Cirugía estética

“Voy a ir hasta donde haga falta para saber qué ocurrió en ese quirófano”

  • La madre de la gaditana que murió tras una cirugía estética advierte que “no voy a rendirme”

Una imagen de Sandra momentos antes de entrar en el quirófano. Una imagen de Sandra momentos antes de entrar en el quirófano.

Una imagen de Sandra momentos antes de entrar en el quirófano.

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“Mira qué cara tenía mi niña”. Juana muestra el selfie que Sandra se hizo minutos antes de entrar en el quirófano para someterse a una cirugía estética que acabó por costarle la vida con una entereza que sobrecoge. “Estaba contenta, de cachondeo en el grupo de whatsapp que tenemos la familia”. “Lista”, escribió Sandra acompañando la fotografía en la que se la ve ataviada con un gorro verde y una bata azul. Una prima hermana le contestó. “Qué guapa. Antes muerta que sencilla”. “Digo”, fue la respuesta de Sandra. Dos semanas después, su madre sigue preguntándose qué falló en esa operación para que su niña, que entró al quirófano rebosante de vida a sus 33 años, acabara muriendo apenas diez horas después por causas que aún se desconocen.

Ayer Juana habló con este diario para explicar que piensa llegar “hasta el final” para conseguir “que se haga justicia con mi hija”. “Mi niña estaba sana, no bebía, no fumaba, hacía deporte, y simplemente quería operarse como hacen miles de chavalas. Teníamos informes médicos, pagamos 10.000 euros por la operación, 800 por dos bolsas de sangre y 500 por un seguro médico, pero cuando le pregunté al cirujano qué había pasado se limitó a encogerse de hombros y decirme no sé. ¿Ah no sabe?, le dije yo. Pues quédate con mi cara porque no voy a parar y voy a ir hasta el final, aunque me cueste la vida”.

Juana afirma que lleva dos semanas sin poder conciliar el sueño. “Me paso las noches dándole vueltas a todo. Lo veo como en una película. Se me ha quedado grabado cada detalle. Cómo la clínica de La Salud se quedó desierta cuando mi niña murió, la forma en que nos trataron, de hecho todavía no se han puesto en contacto con nosotros para darnos el pésame, un pésame que hemos leído en un comunicado de prensa. No se me olvida la carita que traía mi hija cuando me la subieron a planta apenas media hora después de acabada la operación que duró ocho horas”.

Juana nos relata cada paso que dio aquel 31 de octubre imborrable, desde que entraron por la puerta de la clínica minutos antes de las dos de la tarde. “Estos nos vieron llegar y se pensaron que éramos unos tontos que no teníamos ni idea de nada, pero se han equivocado de cabo a rabo. Yo no he estudiado, pero todo lo que sé me lo ha enseñado la vida. Y voy a ir hasta donde haga falta para saber qué pasó en ese quirófano, porque mi instinto de madre me dice que a mi hija me la subieron a la habitación para que muriera a mi vera. Y yo ahora no voy a rendirme hasta tener justicia”, asegura.

Juana Cortés posa ayer tarde en su casa con fotografías de sus tres hijos y en la que se puede ver varias instantaneas de Sandra. Juana Cortés posa ayer tarde en su casa con fotografías de sus tres hijos y en la que se puede ver varias instantaneas de Sandra.

Juana Cortés posa ayer tarde en su casa con fotografías de sus tres hijos y en la que se puede ver varias instantaneas de Sandra. / Jesús Marín

Juana Cortés, que a sus 56 años trabaja de limpiadora y comienza su jornada a las siete menos cuarto de la mañana, afirma que a veces se pregunta de dónde está sacando la fortaleza que sustenta sus ansias de pelear por conocer la verdad. Quizá el riesgo pudo estar en realizar las dos intervenciones –el reafirmamiento mamario y la abdominoplastia– a la vez. No lo sabe. “Después de la primera intervención, que duró como cuatro horas y pico, me dijeron que todo había ido bien. Tres horas después terminaron con la otra intervención y me avisaron. Yo la vi cuando la llevaban en la camilla al despertar, temblando y muy pálida, pero pensé que era normal. Le pregunté al cirujano si había perdido mucha sangre y me contestó que no, que lo normal, pero que pese a ello le habían puesto una de las bolsas de plaquetas que compramos, que esa es otra, porque la sangre la donamos los ciudadanos. Vale que para los hospitales privados cobren un canon, pero no creo que sea de 400 euros por bolsa”. Juana relata que iba a bajar a fumar porque le habían dicho que tardaría hora y media mínimo en subir del despertar cuando oyó la camilla. “Me sorprendió. Venía con una gomilla para el oxígeno en la nariz. Le pregunté por qué se la habían puesto y me respondió:me asfixio. Su amiga Tata, que estuvo con nosotros en todo momento, se le acercó y le preguntó que cómo se encontraba. Muy cansada. Quiero dormir. Le dijo”.

Y Sandra no volvió a despertar. “Se fue poniendo más pálida, se le hincharon las manos y cuando mi yerno le quiso buscar el pulso no lo encontró. Llamamos a la enfermera, que vino pisando huevos, hasta que la vio. Ahí ya todos se volvieron locos. Le dieron dos patadas a la cama del acompañante y a los sillones e intentaron reanimarla. Yo oía desde fuera como gritaban que había que cortar las vendas del pecho para aplicarle la corriente, pero yo ya sabía que se iba. La niña no remonta Quico, le dije a mi yerno, mientras por dentro le rezaba a mi madre: no te la lleves, no te la lleves tan pronto. A los 20 minutos me dijeron que estaba en parada cardiorrespiratoria y que estaban haciendo lo posible por recuperarla. Hasta que a las dos de la mañana salen y me dicen que lo sienten pero que ha muerto. Mi niña se murió y todavía no sé por qué. Y quiero saberlo”, insiste.

Asegura que le hubiera gustado que alguien en la clínica “me dijera, mire usted, hemos cometido un fallo, o ha pasado esto y lo sentimos, pero nadie fue capaz de darnos consuelo. Hay que ser un poquito más humanos”, insiste.

Juana cuenta que el forense le dijo que en la primera autopsia no sale nada y por ello han mandado muestras de sus órganos a Sevilla. “Lo que quiero es que mis nietos sepan por qué no pueden ver a su madre. Y no estoy sola porque tengo a todo Cádiz detrás conmigo”.

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