Decorar con maestría
De andar por casa | Cádiz
La pasión por el bricolaje, el coleccionismo y la imaginería de su propietario, ha sido la base de la ornamentación de los espacios de la casa
La casa que hoy se muestra refleja en cada espacio la pasión de su propietario, Francisco Molina, por el coleccionismo, el arte y el bricolaje. Se ubica en la planta principal de la casa familiar. Tiene una superficie de 180 metros cuadrados, que se halla repartidos en un salón comedor, dos dormitorios, un baño, la cocina, el despacho y un taller.
La entrada de la vivienda la forma una galería acristalada donde un antiguo confesionario convertido en paragüero con una colección de bastones antiguos da la bienvenida. Entre el mobiliario que lo decora se encuentra una consola de caoba isabelina, que sostiene un antiguo reloj francés, junto a una pareja de sillas, también isabelinas de caoba. En la galería se ubican, además, dos vitrinas realizadas por el propietario que albergan una colección de relojes antiguos de bolsillo y una colección de binóculos.
Una antigua despensa del pasillo se ha transformado en otra vitrina, la cual custodia colecciones de misales, medallas conmemorativas, cruces, monedas, mecheros de gasolina, entre otros objetos.
El salón-comedor es la estancia principal de la casa y a la que le vamos a dedicar gran parte del reportaje por su contenido, tanto en su mobiliario como en los objetos que lo ornamenta. Lo preside una mesa isabelina de caoba de 12 comensales, acompañada de una sillería alfonsina de nogal de finales del siglo XIX. Sobre la mesa se apoya una pareja de guardabrisas de latón plateado y cristal adquirido en un mercadillo junto a con una imagen de un pequeño Niño Jesús. También en la mesa se ha colocado una pareja de atriles de finales del siglo XIX.
Uno de los laterales de la habitación lo ocupa un tresillo a juego con las sillas del comedor de estilo alfonsino. En sus laterales se utilizan como mesas auxiliares dos mesas de noche de principio del siglo XX en la cuales se apoya una importante pareja de candelabros de nueve brazos, electrificados, de cristal. También en dicha estancia se ubica una pareja de hornacinas; una con un cristo crucificado del siglo XVIII en su interior y otra pequeña con una piedad de terracota del siglo XIX.
Otro de los muebles que decora la estancia es una cómoda isabelina de caoba que sostiene un Niño Jesús sentado y, a sus laterales, dos fanales: uno con una imagen del siglo XIX de San Francisco de Paula y otro con un relicario. También en la parte superior de la cómoda se ubica una pareja de palmatorias de alpaca. Encima de todo este conjunto descrito cuelga de la pared una cornucopia dorada de mediados del siglo XIX.
En una de sus esquinas se conserva un antiguo sillón para hacer bolillo junto con el mundillo y con una mantilla en pleno proceso.
De una de las paredes del salón cuelga un conjunto de 64 litografías a color colocadas cronológicamente que representa el cortejo de Alfonso XII durante su boda. Entre los cuadros que ornamentan las paredes destaca una pintura de estilo murillesco de San Antonio, del siglo XVIII , junto con una pintura que representa a San Marcos, del mismo periodo. También cuelga en otra pared un reloj de los años veinte del siglo pasado de la joyería Cortés que da sonido a todo el espacio. Y en la parte central, colgando del techo, se ubica una gran lámpara de doce brazos de cristal de roca que ilumina toda la habitación.
El dormitorio principal ha sido realizado por un carpintero sanluqueño en madera de caoba con columnas salomónicas. A los muebles les acompaña una mecedora isabelina de caoba y rejilla. En la parte superior del cabecero, decoran la pared unas litografía que representan las 14 estaciones del Vía Crucis. En otro de sus laterales cuelga una colección de relicarios antiguos.
Aparte de las estancias descritas, existe otra dedicada a taller donde su propietario pasa muchas horas empleado en uno de sus hobbies, el bricolaje.
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