"En el vestuario somos una familia"

ciudadanos de cádiz | Juanito Marchante, utillero del cádiz cf

“En un partido de una fase de ascenso, con los nervios, dejé encerrado a Raúl López en la caseta”

“Mi peor recuerdo es el descenso de Alicante. No podía ni sostenerme en pie”

Juanito Marchante nos enseña el vestuario del Cádiz.
Pedro M. Espinosa

20 de noviembre 2016 - 02:05

Llegó al Cádiz hace más de un cuarto de siglo y ahí sigue. No ha marcado goles, pero Juanito Marchante es parte fundamental del engranaje de esa familia amarilla que hace latir con fuerza miles de corazones. Guardián de los secretos del vestuario del Carranza, le abre las puertas de su casa, de su vida, a Diario de Cádiz para relatar algunas de sus vivencias.

-¿Cómo y cuándo llegó al Cádiz?

-Pues voy a hacer 26 años ya. Llegué a través de un consejero, Ricardo López. Entonces trabajaba en la gasolinera que está junto al Barrio Jarana y me ofreció trabajar en El Rosal como guarda.

-Estaba la cosa cortita entonces.

-Tela. Empecé de mantenimiento pero al final hacía también de jardinero, de peón, de todo un poco.

-Era la campaña de Cacho Heredia ¿no? El tránsito del Cádiz de Primera hacia el infierno.

-Pues sí. Heredia llegaba a tener que darme dinero de su bolsillo para que pudiera echarle gasolina a la furgoneta para llevar el material de entrenamiento. El club estaba tieso entonces. En manos del llamado Grupo de Madrid.

-¿Siempre trabajó en el club?

-No. Empecé con 14 años en la pastelería de La Catedral, con Pedro, llevando las tartas y las empanadas; también en el estanco de Jose Mari, que estaba al lado, y luego en la gasolinera. Desde que entré en el Cádiz sólo me fui seis meses, porque aquí estaba la cosa muy mal, no se pagaban las nóminas, no tenía ni para comer, y me salió un trabajo en la limpieza de las playas en el Ayuntamiento. Hasta que Fran Canal me propuso volver y aquí estoy, porque para mí esto es mi vida.

-Se ve que le encanta su trabajo.

-Totalmente. Me encanta estar aquí, viajar con el equipo, estar con los jugadores.

-¿Tiene el Cádiz un buen vestuario ahora? ¿Se llevan bien?

-Hay un gran vestuario. Podría decirse que somos una familia. Es un buen grupo. Nos llevamos muy bien, todo el día estamos de cachondeo.

-¿Quién es el más guasón?

-Eso no lo voy a revelar, pero bueno, hay un par de ellos que están apañados. Uno es de Jerez, que cada uno imagine lo que quiera.

-Jajaja. Y a usted se la darán mortal con el Carnaval, porque cuando hemos entrado al vestuario ya se oía una chirigota.

-Sí, me dicen el pesao del Carnaval. Cuando puedo entrar de colao en el Falla estoy allí como un clavo.

-Eso es muy gaditano. ¿Ha comprado alguna vez una entrada para ver un partido?

-Ehhhh... creo que no. Porque a mí es que sólo me gusta mi Cádiz. Yo un Madrid-Barcelona si lo veo bien, y si no pues nada, pero mi Cádiz tengo que verlo.

-Su Cádiz, su Nazareno y su Carnaval.

-Eso es. Me pasó una cosa curiosa con Dani, el chaval del Betis que estuvo cedido aquí. Yo le intentaba poner cositas para que le fuera entrando, pero me decía: Juan esto no hay quien lo entienda, cantan muy ligero. Hasta que un día lo llevé al Falla.

-Pagando él claro.

-Hombre por favor, faltaría más. Yo estaba tieso. El caso es que fuimos con nuestras mujeres y desde entonces va todos los años. Le encantó. Y a Oli para qué le cuento.

-Tiene que ser duro estar en un vestuario tras un descenso.

-Mucho. Lo de Alicante fue horrible, porque tuvimos la salvación en la mano y la perdimos. Recuerdo que entré el último. No podía ni andar. Me tuvo que ayudar una compañera de prensa.

-Se emociona usted todavía recordándolo.

-Me emociono porque fue brutal. Nunca había visto a tanta gente llorando a la vez. En fin. Luego este año subimos en ese mismo campo.

-La otra cara de la moneda.

-Yo se lo advertí a los jugadores que no sabían cómo se celebra un ascenso en Cádiz y no se lo creían. Además este último ha sido de los mejores que yo he vivido. Por el Chato ya no nos dejaban avanzar. Creo que este y el de Las Palmas han sido los más bonitos.

-¿Mantiene contacto con futbolistas que ya no están aquí?

-Sí, con Lucas Lobos por ejemplo hablo de vez en cuando. Con Fleurquin también, con Luis Soler. Todos echan de menos la ciudad. Coinciden en que como se vive en Cádiz, en ninguna parte.

-¿Son tan especiales los futbolistas como dicen?

-Para nada. Después son muy cercanos en el trato. A mí me pasó una cosa curiosa con Oli. Cuando Benito me dijo que lo habían firmado le dije ¿a Oli?, venga ya, porque a mí me caía mal de verlo en la tele, vamos que después se lo he contado a Oli incluso, no es ningún secreto. Y después hicimos una gran amistad. Es un gran tipo Oli. Le encanta Cádiz y el Carnaval.

-Pero también habrá conocido a algún que otro malage ¿no?

-Claro, han pasado muchos futbolistas. Lo que pasa es que cuando llega uno malage, como hay un buen grupo, pues se va integrando.

-¿Y la camiseta amarilla le duele a todos los que la llevan tanto como le duele a usted?

-El mundo del fútbol ya se sabe como es, pero son profesionales y luchan por sus colores. Lo pasan mal con las críticas y cuando no les salen bien las cosas. Yo he visto a futbolistas llorando después de perder en Roquetas.

-¿Y qué entrenador ha sido el que más le ha marcado?

-A mí Paco Chaparro. Le voy a contar una anécdota. Llevábamos ocho meses sin cobrar y se cuela Chaparro por la oficina y nos llama a Eduardo, a Rovira y a mí. ¿Cuánto tiempo lleváis sin cobrar?, nos pregunta. Ocho meses míster. Bueno, pues así no os puedo exigir en el trabajo, nos dice. Al día siguiente se coló Ramón Tejada con un maletín lleno de dinero y nos pagó todo lo que nos debía. Ahora, una vez que cobramos, nos llamó Chaparro y nos dijo muy serio: ahora sí que os puedo exigir y os voy a poner las pilas. No veas la que nos dio.

-Genio y figura.

-Digo. Acababa el entrenamiento y se iba a correr por la playa el gachó, y nos tenía aquí esperándolo hasta las tres de la tarde. No veas la boca del viejo.

-Rovira sigue presente en el vestuario del Cádiz por lo que veo. Hay fotos suyas incluso. ¿Qué representaba Rovira para usted?

-Uff... para mí era como un padre. Yo me llevé viviendo seis años en las taquillas del antiguo estadio. Me iba a comer a la playa con él, y su comida era un cangrejo y una botella de agua con hielo. Lo que pasa que hoy día hablas de gente como Alfonso El Fiebre, Rovira, Pepe El Peluca, Eduardo... y muchos no los conocen.

-¿Y alguna anécdota especial?

-Hay una muy buena. En una fase de ascenso pone el míster a Raúl López de suplente. Entonces el vestuario estaba en el córner porque esta Tribuna no estaba terminada. Yo soy el que cierra el vestuario siempre, el último que sale. Total, que echo la llave, nos vamos para el banquillo, y cuando llevamos un cuarto de hora de partido, me dice el doctor: oye, Juan, ¿Raúl López no estaba convocado? Lo había dejado encerrado en el vestuario. No veas cuando llegué cómo estaba el bicho. Metiéndole patás a la puerta, que por poco echa abajo el Fondo Norte.

-Jajajaja... Pobre Raúl. ¿Y manías? ¿Es cierto que los futbolistas son tan maniáticos?

-Mucho. Yo también.

-A ver, desembuche.

-Yo, por ejemplo, los días de partido me pongo los calcetines al revés. Y la camiseta con mis hijos. Los futbolistas se meten estampas de santos en las espinilleras, Velázquez rezaba delante del cuadro del Nazareno.

-¿Y presumidos?

-Ufff. Había uno cuando yo empecé a venir para ayudar a Rovira que tardaba horas en salir al campo peinándose. Al viejo lo ponía malo. Todo el mundo animándose y el tío con el peine dale que te pego.

-Hoy en día es más normal eso.

-Sí. Recuerdo que en el Bernabéu, el último año en Primera, en el túnel de vestuarios estábamos hablando Bezares, Sergio Ramos y yo, y pasó Beckham por mi lado y olía como una perfumería. No huele bien el inglés, le dije a Sergio. Y me contó que se duchaba otra vez después de calentar y que se peinaba, se cambiaba las medias, las botas, todo.

-Un tío escamondao.

-Anda hombre. Vamos para fuera, vamos a ganar y déjate de colonias.

-Una pregunta comprometida. En el mundo del fútbol sigue existiendo ese tabú a tratar el tema de la homosexualidad. ¿Cómo se vive eso dentro de un vestuario?

-Pues la verdad es que no se comenta.

-Porque alguno habrá pasado por aquí, digo yo ¿no?

-Hombre, pues supongo. Han pasado cientos de futbolistas, pero no es una cosa de la que se hable. Tampoco pasaría nada ¿no? Cada vez son más los deportistas que hacen pública su condición sexual y nadie se rasga las vestiduras.

-Hábleme un poco de su familia. ¿Cuántos hijos tiene?

-Yo estoy casado y tengo cinco hijos.

-¿Qué dice Juan? ¿No le gusta la tele?

-Se me estropeó el tubo de imagen. Jajajajaja... No, me explico. Tengo a mi Juanito, de una relación anterior, y luego me casé con Carmen, que también tenía tres hijos de otra relación, y tuvimos otro. Sus niños eran muy pequeñitos y yo los considero como mis hijos igualmente.

-¿Y se imagina haciendo otra cosa que no sea esto?

-No, qué va. Esto ya es parte de mí. No me imagino. Con decir que los martes libro y me vengo aquí al estadio. Soy así, me he hecho a esto y ya mi vida está así organizada. Vengo, hago dos o tres cositas y luego me tomo dos tapas de chicharrones y una cerveza con Antonio Navarrete en la Escalerilla y más feliz que una perdiz. Ese es mi día libre.

-Antiguamente, cuando se daban primas por ganar, ¿los utilleros también rascaban algo?

-Sí, sí, somos uno más del equipo. Lo que pasa es que primas no hay ya desde... yo qué sé. Con la crisis en el fútbol ya se acabó esa costumbre. Antes daban dietas hasta por montarte en el autobús.

-Hemos hablado de jugadores y de entrenadores, pero de los presidentes, ¿con cuál ha tenido más feeling?

-Yo me llevo bien con todo el mundo. Consejeros, presidentes, yo no soy conflictivo. Jamás me he peleado con nadie de aquí, oye, que puede pasar eh, que somos una familia y las familias tienen sus cositas, pero a mí lo que más me gusta de todo esto es cuando llegan las vacaciones y cualquier futbolista que está de visita en Cádiz viene a buscarme a tomarse una cerveza. Eso es una satisfacción para mí.

-Hablando de peleas, el encontronazo de Álvaro con Abdullah ¿se solucionó sin problemas?

-Nada, nada... en cuanto entraron por el vestuario se dieron un abrazo y en paz. También estaban en un estado de nervios complicado. Hay que entender esas cosas.

-Y usted, con lo nervioso que se pone en los banquillos, ¿nunca ha tenido un problema con un árbitro?

-La única tarjeta que me han sacado fue en Tenerife, estando en Segunda, tras volver de Segunda B, en un partido de Copa. Debutó Navas, que es el padrino de mi hija, y que hizo un partidazo. Fuimos a la prórroga, y a Obiorah le dio un tirón, yo me metí en el campo para darle agua a Sesma jugándose el partido. No me di ni cuenta. El árbitro paró el encuentro y me echó. Luego le pedí disculpas.

-¿Lo pasa muy mal en los banquillos?

-Fatal. En el último ascenso, cuando metió el gol Güiza le di un cabezazo a Raúl López de los mismos nervios en el túnel de vestuarios.

-¿Otra vez a Raúl López, le tiene manía o qué?

-Jajaja... no, qué va. Fue flojito. Pues después me metí en la caseta y no salí hasta que no faltaban dos minutos para el final. Qué de vueltas le di a ese vestuario. Le hice un socavón.

-Cervera fue clave en el ascenso, ¿no cree?

-Pues sí. En Santander, donde también quemé romero, porque yo llevo romero y lo quemo antes de cada partido, como hago aquí...

-Se creerá la gente que siendo de Cádiz está quemando otra cosa.

-Jajaja... seguro. En el vestuario del Levante no veas la que lié con el humo del romero. Pero bueno, a lo que iba, que en Santander yo estaba muy nervioso, nunca entro en una charla técnica, pero esa vez lo hice, y habló de tal manera que salí con una tranquilidad al campo espectacular. Me transmitió mucha confianza.

-Veo en el vestuario palabras como pundonor, lucha, entrega... Esas son las señas de identidad del Cádiz.

-Es que sin humildad no somos nada. Primero ser humildes, y luego dejarse el pecho ahí fuera.

-Cuando sale por ahí, ¿nota que el Cádiz es bien recibido por norma general?

-Sí, sí. Yo me voy por la mañana a montar el vestuario con el doctor y con Navarrete, y luego nos damos una vuelta por la ciudad. Y la gente nos trata con cariño. Aunque haya algún tonto que te saca el dedo desde algún coche.

-Será por saludar la criatura.

-Sí, de una manera diferente. Pero bueno, que ni en Chapín cuando ascendimos a Primera tuvimos problemas. Salimos del estadio y la gente nos aplaudía desde los balcones.

-Si no hubiera sido utillero del Cádiz, ¿de qué otro equipo le hubiera gustado ser?

-Del Cádiz B. O del Balón Aficionado. Es que ni me lo planteo.

-¿Cuántas camisetas tiene regalada por jugadores?

-Pues más de 200. Ten en cuenta que cuando aquí estaba Lorenzo Buenaventura pasaban muchos jugadores de primer nivel a tratarse, gente como Pablo Aimar, Milito, Arteta, Petrov, Maxi Rodríguez, Paunovic, Iván de la Peña... Y muchas veces me regalaban camisetas. Recuerdo que Aimar, cuando entró en el antiguo vestuario del Carranza, nos regaló una camilla para dar masajes. Lorenzo es un fuera de serie.

-Mire que si le llama el Manchester City de Guardiola.

-Deja, deja, con lo bien que estoy yo aquí, que estamos entrenando todavía en mangas cortas.

EL PERFIL | Un hombre tranquilo

Juanito Marchante no tiene muchas más pasiones en la vida que su familia y el Cádiz. Gaditano de nacimiento, pero bautizado en Medina, lleva más de la mitad de sus 49 años de vida trabajando en el Carranza. Allí hasta se casó con Carmen. Lo hizo en los juzgados, pero luego bajó al césped a hacerse las fotos arropados por sus compañeros. Amante del Carnaval y devoto del Nazareno, acude al estadio hasta en sus días libres. Tiene cinco hijos (dos suyos y tres que ya tenía su actual mujer) y un optimismo a prueba de bombas.

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