COAC 2026
Orden de actuación de la tercera sesión de preliminares

Las puestas de sol

Están dando 'caló' con...

Brindis, aplausos, yoga, baile... el atardecer está, sin duda, masificado.

Están dando 'caló' con......las puestas de sol
Pilar Vera

Cádiz, 14 de agosto 2017 - 02:02

Que sí, que ya sé que son bonitas. Que las puestas de sol son un espectáculo diseñado para poner a prueba cualquier diseño casual del universo. Que no hay degradados por mano humana que puedan comparársele. El éxtasis y exaltación en torno al ocaso no es algo reciente: imbatibles generaciones de poetas mediocres nos preceden. Pero lo cierto es que los atardeceres como escenarios inmejorables de casi cualquier actividad se han multiplicado en los últimos años. Conciertos al atardecer. Música al atardecer. Yoga al atardecer. Mojitos al atardecer. Brindis al sol (je) al atardecer. El atardecer está, a todas luces, masificado. Todo comenzó hace ya unos lustros, en la orillita de Los Caños y/o en las arenas de Ibiza. Y se extendió como una plaga. Los autóctonos con el sentido del ridículo epidérmico -bueno, y los no autóctonos también, que no quiero que me acusen de turismófoba- veíamos que la gente se arremolinaba en las terrazas o en la linde del mar, extasiada, y aguardaba con ansia propia de vampiro camuflado tras un buen par de Ray-Ban a que los rayos del sol guiñaran para aplaudir con ganas. Viva el sol. Cómo se ha portado, el tío. Qué gran espectáculo. Gracias por la música/ que nos hace mágicos, etc. Nadie me llamó nunca por los caminos de la lírica, imagino. Ni de la new-age. Ni del abrazamiento de árboles. Ni de Mr. Wonderful. Por eso, las ovaciones de estela jipi a un astro que brilla a150 millones de kilómetros de distancia despiertan todo mi bochorno. Al sol le da igual que aplaudas. Le da igual el buen rollismo. Le da igual que pienses que eso que ves en el cielo es personal, y no negocios. De hecho, como el Sol se entere de lo idiotas que somos aquí, en la Tierra, puede aumentar o disminuir una pizca su actividad y veremos qué risas.

Solamente hay una subespecie de palmas batientes que resulte más irritante: aquellos que aplauden cuando el avión aterriza. Gracias a diosito que me dio una miopía magna y me alejó así, por siempre, de la tentación de una cabina de mandos.

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