenido saliendo de casa de su novia, María José Gómez de la Calzada, profesora del Instituto de San Severiano, en la cercana avenida Juan Carlos I. Los dos se iban a ir de vacaciones con unos amigos a los Pirineos. A ella también la conocen. "Muy guapa. Muy buena persona también". .

"Qué dolor de mi niño Vicentito", musita desde la otra esquina una mujer de 86 años operada del corazón. Lo conoce desde que nació. Y asegura que no sabía que fue detenido por pertenencia al Grapo, en 2006. Y lo más sorprendente: no sólo ella sino el resto de vecinos afirman que él ya vivía en casa de sus padres , a 200 metros de la Comandancia de la Guardia Civil, en esa época, en la que pesaban ocho reclamaciones judiciales contra él, y fue arrestado en Algeciras, cuando volvía en tren de ver a su padre, ingresado en una residencia de Málaga, fallecido ya también, con documentación falsa. "Su madre se murió de pena de lo poco que podía verlo", solloza otra vecina palmeándose el corazón para aliviar su pena. Otros recuerdan cómo tras ser excarcelado, mientras esperaba al juicio en la Audiencia Nacional que en 2009 lo absolvió, cada 15 días "iba a firmar al cuartel".

Tras ello, la tranquilidad, la rutina diaria. La sonrisa siempre amable saludando a todos, acariciando al perro del vecino, y recibiendo, mañana y tarde, en su casa, a los niños a los que da clases particulares. A muchos, dicen sus compañeros de Red Roja, sin cobrarles. "No me extraña. Es un tío muy generoso. Y muy listo. Es ingeniero electrónico, ¿sabe?", añade otro vecino.

Al terminar las clases, se va a casa de la novia. Entre medias, participa en cualquier protesta social, con las miras puestas en las amenazas de desahucio a los vecinos más desfavorecidos, Y los fines de semana, siempre allí sus dos hermanas, Antonia y Ángeles, a la que todos llaman Chica, con su sobrina Eva, "para limpiarle la casa. Aunque a él le gusta apañarse solo, ellas vienen siempre".

Hoy está previsto que sea llevado ante el juez, en la Audiencia Nacional. Familiares y compañeros de Red Roja van a viajar hasta Madrid. No son optimistas: temen que será enviado a la cárcel. Su abogado confía en que le notifiquen los cargos. Ayer, se anunció que habría cobrado los 400 millones de pesetas que pagó la familia de Cordón de rescate. "¿Dónde está ese dinero?. Si él nunca ha tenido nada. Esto suena como lo del 15-M, dale que dale con que era ETA", sentencian desde San Severiano.

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