"Mi padre no tuvo ni castigo ni reconocimiento del Gobierno de Franco por salvar judíos"

Adela Sanz-Briz, ayer en Cádiz.
Adela Sanz-Briz, ayer en Cádiz.
T.r. Cádiz

19 de octubre 2013 - 01:00

-¿Cómo era su padre?

-Mi padre era un señor fantástico. Nunca presumía de nada. Era muy riguroso y era un gran diplomático. Tuvo una carrera muy buena, muy brillante, y sobre todo era un señor muy consciente de lo que tenía que hacer, muy consciente de su deber.

-¿Nunca se atribuyó haber salvado a más de cinco mil judíos en Budapest?

-Hombre, él nos contaba lo que había pasado, pero lo que no hacía era iniciar una conversación para contarlo.

-Quiero decir, en público.

-No. Públicamente, no. En casa se hablaba. Sus amigos lo sabían. Había libros, había artículos. Él nunca presumió de haberlo hecho. Pero siempre dijo que lo más importante que había hecho en toda su vida era haber salvado la vida de cinco mil y pico judíos en Budapest. Que eso era, de toda la maravillosa carrera diplomática que tuvo, lo más importante que había hecho. Cosa que se comprende.

-¿Sufrió algún castigo del Gobierno de Franco por haber salvado a judíos?

-No. No sufrió ningún castigo. Pero tampoco tuvo absolutamente ningún reconocimiento. Los reconocimientos, de Israel, y de España en pequeña dosis, vinieron cuando ya mi padre llevaba veinte años muerto. Claro, no teníamos relaciones con Israel [España no tenía relaciones diplomáticas con Israel] y obviamente no se consideraba una cosa importante. No se le persiguió por ello pero jamás se le dijo nada positivo acerca de ello. Los únicos que lo hacían, y que venían a verlo y que escribían cosas y tal eran los judíos. Es decir, de la parte de Israel.

-¿Cuál es el mejor recuerdo que guarda de su padre?

-Pues tantos y tantos... Era un hombre con un enorme sentido del humor, con una inteligencia muy divertida, y lo pasábamos muy bien con él. Hemos tenido muy buenos momentos, como es lógico. Lo que pasa que, claro, los hijos de los diplomáticos no están todo el día con sus padres. Porque los mandan de un país a otro y nosotros teníamos que hacer nuestras carreras y seguir nuestras vidas. Y ya cuando me casé, pues ya eran visitas nada más. Como una persona cualquiera que va al extranjero, pues eso: ves a tu padre... Porque él estaba en Holanda, en China, en Bruselas, en Roma, que es donde murió, en la Santa Sede.

-Sí, cuando estaba de embajador.

-Estuvo muchos años de embajador en la Santa Sede. Llegó y presentó credenciales a Pablo VI.

-En 1976, creo haber leído.

-Exactamente. Después, murió Pablo VI, y siguió de embajador con Juan Pablo I y luego con Juan Pablo II.

-¿Le pidió el Gobierno de Franco a Sanz Briz que salvase judíos en Budapest?

-Nadie le pidió nada. En una España que estaba en la posguerra, que no había un duro, que estaban perdiendo la guerra los alemanes, que estaba todo en un caos... ¿Se puede creer que alguien pensaba en esos momentos en un joven, en un diplomático de 32 años...? Él informaba de todo a Madrid. Pero de Madrid ni le dijeron ni le dejaron de decir, como es lógico y natural. Y, por supuesto, los fondos para hacer todas esas machadas eran suyos, no de la embajada.

-¿Era consciente de que arriesgaba su vida ante los alemanes?

-¡Hombre, que si era! Eso lo veía él todos los días. Además, era íntimo amigo de Raoul Wallenberg, que también salvó a miles de judíos húngaros.

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