Cádiz pide esperanza para la noche de Adamuz
El administrador apostólico preside en la Catedral el funeral que la Iglesia gaditana dedica a las víctimas del accidente ferroviario
Ha habido un recuerdo especial al capitán de la Legión ceutí, Álvaro García Jiménez
En la noche fría, aunque la lluvia dio una tregua, de contadas personas caminando encogidas por el frío de Pelota, San Juan de Dios o Catedral, el luctuoso toque de campanas avisaba de la ceremonia fúnebre que se iba a celebrar en la Catedral. “¿Qué habrá pasado?”, le preguntaba una mujer a otra caminando por Pelota. La tarde no invitaba a pasear, ni siquiera a salir de casa; pero la Catedral ha abierto sus puertas este martes para que el administrador apostólico, Ramón Valdivia, presida una misa funeral por las víctimas de los accidentes ferroviarios de Adamuz y de Gelida. “Es un deber de la Iglesia rezar difuntos”, recordaba el obispo, que ha tenido especialmente presente al capitán de la Legión Álvaro García Jiménez, de Ceuta, una de las últimas víctimas localizadas en los trenes siniestrados.
Utilizando el pasaje evangélico de la resurrección de Lázaro, ha querido Valdivia empatizar con las víctimas de los fallecidos y de tantos heridos que ha dejado el transporte ferroviario en los últimos días. “No es fácil la esperanza en estos momentos, donde no valen palabras de consuelo ni gestos”, ha dicho el administrador de la diócesis, que ha querido poner en valor que en medio de la noche fría y desapacible de este martes “la comunidad cristiana de Cádiz y Ceuta queremos unirnos a Jesucristo a través de su palabra y el don de su cuerpo para que sea Él quien pueda consolar, como hizo con Marta y María, a quienes sufren el desgarro imprevisto de la muerte imprevista”.
“Cada una de las víctimas de este accidente forman parte de un misterio que nos sobrepasa a todos. Y a todas ellas Jesús quiere bañar con el amor de Su sangre derramada, como si quisiera proteger con lo más profundo de su corazón, su sangre, a todos los que lloran”, ha trasladado Ramón Valvidia, que en unión con las víctimas del accidente ha asegurado que “la tristeza que nos inunda” tras conocer lo ocurrido “es semejante a la de la noche de Adamuz”.
“Tras el choque se impuso el silencio. Pero en medio de ese silencio algunos abrieron sus casas, olvidándose de sí mismos acogiendo los heridos y metiéndose en los vericuetos de la muerte a ver si hallaban la vida, como San Juan de la Cruz, que en la noche oscura encontró la luz, eterna fonte que mana y corre, porque la muerte no frena la búsqueda del amor para quien confía en el Señor”, ha querido poner de relieve, para aseverar que el Señor “no nos devuelve a los que partieron, pero sí nos da confianza en que no se ha perdido todo con el desastre”.
“Que no se frene todo con el frío de la noche, sino que la eterna fonte que mana y corre, Jesucristo, pueda llevarnos a ver la amanecida del reino de Dios”, ha pedido el prelado parafraseando al santo carmelita.
Junto a Valdivia han participado de la ceremonia algo más de una docena de sacerdotes, ocupando los primeros bancos a un lado de la Catedral el alcalde, Bruno García; la presidenta de la Diputación, Almudena Martínez; la vicepresidenta del Parlamento andaluz, Ana Mestre; la Subdelegada del Gobierno, Blanca Flores; varios delegados territoriales de la Junta en la provincia; el rector de la UCA, Casimiro Mantell; o varios concejales del Ayuntamiento gaditano. Y al otro lado el subdelegado de Defensa, el coronel jefe de la Comandancia de la Guardia Civil en la ciudad, el Comandante Naval, representaciones de otras fuerzas de seguridad o el presidente del Consorcio de Bomberos, entre otros. También había parte de la permanente del Consejo de Hermandades, varios hermanos mayores y responsables de diversas entidades y de grupos diocesanos que en medio de la noche de alerta amarilla no han querido desaprovechar la oportunidad de unirse a este rezo de esperanza que ha lanzado Cádiz en medio de la noche de Adamuz, “observando desde el sufrimiento desde la distancia -como ha dicho Valdivia- porque no nos ha tocado a nosotros la gélida mano de la muerte”.
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