Vargas Llosa, un liberal poliédrico que conjura el espíritu del Doce

El Nobel de Literatura recibió ayer un "reconocimiento" que le halagó "muchísimo" por estar relacionado "con un hecho estelar en la historia de España y de América Latina"

Vargas Llosa, un liberal poliédrico que conjura el espíritu del Doce
Vargas Llosa, un liberal poliédrico que conjura el espíritu del Doce
Tamara García Cádiz

23 de junio 2014 - 16:13

De todas las personas que ayer se acercaron a la figura y al pensamiento de Mario Vargas Llosa -Juan Jesús Armas Marcelo con su cariñosa introspección entre lo íntimo y lo literario; Teófila Martínez con el agradecimiento al escritor por bandera; y José María Lassalle que bautizó al peruano universal como el nuevo Stefan Zweig- quizás fue el secretario de Estado de Cultura quien estuvo en completa sintonía con las palabras que, minutos antes, salían de los labios del protagonista del encuentro en la Casa de Iberoamérica. "Mario Vargas Llosa llega al siglo XXI como un liberal poliédrico que reivindica una nueva esencia para el pensamiento liberal. Vargas Llosa levanta hoy, casi en soledad, la bandera del liberalismo humanista", defendía Lassalle ante la mirada, atentísima, del Cervantes, del Príncipe de Asturias, del Nobel de Literatura -Mario Vargas Llosa- que con su discurso de agradecimiento por el VI Premio Libertad Cortes de Cádiz conjuró el espíritu de la Constitución del Doce que, en los tiempos difíciles a uno y otro lado del Atlántico, "nos señaló el camino de la modernidad y de la civilización, que no es otro que el de la libertad enmarcada en la legalidad", recordó el autor de El sueño del celta.

El perfil rocoso y apuesto del ilustre hijo de Arequipa recortaba la tarde en la Cárcel Vieja. En él se centraban todas las miradas pero la suya se iba lejos, más de dos siglos atrás, cuando, con la soltura del convencido, parlamentaba sobre ese "hecho estelar en la historia de España y América Latina" que fueron las Cortes de Cádiz "del que resultó la primera Constitución democrática y liberal de nuestro mundo, de nuestra cultura, de nuestra civilización", dijo. Un hecho estelar relacionado con "el reconocimiento" que ayer le entregó Cádiz, por eso, aseguró, el premio le halagó "muchísimo"; por eso, confesó, fue "consciente de la trascendencia y responsabilidad" de una distinción que se le otorga "no por un mérito literario, sino por razones cívicas y éticas"; por eso, se comprometió ya en las postrimerías de su relato, a hacer "todo" lo que esté en su "mano" para "no defraudar a las personas" que se lo han concedido en este "día memorable".

Vargas Llosa miró al pasado, sí, para rescatar el ambiente de "fraternidad sin jerarquías" que se respiraba en las Cortes de Cádiz y la "participación igualitaria" en la creación de la Carta Magna "de los españoles de ambos mundos", además de para alabar los logros que significaron "la libertad de prensa", la sobería nacional -"la soberanía no tiene origen divino ni es propiedad de nadie", puntualizó-y la "abolición de la idea de colonialismo". Pero, sobre todo, el firmante de la asombrosa La ciudad y los perros viajó al XIX para buscar la raíz de un concepto, el de libertad, el que teme que hoy día se convierta "en un santo y seña mágico que por sí mismo no diga nada". Porque Vargas Llosa se fue al pasado pero también nos colocó en el presente tras un somero rastreo -todo lo que puede permitir un discurso de este tipo, con un tiempo establecido- del término libertad y del liberalismo.

Así, y sin olvidarse de los parecidos pertinentes que encierra una Cádiz que "es Caribe" porque es La Habana, porque es Santo Domingo, Cartagena y Puerto Rico con sólo "escuchar su rumor oceánico que se mete por los ojos y los oídos", dibujó, el distinguido protagonista avanzó, poco a poco, en su acercamiento al concepto de libertad, siempre, basamentado, en las enseñanzas de 1812. "Luego de pasar experiencias dramáticas, dictaduras atroces, confusión, anarquías y guerras civiles, España y buena parte de América Latina, no toda -puntualizó- encontramos el camino a la libertad que es el que nos señaló la Constitución del Doce". ¿Y qué ocurre en la actualidad? "Pues que España está, sin duda, mucho mejor que en el pasado a pesar de que ahora se tiene que enfrentar a sacrificios. Y que América Latina está también mejor que en el pasado, al menos, mejor que en mi época de juventud donde había un rosario de dictaduras. Ahora quedan pocas, sólo una total, en Cuba, y una semi, en Venezuela. El resto son prácticamente democracias, unas más imperfectas que otras, pero nacidas de elecciones y con gobiernos civiles", opinó, siempre fiel a su línea de pensamiento, Vargas Llosa.

El escritor también insistió en la idea de que "desde la libertad económica" recibida en su continente "con entusiasmo por las minorías liberales y con resignación por otros sectores políticos", reconoció, se consigue "el verdadero progreso" ("pues el verdadero progreso no nace del centralismo, ni del estatismo", recalcaba). Sin embargo, y ahí su discurso coincidía con las líneas de pensamiento que, poco después, trazaría Lassalle, apostó por una libertad "indivisible". "No puede existir la libertad si existe la libertad política pero no existe la libertad social, la libertad de religión... La libertad debe progresar en todos los campos". Palabras de un liberal poliédrico.

"De un liberal que se forjó en el siglo de las ideologías, el siglo XX, pero que no nació liberal, que se hizo en contacto con su tiempo. De un liberal que llega al siglo XXI siendo liberal pero no un liberal de museo, ni un liberal de esos que combate los dogmas del siglo XX sólo desde el punto de vista económico, sino un liberal poliédrico, en todas las facetas", por fijar las palabras del secretario de Estado de Cultura que derivarían en ese camino hacia el liberalismo humanista heredero "de Petrarca" y también de "los renacentistas de los que Vargas Llosa es deudor y lector".

Ante estas palabras, la expresión del padre de Conversación en la catedral no se pudo traducir sino como gestos de asentimiento, de aceptación y, nos atrevemos, de orgullo. Y es que, poco antes, Vargas Llosa clamaba por un renombramiento "cada día" de la libertad "aplicándola a las circunstancias concretas, moderándola -incluso- según las exigencias, los sueños y los anhelos del presente y del futuro". ¿Una nueva libertad? ¿Será ese liberalismo humanista del que habló Lasalle?...

Podría ser pero el autor de Pantaleón y las visitadoras, más que definir el contenido concreto que ahora debería de tener el término libertad, prefirió alertar sobre los peligros que la acechan. "Tenemos razones para ser optimistas, pero un optimismo cauteloso, receloso porque en el campo de la libertad siempre puede haber retrocesos. La guerra contra la incivilización nunca está ganada", advirtió llamando la atención sobre algunos países europeos "que parecían estar a la cabeza de la coexistencia y de la diversidad" y que "de pronto, y por circunstancias particulares, decidieron abdicar de su libertad antes un mesías, un hombre fuerte, un salvador".

Pues para "el sartrecillo (por Sartre) valiente" que fue en su juventud y que nos recordó Armas Marcelo (Juan Jesús para el escritor y Juan José para el resto de los ponentes de la noche) y para el hombre "que nos ha hablado del mundo en toda su complejidad", el que nos ha puesto "frente a frente con la vida" y al que la alcaldesa de Cádiz le pidió que siguiera "siendo libre" para recordarnos "que debemos pelear por aquello en lo que creemos", para, al fin, Vargas Llosa "la libertad es una responsabilidad que pesa sobre nosotros", una responsabilidad de la que la sociedad no debe "abdicar" ni debe "entregarla a la voluntad de un dictador que nos exima de asumir diariamente esas decisiones difíciles que son las que representan a un ciudadano libre y con juicio".

"La libertad tiene sus riesgos y quien cree en ella tiene que estar dispuesto a correrlos", recordaría, también al hilo de estas reflexiones, Teófila Martínez parafraseando al Nobel. La primera edil también tomaría prestada la ya legendaria sentencia de Carlos Barral, "vos sos América", en sus sentidas palabras de agradecimiento donde tampoco faltaron las alusiones a la Constitución de 1812 y al espíritu liberal.

Porque el liberalismo campó a sus anchas por la Cárcel Vieja. No tanto la literatura aunque el protagonista, reivindicándose como lo que es, "escritor", reservara unas palabras finales defendiendo "la no disociación de la literatura y la problemática social e histórica". "Aunque la literatura no debe ser el mero reflejo de la realidad, sí desde sus visiones fantaseadas, nos ayuda a entenderla mejor. La literatura nos da perspectiva del mundo real, nos hace entender aquello que es adjetivo y aquello que es sustantivo".

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