La Iglesia y el coronavirus Las diez claves de una monja de clausura de Cádiz para superar con éxito el confinamiento

  • La religiosa carmelita Sor María Teresa publica unas recomendaciones ante el estado de alarma en el país

Una monja carmelita baja la escalera del convento de la Plaza de Argüelles.

Una monja carmelita baja la escalera del convento de la Plaza de Argüelles.

Están en la clausura, pero desde allí buscan “ayudar a las personas en esta vida tan diferente que tienen que llevar estos días”. Y precisamente por su clausura voluntaria, son conocedoras como nadie de lo que supone vivir entre cuatro paredes sin tener contacto alguno con el exterior. Por eso, una de las monjas carmelitas, Sor María Teresa, se ha decidido a escribir una serie de recomendaciones para enfrentarse a estos días de confinamiento. Diez claves o consejos que son toda una lección de positivismo en medio de este estado de alarma.

La primera clave es la libertad. “Es verdad que las autoridades nos ‘obligan’ a estar en casa, tu libertad consiste en adherirte voluntariamente, sabiendo que es por un bien superior”. La segunda, la paz; “El más amplio espacio para expandirte y ser feliz está en tu corazón, no necesitas espacios externos, sino andar con holgura en tu propio mundo”, dice la monja. En relación a esta segunda clave está la siguiente: la paz hay que trabajarla. “Obsérvate y domínate, porque si te dejas llevar del miedo, la tristeza o la apatía, difícilmente cortarás el hilo, ya que no hay muchas evasiones. Disciplina sobre tu corazón”, recomienda esta carmelita descalza.

Una de las claves más importantes es la de la convivencia en estos días de confinamiento en los hogares. Ante ello, Sor María Teresa, que señala que a consecuencia de la crisis “estamos más susceptibles e incluso irritables”, plantea ser “muy paciente y usar mucho el sentido común”. “Somos diversos. Acepta y respeta las opiniones y sentimientos de los demás. Quítale importancia a las diferencias, potencia las cosas que unifican. No controles, contrólate. Desde el amor sacarás comprensión y empatía, ganas de dar y agradecimiento al recibir. Respeta, acoge la fragilidad, desdramatiza, vive y deja vivir”.

“Nada podrá crearte una sensación tan grande de vaciedad y hastío, como pasar el tiempo inútilmente. Es un enemigo gravísimo que podrá robarte la paz y hasta meterte en la depresión. Haz un plan para estos días e intenta vivirlo con disciplina”, plantea esta religiosa como quinta clave de su decálogo. Y lejos de plantear cuestiones trascendentales o espirituales, la recomendación es muy de andar por casa: “Tómate tu tiempo en las cosas sencillas: que la cebolla quede pochadita, los garbanzos tiernos, el potaje a fuego lento Aunque un guiso te tome 2 horas, disfruta haciéndolo, pero empéñate en que las cosas que haces, por sencillas que sean, tengan valor y una finalidad, nada de perder tiempo sin sentido, “matar el tiempo” es matar la vida”. De igual forma, como sexta orientación invita a aprovechar estos días para hacer aquello que el quehacer diario no permite: “Ese libro que te regalaron hace tres navidades y no has leído, ese otro que aún no has devuelto porque te lo dejaste por la mitad”, pone como ejemplo.

Durante el confinamiento hay que evitar “en la medida de lo posible conversaciones de tipo pesimista, discusiones, malas caras, exceso de información, películas de terror o intriga, desorden dentro de casa”. Y también el exceso de pantallas “porque sobre-estimula el cerebro y nos pone más nerviosos”, dormir en demasía porque “puede provocar sensación de fracaso o derrota”. En cambio, recomienda Sor María Teresa bailar. “Es un remedio buenísimo para canalizar la energía y relajarnos. Poned buena música y reírse un rato largo bailando. Nada como reírse para reiniciar nuestro sistema interior”, afirma.

Otra clave muy importante que señala esta monja carmelita es que “el amor y cariño de tu gente sigue ahí, aunque el contacto físico se haya distanciado”. Y por ello, propone: “Habla con los que tienes en casa con tranquilidad, sin prisas, escúchales hasta que terminen, deja que el diálogo haga crecer la confianza y las confidencias construyan complicidad. Dí lo que nunca tienes tiempo de decir, cuenta lo que siempre has querido contar, habla de todo y nada pero con cariño”.

La penúltima recomendación se basa en reflexionar, pensar, meditar en estos días para ser “hombres y mujeres nuevos después de esta crisis”. Y en último lugar, la oración. “Si te dejaste la relación con Dios en el trajecito de marinero de tu primera comunión o en ese bonito vestido blanco, vuelve a intentarlo, ahora hay tiempo y serenidad para conversar con El. Tal vez no crees porque no has probado ¿Y si lo intentas?”, concluye.

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