Dos comidas aseguradas
La asociación de mujeres AMIGAS al Sur cocina los martes y jueves para familias necesitadas en el Cerro del Moro Les llena fiambreras para que coman en casa
En el Cerro del Moro, las familias que carecen de recursos saben que los martes y los jueves tienen el almuerzo asegurado. La Asociación de Mujeres Independientes Gaditana (AMIGAS) al Sur cocina y reparte comida esos dos días entre las personas más necesitadas de ese barrio y de otros colindantes. 85 en total, según Pepa Fernández, representante de la asociación.
"Cada uno trae su fiambrera, o se le proporciona al que no la tenga, y se le llena de comida para que la lleve a su casa. Intentamos que sea un menú variado, dentro de nuestras posibilidades y de los alimentos que tenemos", explica Pepa, quien cuenta que empezaron con seis personas "y ya vamos por 85. Cada vez son más".
Esta iniciativa comenzó hace nueve años. "Al principio impartíamos talleres de costura y cocina a mujeres con todo tipo de dificultades. La gente de la calle olía que aquí se estaba cocinando y los más necesitados vinieron a pedir las sobras. Pensamos que si en el taller hacíamos comida que no comíamos, ¿por qué no íbamos a repartirla?", relata Pepa Fernández.
La materia prima de los guisos la obtienen gracias al Banco de Alimentos, Cruz Roja y algún particular que les ayuda. También consiguen víveres a través de campañas de recogida que organiza el grupo de scouts Viejos Lobos y de llamamientos que la propia asociación lanza a través de las redes sociales. La última fue para pedir aceite y productos de limpieza. Asimismo, hacen un sorteo cada 15 días de cien números, e invierten 50 euros en comprar carne y otros 50 son para los gastos de la elaboración de la comida.
Los alimentos frescos los obtienen la mayoría de las veces gracias a Rafael Torres, un voluntario que se recorre las lonjas de la provincia para recoger la fruta y verdura que no se vende. También va a naves de congelados a conseguir carne y pescado. "Ya me conocen y siempre me reservan algo, porque saben que es para colaborar. Nos ayudan bastante", comenta Rafael, quien destaca que el principal problema que tienen es la falta de un medio de transporte para trasladar la mercancía. "Normalmente, allí me ayudan a cargar porque yo tengo problemas de espalda, pero no tenemos vehículos. Menos mal que hay gente que se ofrece a colaborar con el suyo. Pero si tuviéramos uno de la asociación, podría recorrer más naves y conseguir más cosas. La falta de medios hace que te sientas impotente".
De todas formas, gracias a unos y otros, la asociación no ha dejado ninguna semana de ofrecer comida. "En todo este tiempo, no nos ha faltado para dar de comer, pero sí que hemos tenido que repetir comida varios días seguidos", apunta Pepa.
El día que visitamos esta entidad era jueves, y mientras hablábamos con unos voluntarios, otras iban ultimando la comida: pollo con patatas guisadas y compota de manzana. Todos comentaban la satisfacción que les produce poder ayudar a los demás. "Me gusta ayudar a la gente porque hay mucha necesidad. Quisiéramos tener más días para ayudar a más gente y dar más apoyo a los ciudadanos", expresaba Ana María Díaz, una de las mujeres que empezó con Pepa este proyecto hace nueve años.
Todos resaltaban también el buen ambiente que reina entre los voluntarios. "Esto es como una gran familia, somos una piña y nos apoyamos unos a otros en nuestro día a día", señalaba Pepi Escribano, quien explicaba que cada uno "aportamos nuestro granito de arena. Pienso que si has conocido la necesidad, te motiva más ayudar a los demás y es más llevadero el proceso que hacemos aquí". Pero advertía que "para esto hay que tener un buen corazón, porque el que es egoísta no mira nada más que para él". Afirmaba que a ella le gustaría colaborar más, pero tiene una niña con nueve años enferma "y no puedo ayudar todo lo que quisiera. Esto te hace también despejarte de tus problemas".
Ana María Cortés es otra de las voluntarias a las que le gustaría ayudar más, pero problemas familiares se lo impiden. También considera que "ayudar a los demás te hace olvidarte de tus problemas".
Esta asociación cuenta asimismo con una ropería, con prendas de segunda mano que les llevan los vecinos. "Las lavamos, planchamos y preparamos para dársela a la gente que viene a pedirla", explica Pepa. También preparan canastillas para recién nacidos y han llevado a cabo campañas para repartir material escolar y juguetes.
Entre las 13:15 y las 13:30 horas empiezan a llegar personas a recoger la comida. No tienen que esperar porque ya está preparada y, conforme van llegando, se les va llenando la fiambrera. Sus nombres están apuntados en una pizarra y se tachan cuando se van.
"Normalmente no se forma cola porque ya tienen la hora cogida y vienen espaciadamente", comenta Pepa. Esta mujer indica que la mayoría de las personas a las que les llenan las fiambreras los martes y jueves son las mismas a las que les reparten comida del Banco de Alimentos y de Cruz Roja. También dan de comer a varios transeúntes.
Algunas de estas personas colaboran con la asociación cuando pueden. Es el caso de Natalia Real, una gaditana de 29 años cuyo marido está en prisión. Ella vive de okupa en una casa con sus hijos de 8 y 4 años. "Yo limpio casapuertas o alguna comunidad y así me busco algo para comer, pero cuando no puedo, vengo aquí a que me echen un cable. Estoy muy agradecida con la asociación y también con mis vecinas, que me ayudan mucho".
Noelia Fraga contó que antes era voluntaria en esta asociación, pero lo dejó por culpa de una depresión. Ella vive con su pareja y dos hijos en un piso de alquiler, "pero ya no tenemos recursos para pagar el alquiler porque estamos los dos en paro y nos quieren echar. Vivimos al día con lo que va saliendo. Gracias a esto no nos falta la comida, además de que aquí me escuchan y me animan. Esto es también como una terapia, Pepa es como mi segunda madre".
Rita es otra de las mujeres que cada martes y jueves va a recoger comida. Ella y su marido están en paro, con el agravante de que su marido tiene una minusvalía y está enfermo de cáncer. Además, su hija tiene problemas mentales. "Comemos gracias a esto y a otros sitios como Valvanuz y la Fundación Dora Reyes", afirmaba Rita, y aseguraba que si no fuera por esta asociación del Cerro del Moro, "ni lavaba, porque el detergente que tengo es el que me dan ellas. Lavo a mano, con garrafas, porque estoy sin luz y sin agua". También está muy agradecida a los zumos y la leche que le dan para su marido, porque por su enfermedad tiene muchos problemas para tragar.
Mª Carmen llega todos los martes y jueves desde Puntales, porque dice que en su barrio "no dan nada". Ella vive con su marido, sus dos hijos y un nieto "con una ayuda familiar porque los dos estamos en paro. Esto me ayuda a poder comer todos los días".
Isabel Flores almuerza los martes y los jueves en casa de su madre con la comida que recoge en esta asociación. Su situación es de "exclusión social agresiva". Su familia fue desahuciada de la casa de alquiler en la que vivían porque tanto ella como su marido se quedaron en paro. Ahora tienen que vivir separados, cada uno con sus padres, y los niños repartidos. Cada día comen en casa de algún familiar y los martes y jueves tienen el almuerzo asegurado. "Pido por todos lados porque no se come sólo los martes y jueves. Y también se merienda o se cena. Yo me acuesto a veces sin cenar para que la comida dure más para los niños", se lamentaba.
Estas son sólo algunas de las personas que atiende la asociación AMIGAS al Sur, una entidad que pone su granito de arena para paliar la necesidad de sus conciudadanos. Pero muchas veces no dan abasto. Pepa Fernández se despide pidiendo colaboración: "Dependemos de que la gente nos aporte alimentos".
También te puede interesar