Los cambios urbanos

Cómo hemos cambiado

  • Los descubrimientos arqueológicos en Valcárcel y Olivillo aportan nuevos datos al plano de Cádiz en sus primeros años 

  • ¿Cómo sería en aquel momento la ciudad de hoy?

Tres mil años de vida dan para mucho en una ciudad. Nada tiene que ver una familia de hace treinta siglos con una actual. Ni los trabajos, ni los pensamientos, la educación, incluso la religión. Son radicalmente diferente las formas de transporte y de comunicación. Todo ha cambiado.

Y también cambia el entorno físico. Donde hoy grandes avenidas, edificios, estadios, centros comerciales, hoteles o parques, antes había tierra y más tierra, hasta el punto que cuesta imaginar, si tuviéramos una fotografía de hace tres mil años, lo que se ha cambiado en este tiempo.

Cádiz no se salva de esta profunda evolución de su entorno natural. Los últimos descubrimientos que la Universidad de Cádiz ha realizado en el más profundo subsuelo de la ciudad, preparando los proyectos del Olivillo y de Valcárcel; los hallazgos arqueológicos en los eternos trabajos que se realizan en el Teatro Romano e, incluso, la localización de parte de uno de los torreones de la muralla medieval durante la reforma del Hospital de San Juan de Dios, nos permiten dibujar cada vez con mayor fidelidad el mapa de nuestros orígenes como ciudad.

Lo cierto es que la presencia del canal Bahía-Caleta, que perduró más en el tiempo de lo que se pensaba según las prospecciones realizadas en Valcárcel, deja bajo el agua a una porción muy importante del casco histórico de 2020. Con una cierta imaginación nos trasladamos a Gadir o a la época más floreciente de Gades y constatamos que el Ayuntamiento de Kichi estaría con el agua al cuello, o al filo del mismo canal. Por el contrario, el castillo de Santa Catalina aguantaría en tierra firme así como el castillo de San Felipe, a falta de paseo que lo une hoy a La Viña, barrio que hace tres mil años era tan líquido como La Caleta.

El aterramiento que acabó con el canal unió las islas de Eritheia y Kotinoussa en una unidad que estaba conectada con el continente a través de una lengua de tierra que se ensanchaba algo en la zona donde hoy se levanta Puerta Tierra.

Lo cierto es que no hay que viajar mucho en el tiempo para constatar cómo hemos cambiado.

En los últimos tres siglos nuestra intensa relación con el mar ha provocado cambios en nuestra línea costera. Se han hundido baluartes en el Paseo del Vendaval mientras que en Santa María del Mar los temporales se llevaron por delante a mediados de la década del pasado siglo el balneario allí construido, en una zona con un claro perfil rocoso que desapareció tras la profunda reforma realizada hace poco más de treinta años.

La mano del hombre ha sido también esencial para cambiar de forma sustancial la fachada marítima de la ciudad en su cara hacia la Bahía.

En la etapa de Gadir-Gades ni de lejos se presuponía la existencia del muelle portuario donde está hoy, producto de numerosos rellenos en los últimos cien años.

Lo mismo ha pasado con el suelo del astilleros y del barrio del mismo nombre.

Siguiendo la misma línea de playa, la ciudad avanzó hacia la Bahía en la década de los años sesenta con el inmenso relleno sobre el que nació la barriada de La Paz, mientras que a punto de llegar al istmo que nos conecta con la Isla de León, también se rellenó parte de la Bahía para ver nacer, primero, la Zona Franca, y después los complejos náuticos deportivos de Cortadura.

Dicen analistas del clima que tarde o temprano la subida de los mares afectará a ciudades como Cádiz, sumergiendo parte de su trama urbana. Al tiempo.

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