Vivir entre rejas en la propia casa
Urbanismo
Un vecino de Garaicoechea denuncia que no logra el permiso para cambiar el enrejado de sus ventanas
El trágico suceso de la calle Sacramento ha levantado algunas alarmas en Cádiz. La existencia de una reja en la ventana por la que pidió auxilio la víctima se ha convertido en un angustioso espejo en el que se miran estos días otros vecinos de Cádiz que también viven en casas con las ventanas enrejadas. Como el caso de Diego Gutiérrez, que habita una vivienda en la calle Garaicoechea, cuyo edificio también da a la calle Abreu, y que trata sin éxito, desde hace cinco años, de cambiar las rejas permanentes por otras que, al menos, se puedan abrir. Él y otros vecinos, sin embargo, no han logrado permiso para hacerlo porque se trata de una finca, según cuenta, con grado tres de protección.
La finca en la que vive Diego, que en parte acogió hace ya muchos años la desaparecida Harinera Castro, fue rehabilitada por la Junta de Andalucía y entregada de nuevo en el año 2005. Relata el vecino a este periódico que desde hace varios años está tratando, junto a otros habitantes del edificio, de lograr el permiso para cambiar las rejas, costeándolo de su propio bolsillo, por un modelo que pudiera abrirse como lo hacen las ventanas en caso de necesidad, unas rejas, además, de PVC que resistieran mejor que el hierro los efectos de la salinizada humedad gaditana.
Y afirma Diego Gutiérrez que en la Junta no ha encontrado ningún problema, aunque le recuerdan que debe pedir permiso al Ayuntamiento. Pero Urbanismo, según cuenta, es el departamento que le ha denegado por escrito este cambio al argumentar que la finca cuenta con un grado tres de protección. El último intento de modificar el enrejado fue hace dos años.
Ahora, tras lo ocurrido en Sacramento, a Diego, a su familia y a sus vecinos les han renacido pasados temores que siempre han tenido en mente: un incendio que convierta su casa enrejada en una cárcel sin salida.
Recuerda además este vecino del casco histórico que la instalación de rejas en las casas de Cádiz es habitual, y que en esa finca se debieron a la existencia de la antigua harinera y al temor ante posibles robos. Pero la seguridad ante un posible siniestro, evidentemente, queda mermada en este tipo de viviendas.
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