La cofradía de La Palma registra la propiedad de la iglesia a su nombre
El templo ha sido inmatriculado en el Registro y ha cambiado la titularidad en el Catastro La hermandad y el Obispado han firmado un nuevo usufructo para conservar la parroquia
Había documentos que lo dejaban bien claro. La historia no arrojaba ninguna duda. Pero en los archivos oficiales no aparecía nada al respecto, hasta ahora. La hermandad de La Palma ha puesto fin a toda la tramitación que inició hace unos meses para registrar de manera definitiva la propiedad de la iglesia. Una operación que ha llevado a cabo de la mano del Obispado y que permite dotar a la corporación del barrio de la Viña "de una base legal" con respecto a su sede canónica.
Con las dos partes plenamente de acuerdo, en estos últimos meses se ha trabajado para variar la titularidad del suelo en el Catastro (donde figuraba el Obispado como titular) así como para inmatricular la iglesia en el Registro, donde no existía.
El hermano mayor de la corporación, Francisco Javier Lucero, informa que fue hace ya unos meses cuando el propio Obispado se puso en contacto con la hermandad planteando "la necesidad de normalizar la situación" que existía en torno a la iglesia de La Palma y su propiedad legítima.
En esa propiedad ahora registrada se han incluido además dos espacios del interior de la iglesia que realmente no eran propiedad de la hermandad. En concreto, se trata del altar mayor y de la capilla de los titulares de la hermandad de penitencia, dos zonas que en su día cedió a la hermandad el colegio contiguo a la iglesia para levantar ambos altares (a cambio de otro espacio que la hermandad entregó al colegio). "El propio Obispado -que es propietario del centro educativo- nos sugirió incluirlo en el Registro, que parece lo más lógico; y así lo hemos hecho", explica Lucero, que en este punto agradece el interés y el trato recibido por el Obispado en todo este proceso, especialmente a través de sus portavoces Agustín Rosety y Julio Sañudo, así como al arquitecto y al abogado de la diócesis. "Estamos muy agradecidos a ellos porque no ha habido imposición de nadie y todo se ha hecho de mutuo acuerdo buscando siempre el beneficio de los feligreses", afirma el hermano mayor de la cofradía del Lunes Santo.
Precisamente, teniendo en cuenta a las personas vinculadas al templo, hermandad y Obispado han suscrito un nuevo acuerdo para establecer un usufructo canónico entre las partes para permitir que La Palma siga siendo parroquia. Este usufructo se ha firmado a perpetuidad, a propuesta de propio Obispado, "para que siempre exista parroquia en el barrio de la Viña y no tengamos que estar pendientes a renovar cada cierto tiempo el acuerdo entre las partes", expone Francisco Javier Lucero.
Por tanto, en virtud a este acuerdo, la hermandad como legítima propietaria de la iglesia cede el edificio al Obispado para que se pueda desarrollar allí la actividad propia de una parroquia (principalmente la administración de sacramentos como el bautismo, las comuniones o las bodas). En esa relación contractual acordada entre ambas entidades, es la hermandad la que tiene que hacerse cargo del mantenimiento del edificio, como es lógico. "Es algo que históricamente ya hemos venido haciendo por parte de la hermandad", recuerda el hermano mayor. Y, por su parte, es el Obispado el que asume los gastos del uso corriente del inmueble, tales como luz o agua; aunque en este apartado la hermandad también colabora "de forma voluntaria porque es nuestra parroquia y somos parte de ella".
Además, en el documento se ha establecido el respeto a las actividades que la hermandad desarrolla en la iglesia durante el año (como son los diversos cultos que celebra en el altar mayor a lo largo del año, o el montaje de los pasos en Cuaresma para la salida del Lunes Santo y en octubre para la salida de la Virgen de la Palma). "Pero esto debe ser meramente anecdótico, porque es lógico que ni la hermandad va a querer interferir en el desarrollo de la vida parroquial ni al contrario", comenta.
"Lo que hemos hecho es algo muy importante para la hermandad. Es curioso, pero siempre nos hemos sentido un tanto extraños en nuestra propia casa. Ahora eso cambia radicalmente, gracias a las facilidades que ha dado el Obispado", concluye el hermano mayor.
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