Tras el Pleno de Investidura del Ayuntamiento de Cádiz Kichi: "La gran diferencia es que mi padre no está"

  • José María González ha vivido su segunda investidura como alcalde “con la misma fuerza y ganas”

José María González 'Kichi' se abraza a su madre, Milagros Santos. José María González 'Kichi' se abraza a su madre, Milagros Santos.

José María González 'Kichi' se abraza a su madre, Milagros Santos. / Joaquín Hernández Kiki

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Todos los relojes del barrio de la Viña daban las diez de la mañana cuando José María González Kichi salía de casa camino del Ayuntamiento de Cádiz. Es un camino que conoce bien, no en vano lo lleva recorriendo a diario desde hace cuatro años. Sabe de sus esquinas, de sus escollos, sabe de qué lado cae la sombrita y cuál es la orilla en la que el sol acaricia y no pica. Este sábado, cuando todos los relojes del barrio de la Viña, su barrio, daban las diez de la mañana, Jose María, camisa blanca impoluta y sonrisa de alcalde nuevo, de alcalde de nuevo, volvía a emprender la senda, acompañado esta vez de unos pocos amigos, como hace cuatro años...

¿Ha sido igual? ¿Ha sentido lo mismo que hace cuatro años cuando se dirigía a tomar por primera vez el bastón de mando de su ciudad? “Sí y no. La gran diferencia, la más importante para mí, es que hace cuatro años mi padre presenció mi nombramiento como alcalde y ahora mismo mi padre no está”, confesaba Kichi unas horas después de ser investido como alcalde de Cádiz durante un almuerzo con su círculo más cercano en la terraza de La Abuela Elfrides, en la plaza de San Agustín.

Así, José María González no podía dejar de acordarse el otro José María González, José María González Taboas, que falleció en marzo de 2017 y al que el primer edil de nuestra ciudad siempre tiene en la cabeza como padre y “como referente”. “Y es que, ahora mismo, lejos de ser una referencia de tristeza, el recuerdo de mi padre es una referencia de orgullo, de llevar su nombre, su apellido, sus ilusiones, su sangre... Precisamente, en la forma de hacer gobierno desde abajo, desde el olor a barco, desde el olor a mar, es donde lo tengo presente pero, irremediablemente, su falta es algo que ha cambiado radicalmente para mí este día”, incidía González rodeado de sus colaboradores más cercanos, de sus concejales y de buena parte de los miembros de su candidatura que charlaban y departían en San Agustín tras la sesión de investidura en el Consistorio gaditano.

Porque, a pesar de la gran diferencia que apunta el alcalde, están las similitudes y, a pesar de las nuevas caras en el elenco de Adelante Cádiz se respira, dice González, el mismo ambiente. “Seguimos manteniendo la misma fuerza, las mismas ganas y la misma ilusión por seguir transformando Cádiz que hace cuatro años. Eso es lo que no ha cambiado y, sobre todo, y lo que es más importante, seguimos teniendo la misma intención de seguir sintiendo y apoyando a aquellas personas que son más vulnerables y que son más frágiles como, por ejemplo, aquellas que siguen viviendo sin techo en Cádiz”, aseguraba el alcalde que continuaba ensalzando la “singularidad” de la jornada del sábado a pesar de no ser ya novedad ni para él ni para su partido.

“Es que sigue siendo un día absolutamente singular, un día que cierra un capítulo pero que abre otro, que cierra un capítulo de cuatro años pero que abre las puertas del futuro”, proseguía González que también tildó la jornada del sábado como un día “ilusionante pero, sobre todo, de compromiso”. “Compromiso en cuanto a la responsabilidad que una vez más hemos asumido con nuestros vecinos y vecinas de generar un Cádiz más justo, más solidario y más libre, como he dicho en el juramento”, rememoraba el alcalde que acababa de recibir el cariño y el caluroso aplausos de algo más de 500 ciudadanos que decidieron recibirlo en la plaza de San Juan de Dios tras ser nombrado, oficialmente, como alcalde de Cádiz.

Todos los relojes del barrio de la Viña daban las diez de la mañana cuando José María González salía de su casa. Todos los relojes daban la una de la tarde cuando levantó y ofreció a Cádiz, por segunda vez en su vida, el bastón de mando de la ciudad.

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