Cádiz

Una cabalgata sin alardes cumplió con el deber de trasladar la ilusión a los niños

  • El buen tiempo, casi primaveral, contribuyó al correcto desarrollo de un cortejo bien organizado y puntual

Cuando la climatología acompaña, todo espectáculo al aire libre potencia sus encantos. Ayer ocurrió en  Cádiz, en un espléndido 5 de enero como no se recuerda en la ciudad. La cabalgata de Reyes Magos, al nivel de estos años de crisis, correcta sin grandes alardes, tuvo al cielo como gran aliado. El buen tiempo propició un paso más lento del cortejo en comparación con el del año pasado, donde las críticas del público a su exceso de velocidad fueron casi unánimes. Esta vez el desfile cumplía una media hora de paso entre la policía motorizada y la agrupación musical Sagrada Cena, que cerraba filas. La agradable temperatura contribuyó a una mayor presencia de público que en años anteriores, marcados algunos por la amenaza de lluvia. Los paraguas, que invertidos suelen acaparar muchos caramelos, se quedaron en casa. Bolsas de plástico sirvieron de sustitutas para la recogida de las golosinas. 

 

Del cortejo puede decirse que las carrozas estaban bien elaboradas, destacando la fiel copia de los personajes de los dibujos animados: Alicia en el país de las maravillas, la celebrada 'UP' de Disney o el dúo Coyote-Correcaminos. Siguen pareciendo, incluidas las de los Reyes Magos, el Cartero Real y la Estrella de Oriente, pequeñas en medio de una avenida tan amplia. Los responsables de la Delegación de Fiestas siguen sin acertar con la animación entre carrozas, en muchos casos con pinta de relleno para justificar el paso de un trono a otro. En favor de la organización conviene resaltar la exquisita puntualidad y el ritmo de paso del cortejo. Lo justo para no parecer ni lenta ni demasiado veloz. 

 

Abría la cabalgata una hormiga gigante, nada navideña, pero resultona para los niños. A su alrededor, personas haciendo juegos malabares y piruetas a modo 'capoeira'. Tras la carroza del Correcaminos, marca Acme, un grupo de animación hacía bailar a los niños -y algunos mayores- al son de 'Soy una taza', un clásico contemporáneo en toda fiesta infantil que se precie.  Le seguían la carroza 'UP', con su entrañable viejete y el niño scout, protagonistas de la película, y la Magic Ball, una burbuja con una bailarina en su interior. 

 

'Alicia en el país de las maravillas' (no se refería a España) era el tema principal de una de las carrozas, que precedía a un grupo de pastores con ovejas y cabras. Los animales llamaban la atención al no estar Cádiz ligada al mundo rural. Y singular fue la aparición de un grupo de majorettes de Chiclana antes de la carroza de la Estrella de Oriente, con la cantaora Anabel Rivera en un trono rodeada de una esfera luminosa y representación carnavalesca entre sus pajes. Camellos de los del reino animal ponían el puntito exótico-oriental propio de la procedencia de los Reyes Magos y unas llamas recordaban, quizás, a la Navidad en Perú, por aquello de estrechar lazos con Iberoamérica, tópico número 1 del Bicentenario.   

 

Eufórico se mostraba el Cartero Real, Germán García, que botaba en la carroza e invitaba al público a saltar al son de la música. Desde lo alto, sobre un simulado camello, saludaba a diestro y siniestro. De pajes, también carnavaleros como Javi García o los hermanos Valdés. Detrás, el Rey Melchor, encarnado por el notario José Ramón Castro, se ponía de pie con los brazos abiertos a la altura de San Felipe Neri. En la carroza de Gaspar, la de Manuel Estrella, con mucha marcha entre sus tripulantes, no escatimaban en el lanzamiento de caramelos. Preciamente este deporte practicado únicamente cada 5 de enero se vovió peligroso para Baltasar, Lucas de Andy&Lucas de manera coloquial, que pudo esquivar uno enviado desde el público de forma malévola. El rey morenito recriminó la actitud al lanzador sin puntería antes de seguir él mismo repartiendo, con generosidad, caramelos. Entre las últimas carrozas había pastorales cuyos villancicos, a pesar del empeño, no se escuchaban por la música enlatada del cortejo.  

 

La cabalgata llegó a San Juan de Dios con puntualidad, sobre las ocho de la tarde. La magia había acudido un año más a su cita.

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