Cádiz

Chambao regresa para quedarse

  • La Mari y su grupo conquistaron una vez más a un público gaditano que se le entregó desde la primera canción en una velada inolvidable que cerró una nueva edición de los conciertos en la playa Victoria

Tras un vibrante fin de semana de música, el ciclo de conciertos en la playa se cerró ayer con una puesta en escena a priori más sosegada, impregnada del ritmo flamenco chill de La Mari y su tropa. Chambao. Pasadas las diez y media se apagó la luz del escenario y el grito de un público entregado puso la primera banda sonora de la noche, abarrotando la arena y el paseo marítimo hasta los límites del cementerio. Un total de 80.000 personas se congregaron anoche en la Victoria, según informaba el Ayuntamiento gaditano.

Diez minutos más tarde –con cuarenta y cinco minutos de retraso respecto al horario marcado– el primer foco centró la atención en el guitarrista de la banda, que recibió un nuevo aplauso cálido, justo antes de la aparición de la protagonista de la noche. La Mari, que repite actuación en Cádiz por segundo año consecutivo, ha franqueado los centenarios muros del Castillo de San Sebastián para recalar esta vez a las orillas de la playa.

Agradecida, como siempre, se enfrentó a una corte de seguidores que la recibió con gran admiración, pero con menos efusividad que la de sus antecesores en la dos jornadas anteriores. Tan sólo fue cuestión de tiempo. Sentada en el centro del escenario, flanqueada por dos guitarristas y la banda a su derecha, la voz aflamencada de La Mari se apagó en medio de la tercera canción para disfrutar de las palmas de los asistentes, mientras una sonrisa se dibujaba en su rostro.

La interpretación de sus versiones más animadas iban calentando el ambiente. Cuando sonaron los acordes de Duende del sur, ya tenía a los gaditanos en el bolsillo. Prueba de ello fueron los miles de brazos que se alzaron al cielo, acompañando el ritmo de cada uno de sus temas. Unos temas que estos fieles seguidores conocían con precisión, como la propia Mari pudo comprobar cuando, emocionada, se acercó hasta ellos, para que ellos fueran su voz por unos instantes. Y La Mari guardó silencio para escuchar el resultado de su trabajo.

Y entonces habló ella. Habló para dar fe de la devoción que siente por esta tierra. “¡Ese Cádiz!” y “¡La que se va a liar!” fueron sus primeras frases. Y acto seguido presentó a su hermana Toñi, que subió al escenario para acompañarla en tan mágica noche. De nuevo, la participación del público no se hizo esperar. “Esa Toñi, oé”, jaleaban miles de voces, al estilo gaditano. Y Toñi cantó y bailó, demostrando así que en este caso el arte es cosa de familia.

Despierta mostró a una cantante que caminaba de una punta a otra del escenario, dándolo todo y creciéndose ante la respuesta de los presentes. “Que bote la Mari” ya estaba tardando en aparecer. Petición que tuvo por parte de la aludida una simpática respuesta: “Como bote me voy a caer”. Además de su correspondiente salto.

Momentos de complicidad con el respetable. No tuvo más remedio que reconocer que su actuación del pasado año frente a La Caleta le hizo llorar. “Aquí vamos todos sobrados de compás, me han ‘disho”, con el sonido de una ch remarcada que hizo crecer el ego de los presentes, quienes demostraron la certeza de sus palabras al son de Tirititran tan tran. Y de nuevo frases de admiración sobre el escenario. “¡Ay!, cuánto hay que aprender del compás de vosotros”, piropeaba.

La noche seguía en un mágico trance, el juego de luces captaba la atención una vez más de los asistentes mientras La Mari deleitaba a los presentes con un nuevo y coreado tema: “Yo lo que estaba era despierto”, la acompañaban. Y bien despiertos que estaban, aunque pareciera un sueño. Ella, flotando en la noche gaditana, cantaba, bailaba y animaba a su orquesta y a su público contagiada del buen rollo que desprende su banda por todos los poros.

Unos instantes de descanso poco antes de la medianoche sirvieron para que el percusionista los aprovechara en un alarde de su habilidad al mando de la caja y demostrase con creces por qué forma parte de esta gira. Después de un breve receso, volvió La Mari con la misma fuerza de siempre. Aún quedaban muchos temas por ofrecer, mucha música por regalar a un entregado público en una comunión perfecta. No faltó entre ellos, por supuesto, el archiconocido Poquito a poco. Y así se fue yendo la velada. Poquito a poco.

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