Historias de Cádiz Jamones para el Califa Muley el Abbas

  • l Fiesta en el Casino Gaditano al hermano del sultán de Marruecos para festejar el tratado de Wad Ras de 1861  l Anécdotas protagonizadas por el gobernador civil, Méndez Vigo

La aplastante victoria española en la batalla de Wad Ras, en 1860, obligó al sultán de Marruecos a pedir la paz.  Tras la firma del posterior tratado, España consiguió innumerables ventajas en la zona próxima a Ceuta y Melilla y el hermano del sultán de Marruecos, el Califa Muley el Abbas, acudió a Madrid a presentar sus respetos a la Reina Isabel II.  

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La_Paz_de_Wad-Ras / Ayto de Sevilla

El representante de Marruecos ofreció a la Reina infinidad de valiosos objetos, caballos árabes y piezas de oro y plata. Pero la Corte de Madrid estaba de luto y el rígido protocolo impidió que Isabel II pudiera ofrecer  un baile al hermano del sultán, como estaba previsto y acordado.  Para suplir dicha falta, el Gobierno ordenó a las autoridades de Cádiz que ofrecieran un baile al hermano del Sultán cuando  éste llegara a nuestra ciudad para embarcar de regreso a Tánger. La directiva del Casino Gaditano, entonces una joven y pujante sociedad,  ofreció sus elegantes instalaciones para obsequiar al Califa.

 El 27 de noviembre llegaba Muley el Abbas  a Cádiz rodeado de una espectacular corte. Desde la estación  de ferrocarril y hasta el Hotel de Cádiz, situado en la plaza de San Antonio, el hermano del sultán marchó en una carretela cedida por José Terry y Villa. Los periódicos de la época señalan que cientos de curiosos se agolpaban al paso del cortejo admirando los ricas y estrafalarias vestimentas de los visitantes.

El Gobierno de España ordenó al gobernador civil de la provincia, Méndez Vigo, que el califa no dejara de comprobar dos cosas. La primera, que acudiera al  castillo de San Sebastián y viera el calibre de los nuevos cañones del ejército español. La segunda, que durante el baile observara el trato que los españoles daban a las mujeres, tan diferente a lo que ocurría en su país de origen.

La visita al castillo se llevó a cabo en la mañana del 28 de noviembre y el propio Muley el Abbas  pudo ver de cerca los potentes cañones españoles. 

El baile tuvo lugar en la noche del 29 de noviembre. El Casino aún no tenía el actual patio árabe y conservaba original. Todo el edificio estaba decorado espléndidamente y se colocaron grandes carteles con las siguientes inscripciones,  “loor al caudillo de las huestes agarenas” ,  “la paz une a los que enemistó la guerra” y “a S.A.I. Muley el Abbas, el Casino Gaditano”.

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El Califa fue recibido a las puertas del Casino por la directiva, formada por el presidente Fernando de Lora y los vocales, Cerveró, Baldasano, Robión y Helvant. El escritor Flores Arenas describió pormenorizadamente la fiesta para los principales periódicos de la época, señalando que el hermano del Sultán disfrutó enormemente y que no cesaba por un momento  de mirar a las bellísimas y escotadas señoras que acudieron a la fiesta. 

En sus Recuerdos Gaditanos, José María León y Domínguez, también hace referencia a este baile y relata una simpática anécdota protagonizada por el entonces gobernador civil, Méndez Vigo. Este gobernador pensaba, como tantos otros españoles, que a los moros les encanta el jamón y el vino y que cuando nadie los observa los toman con enorme placer. Durante la fiesta, Méndez Vigo ofrecía continuamente a Muley el Abbas emparedados y pastelitos a la voz de ‘no jalufo’. Y el califa los probaba con gusto sin saber que estaban elaborados con carne de cerdo y sin entender de qué se reía tanto el gobernador. No contento con ello, la autoridad civil se llevó al califa detrás de una cortina para ofrecerle una copa de vino generoso. El jefe de las tropas agarenas comprendió entonces las risas y aspavientos del gobernador, pero, diplomáticamente,  rechazó la copa y comenzó a reir.

La fiesta en honor del Califa resultó un éxito completo y el Gobierno envió una felicitación oficial. Al año siguiente, la Reina Isabel II visitó  nuestra ciudad. En agradecimiento al Casino Gaditano por la fiesta ofrecida al califa, quiso personalmente acudir a la sociedad de la plaza de San Antonio y de ello hay buena constancia en una artística lápida en un salón principal.

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