Rafael Corbacho, el cofrade impetuoso

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Lideró el Consejo y reinventó Luz y Aguas el año que se quedó sin pregonero. En sus relaciones con el clero destacan las polémicas con el vicario don Félix y su lucha para que se abriera la Catedral

José Joaquín León

16 de noviembre 2015 - 01:00

LA historia de las cofradías de Cádiz, desde los años 50 del siglo pasado en adelante, no se puede entender sin Rafael Corbacho Díaz. Ahora vive en una residencia de mayores, al margen de lo que fue su mundo. En el verano de 2010, todo cambió para él con el fallecimiento de su esposa, Josefa Trujillo Sanz. Desde que se quedó viudo parecía otro. Porque Pepi, como era conocida, formaba parte indisoluble de su vida.

Rafael Corbacho Díaz nació en Cádiz, en 1934. Sus primeros años como penitente estuvieron vinculados a la cofradía de Piedad. Ya en la década de los cincuenta, se convirtió en un pionero de los jóvenes cofrades que ostentaban cargos de responsabilidad en las hermandades. Se vinculó también a la Archicofradía de La Palma y fue fiscal durante algunos años. Este cargo lo simultaneó con el de mayordomo de la cofradía de Luz y Aguas, como se le decía entonces. Para ello fue necesario que la autoridad eclesiástica redactara un decreto especial.

En La Palma, cuando era fiscal, le ocurrió un hecho curioso a principios de los años 60. La cofradía iba por la calle de la Torre, y empezó a llover con fuerza. Rafael consiguió que los marianistas le abrieran las puertas del Oratorio de San Felipe Neri para que se refugiara el paso de la Virgen de las Penas. Horas después comenzó a circular el rumor de que la Virgen se quedaría en San Felipe para siempre, si no volvía pronto a La Palma. A la mañana siguiente, Martes Santo, un nutrido cortejo de penitentes y vecinos de La Viña fue a San Felipe, y la Virgen de las Penas regresó en procesión.

Pero la cofradía más unida a Rafael Corbacho es Luz y Aguas, en la que fue el alma máter de su reorganización, del excelente patrimonio que consiguió, y de una gran labor interna.

Corbacho trabajaba como empleado en los Servicios de Agua y Electricidad de Cádiz, por lo que pertenecía a la cofradía de Luz y Aguas, que en aquellos tiempos dependía por completo del Ayuntamiento. Entre 1958 y 1964, sufrió un periodo de total decadencia, en el que se quedaron sin actividad y sin salir en Semana Santa. En 1964, Juan de Dios Molina, director del Servicio de Agua y Electricidad, le pidió a Rafael Corbacho que se pusiera al frente de la hermandad, por entonces con sede en San Antonio. En su junta contó con la colaboración de José Sánchez Sanjuán, José Cabeza Revidiego, Rafael Villanueva Lasida y otros hermanos.

Es conocida la trifulca que montó Rafael Corbacho para recuperar los enseres de Luz y Aguas. El manto de la Virgen de la Luz estaba bajo la pantalla del Cine Municipal, enrollado en un rincón donde había ratas. Parte de la orfebrería, como las jarras y la candelería, se encontraron en un patinillo de la calle Hospital de Mujeres, junto a un transformador. Para recuperarlo, tuvieron que cortar la luz al barrio de San Lorenzo. En un garaje de la calle Montañés guardaban los pasos. Otros enseres aparecieron en las subestaciones eléctricas de Huerta del Obispo y la Segunda Aguada.

La cofradía de Luz y Aguas sufrió otro problema grave en 1970, cuando se cerró la parroquia de San Antonio. Después de diversas vicisitudes, no sólo se fueron de San Antonio, sino que se quedarían sin las imágenes anteriores. Corbacho consiguió que los Marianistas acogieran a la cofradía en el Oratorio de San Felipe Neri.

En los siguientes años, la cofradía de Luz y Aguas tuvo una gran transformación. Corbacho tuvo que encargar un nuevo paso de Cristo con urgencia al tallista sevillano Antonio Martín, tras dañarse el anterior en un incendio en la casa de hermandad.

A Corbacho no le tembló el pulso para nada, ni siquiera para contratar costaleros de San Fernando y de Jerez, que le llevaron los pasos de la cofradía de Luz y Aguas cuando tuvo problemas con las cuadrillas de cargadores.

Pero la vida cofradiera de Rafael Corbacho ha sido muy productiva para todas las hermandades gaditanas. Estuvo en las principales luces y sombras, desde 1958, cuando siendo un joven cofrade empezó a participar en la Junta Oficial de Procesiones junto a cofrades ilustres, más mayores que él, como Manuel Campe, Bernardo Periñán, Emilio Bartús y otros históricos.

A principios de los años 60, la Junta se reunía en el Ayuntamiento, donde se celebraban los plenos de mayordomos (entonces no los había de hermanos mayores). Para prepararlos, Rafael Corbacho se citaba con otros cofrades en casa del presidente, Manuel Campe, en la calle Ancha. Allí se hacía cargo también de la lotería de Navidad, que vendía junto a otros cofrades como Ezequiel Gutiérrez de la Mora, Antonio Llaves y Manuel Cerezo.

No se puede ponderar la figura de Rafael Corbacho sin recordar su forma de ser. Hombre impetuoso e impulsivo, eficaz, capaz de coger cualquier toro por los cuernos, pero de modos gaditanos y de carácter fuerte. No callaba lo que pensaba, ni se tragaba imposiciones que le parecieran injustas.

Un choque sonado fue el que mantuvo con el entonces vicario de la diócesis, Félix González del Moral. Las polémicas de Corbacho y don Félix trascendieron incluso a la prensa, en unos tiempos en los que esos asuntos no se solían publicar. Don Félix era un burgalés de carácter recio, no muy diplomático. Una vez le dijo a un pregonero de la Semana Santa: "Yo me reparto el trabajo con el obispo. Don Antonio Dorado acude a los pregones. Y yo voy a los almuerzos, que me gustan más".

Rafael Corbacho vivió conflictos, como en el que hubo con el proyecto de hacer la cofradía del Desprecio de Herodes en San Antonio, que terminó con la imagen en Córdoba. O la obligación de que en los vía crucis sólo pudieran salir imágenes de crucificados.

Corbacho defendía con ahínco a las cofradías, precisamente porque era un hombre muy leal a la Iglesia. Su empeño resultó fundamental para que se abriera la Catedral en 1984, tras 15 años cerrada. Convivió con tres obispos llamados Antonio (Añoveros, Dorado y Ceballos). Participó en la organización de la Procesión Magna de la Semana Santa de 1982.

En 2003, Rafael Corbacho fue confirmado como presidente del Consejo, en una nueva etapa. En 2006, recibió la Medalla de Oro de la Ciudad que el Ayuntamiento presidido por Teófila Martínez concedió al Consejo Local de Hermandades. También organizó, siendo presidente, la Procesión Magna Mariana de 2007.

Rafael Corbacho recibió un homenaje de los cofrades gaditanos en diciembre de 2012. Le fue entregado el título de mayordomo de honor de Las Aguas y el Senatus de Oro, máxima distinción del Consejo de Cofradías. Lo agradeció y lo disfrutó, aunque él ya estaba instalado en una profunda melancolía. El pasado Miércoles Santo volvió a la tribuna del Palillero para ver a su cofradía de Las Aguas.

Los últimos tiempos han sido los más tristes. Rafael se quedó sin Pepi, hace ya cinco años. Ella fue la persona que le daba el rumbo a su vida. Era incluso su estilista, la que le mantuvo el pelo más negro que un carbón, con más de 70 años. Sin Pepi, perdió Rafael hasta su inmaculado pelo negro. Ya sólo le quedaron los recuerdos, aquellos años inolvidables y un poco locos, cuando las cofradías de Cádiz eran tan diferentes. Estamos en otros tiempos, pero Rafael Corbacho nunca se irá de la memoria de los cofrades gaditanos.

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